La posible visita del papa León XIV a Córdoba comenzó a ocupar un lugar central en la agenda política e institucional de la provincia. Aunque la confirmación oficial recién se conocería durante agosto, cuando el Vaticano termine de definir la gira sudamericana del pontífice, en el Centro Cívico ya analizan el operativo que implicaría recibir al primer Papa estadounidense-peruano de la historia y las consecuencias políticas que un acontecimiento de semejante magnitud podría generar.

La expectativa es elevada. En el oficialismo provincial consideran que, de concretarse, la llegada del Sumo Pontífice sería el acontecimiento institucional más trascendente que haya recibido Córdoba en décadas, con una proyección internacional inédita y una oportunidad para mostrar la capacidad organizativa de la provincia ante el mundo.
Agosto será el mes clave
La definición llegará durante agosto, cuando el Vaticano determine si Argentina integrará la gira regional que León XIV proyecta realizar por Sudamérica, con escalas previstas en Perú y Uruguay. En caso de confirmarse la visita al país, Buenos Aires-Luján y Córdoba aparecen como los dos destinos más firmes.
Para el Gobierno de Martín Llaryora, la elección de Córdoba tendría un fuerte valor simbólico y político. En la Provincia entienden que la posibilidad de albergar una visita papal responde, entre otros factores, a la infraestructura disponible, la capacidad hotelera, la conectividad aérea y, especialmente, las condiciones de seguridad que puede ofrecer el Estado provincial.
Se trata de aspectos que tanto la Santa Sede como la Cancillería argentina consideran determinantes para aprobar cualquier desplazamiento del Pontífice.
Una estadía breve pero de enorme complejidad
Los primeros borradores de la organización indican que León XIV permanecería pocas horas en la capital cordobesa.
El programa tentativo contempla una agenda concentrada completamente dentro de la ciudad, sin traslados al interior provincial y, en principio, sin pernoctar en Córdoba, a diferencia de la histórica visita que realizó Juan Pablo II en abril de 1987.
Entre las actividades que se analizan figuran:
- una multitudinaria misa para unas 800.000 personas —o incluso más— en el predio de Fadea, dentro del Área Material Córdoba sobre la Ruta 20;
- un encuentro con autoridades eclesiásticas en el Centro de Convenciones Brigadier General Juan Bautista Bustos;
- reuniones protocolares con representantes del Gobierno nacional, provincial y municipal.
La elección del predio de Fadea no sería casual. Allí mismo Juan Pablo II celebró una histórica misa durante su visita a Córdoba, convirtiendo ese espacio en uno de los lugares con mayor carga simbólica para la Iglesia Católica en la provincia.
Un operativo de seguridad sin precedentes
La eventual llegada del Papa obligaría a desplegar uno de los dispositivos de seguridad más grandes de la historia provincial.
La organización requeriría una coordinación permanente entre:
- Policía de Córdoba;
- Fuerzas Federales;
- organismos nacionales;
- equipos de seguridad del Vaticano;
- servicios de inteligencia y protección internacional;
- áreas sanitarias y de emergencia;
- Defensa Civil;
- sistemas tecnológicos de vigilancia y control.
La Provincia ya anticipa que pondrá a disposición todos sus recursos humanos, logísticos y tecnológicos para garantizar el desarrollo del evento.
Se trataría de un operativo de máxima seguridad que demandaría una importante inversión económica y una planificación que comenzaría varios meses antes de la llegada del Pontífice.
Además del desafío operativo, el acontecimiento representaría una vidriera internacional para Córdoba, con cobertura de medios de todo el mundo y millones de espectadores siguiendo la actividad papal.
Quinteros, ante una prueba política decisiva
En ese contexto, el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, aparece como uno de los principales protagonistas políticos.
Su cartera tendría la responsabilidad de coordinar buena parte del operativo provincial y garantizar que la visita transcurra sin incidentes.
La relevancia institucional del evento coincide, además, con un momento particular de la carrera política del funcionario.
Quinteros es mencionado desde hace meses entre los posibles candidatos del oficialismo para disputar la Intendencia de Córdoba cuando finalice el mandato de Daniel Passerini.
Aunque todavía no existe un cronograma electoral definido para la capital, la elección municipal se realizará después de los comicios provinciales en los que Martín Llaryora buscará la reelección.
En ese escenario, una organización exitosa de la visita papal podría fortalecer el perfil del ministro, mientras que cualquier inconveniente tendría inevitablemente consecuencias políticas.
La carrera por la sucesión municipal
Quinteros no es el único nombre que analiza el oficialismo para la ciudad de Córdoba.
Las mediciones internas también incluyen a dirigentes como Miguel Siciliano, Héctor «Pichi» Campana, Marcelo Rodio, Juan Domingo Viola y la vicegobernadora Myrian Prunotto, entre otros referentes con aspiraciones dentro de Hacemos Unidos por Córdoba.
En los despachos oficiales circulan desde hace tiempo encuestas destinadas a medir niveles de conocimiento, imagen e intención de voto de cada uno de ellos.
Mientras algunos sectores sostienen que la decisión final dependerá exclusivamente de Martín Llaryora, otros imaginan la posibilidad de una competencia interna dentro de la coalición oficialista que permita ordenar las candidaturas mediante el respaldo electoral.
No obstante, hasta el momento el gobernador mantiene como prioridad la reorganización de su gabinete provincial, proceso que, según trascendió, no incluiría modificaciones en el Ministerio de Seguridad.
Un evento con impacto más allá de lo religioso
Más allá de su dimensión espiritual, la eventual visita de León XIV tendría un fuerte impacto institucional, económico y político.
La movilización de cientos de miles de personas generaría una intensa actividad para el turismo, la hotelería, el comercio y los servicios, además de posicionar nuevamente a Córdoba como escenario de un acontecimiento de alcance mundial.
Al mismo tiempo, el éxito o fracaso de la organización podría convertirse en un elemento de evaluación para la gestión provincial en un año donde comenzará a delinearse el escenario electoral de 2027.
Por eso, en el Gobierno cordobés siguen con atención cada paso del Vaticano. La decisión final llegará en agosto. Si Córdoba es finalmente elegida como una de las escalas argentinas de León XIV, la provincia no solo afrontará uno de los mayores desafíos logísticos de su historia reciente, sino también un acontecimiento con capacidad para influir en el clima político y en la construcción de futuras candidaturas.
