El gobernador comenzará a multiplicar las apariciones públicas junto a Juan Schiaretti para reforzar la continuidad del cordobesismo y mostrar gestión. En paralelo, una reunión reservada de casi dos horas con Luis Juez en Buenos Aires abrió interrogantes sobre la relación con quien sigue siendo uno de los principales polos de la oposición provincial.

La carrera hacia 2027 empieza a acelerar y Martín Llaryora comenzó a mover piezas para reducir incertidumbres alrededor de su proyecto de reelección. Mientras abril aparece cada vez con mayor frecuencia en las conversaciones del oficialismo como un mes decisivo para el calendario electoral, el gobernador busca ordenar primero su propio espacio y, al mismo tiempo, medir cómo quedará configurado el escenario opositor.
Los movimientos se producen en dos direcciones diferentes. Por un lado, Llaryora reforzará públicamente su sociedad política con Juan Schiaretti, con quien compartirá distintas actividades durante las próximas semanas. Por el otro, abrió un canal mucho menos previsible con Luis Juez, con quien mantuvo una extensa conversación reservada en la Ciudad de Buenos Aires.
Dos movimientos diferentes, pero atravesados por una misma lógica: empezar a acomodar el tablero antes de que la campaña provincial entre definitivamente en escena.
Llaryora y Schiaretti: mostrar que el proyecto sigue siendo uno
Después de la reunión a solas que mantuvieron semanas atrás en el Centro Cívico, Llaryora y Schiaretti comenzarán a mostrarse juntos con mayor frecuencia.
La primera postal reciente fue en el homenaje a José Manuel de la Sota realizado en el hotel Savoy de Buenos Aires, donde ambos coincidieron junto a Alejandra Vigo y dirigentes de diferentes sectores del peronismo.
Ahora la intención es llevar esa imagen de unidad directamente a Córdoba.
Este viernes, gobernador y exgobernador compartirán la inauguración del nuevo espacio verde ubicado entre el Centro Cívico y la Legislatura provincial, una actividad cargada de simbolismo político. Schiaretti fue uno de los principales impulsores de la transformación de esa zona durante sus gobiernos y su presencia permitirá vincular pasado y presente bajo un mismo concepto: continuidad de gestión.
La estrategia busca dejar un mensaje hacia adentro y hacia afuera del oficialismo: más allá de matices, nombres o discusiones nacionales, el cordobesismo pretende llegar unido a la próxima elección provincial.
Y las apariciones conjuntas no terminarían allí.
Schiaretti también estaría invitado a actividades vinculadas con la agenda de la visita del papa León XIV, prevista para noviembre, y a futuros anuncios relacionados con el Rally. Incluso dentro del oficialismo ya circula la posibilidad de una nueva fotografía política de peso para el 17 de octubre, Día de la Lealtad Peronista.
Unidad cordobesista y límites hacia el PJ nacional
La decisión de reforzar la sociedad Llaryora-Schiaretti también tiene una lectura nacional.
La participación de ambos en el homenaje a De la Sota mostró que existen canales abiertos con sectores del peronismo nacional. En aquella actividad estuvieron, entre otros dirigentes, Sergio Massa y referentes vinculados al gobernador bonaerense Axel Kicillof.
Pero una cosa es conversar y otra, muy diferente, modificar la identidad política construida durante años en Córdoba.
En ese esquema, Schiaretti continúa funcionando como uno de los principales garantes del perfil antikirchnerista del cordobesismo, una identidad que el oficialismo provincial no parece dispuesto a abandonar mientras comienza a diseñar su estrategia electoral.
La unidad interna también podría tener consecuencias en el armado nacional de 2027. En sectores del oficialismo comenzó nuevamente a mencionarse a Schiaretti como eventual candidato al Senado, una posibilidad que, en caso de prosperar, obligaría a discutir lugares que durante mucho tiempo parecían reservados para Alejandra Vigo.
Por ahora son especulaciones. Pero muestran que el exgobernador vuelve a ocupar un lugar central en la planificación política del espacio.
La reunión que sorprendió: Llaryora y Juez, cara a cara en Buenos Aires
El segundo movimiento de Llaryora fue mucho menos previsible.
Según trascendió, el gobernador mantuvo una conversación de alrededor de dos horas con Luis Juez en la Ciudad de Buenos Aires. El propio senador habría relatado el encuentro durante una actividad con estudiantes de la Fundación Universitaria del Río de la Plata.
Ni desde el Frente Cívico ni desde el Centro Cívico negaron la existencia de la reunión. Lo que cambia es la interpretación sobre su significado.
Desde el entorno de Llaryora buscan quitarle dramatismo político y presentan el encuentro como parte de la vocación de diálogo institucional del gobernador con representantes de Córdoba en el Congreso.
La explicación oficial apunta a que ese tipo de conversaciones no serían excepcionales. Desde el Panal recuerdan contactos con otros senadores por diferentes temas provinciales y destacan que Llaryora y Juez mantienen una relación personal de larga data.
Sin embargo, un detalle alimentó las especulaciones: la reunión se realizó en Buenos Aires y no en el Centro Cívico, lejos de la exposición política que hubiese provocado una fotografía pública entre ambos en Córdoba.
¿Diálogo democrático, gobernabilidad o reconocimiento político?
Desde el juecismo realizan una lectura diferente.
Para dirigentes del Frente Cívico, la conversación demuestra que Juez continúa ocupando un lugar central dentro del sistema político provincial, aun cuando el mapa opositor tiene otros aspirantes a la gobernación como Gabriel Bornoroni y Rodrigo de Loredo.
La interpretación es que Llaryora puede ampliar alianzas, incorporar dirigentes y construir acuerdos con intendentes opositores, pero difícilmente pueda diseñar el escenario político cordobés ignorando completamente a Juez.
En ese punto aparece el interrogante principal: ¿de qué hablaron durante dos horas?
Oficialmente no trascendieron detalles. Por eso cualquier interpretación sobre eventuales acuerdos debe mantenerse en el terreno de las especulaciones.
Pero dentro del juecismo consideran que pudieron haberse discutido cuestiones relacionadas con las reglas políticas de los próximos meses, la gobernabilidad y el funcionamiento institucional.
También pesa otro elemento: el Frente Cívico conserva influencia sobre el Tribunal de Cuentas provincial, un organismo que durante la gestión de Llaryora se convirtió en escenario de fuertes disputas entre oficialismo y oposición.
Por eso, más allá de cualquier acuerdo electoral —que hoy aparece lejano—, mantener abiertos ciertos canales podría resultar conveniente para ambas partes.
El tablero opositor también empieza a moverse
La reunión adquiere mayor relevancia porque se produce mientras la oposición todavía busca definir cómo llegará a 2027.
Gabriel Bornoroni quiere instalar a La Libertad Avanza como protagonista de la elección provincial, Rodrigo de Loredo mantiene sus aspiraciones de competir por la gobernación y Juez continúa siendo una figura de peso dentro del electorado opositor.
La reciente experiencia de Marcos Juárez volvió a poner sobre la mesa el costo que puede tener para la oposición competir fragmentada.
En ese escenario, cualquier conversación entre Llaryora y Juez genera inevitablemente interpretaciones.
Por ahora, desde ambos sectores mantienen abiertas las puertas para nuevos contactos. No significa necesariamente un entendimiento político. Mucho menos un acuerdo electoral.
Pero sí deja una señal: mientras Llaryora fortalece hacia adentro la sociedad con Schiaretti, también comienza a reconocer y medir a los actores que tendrá enfrente.
La estrategia 2027 empieza a tomar forma.
Hacia adentro, la consigna parece ser unidad, gestión y continuidad. Hacia afuera, diálogo, medición de fuerzas y canales abiertos.
Y en ese tablero, Schiaretti aparece como el socio indispensable para retener el poder, mientras Juez continúa siendo un adversario al que el cordobesismo, pese a las diferencias, difícilmente pueda ignorar.
