Llaryora elogió a Santilli tras el giro en Diputados

Horas después de que las abstenciones del cordobesismo ayudaran al oficialismo nacional a devolver proyectos al Senado y a comisión, el gobernador destacó la capacidad de diálogo del jefe de Gabinete. Detrás del gesto asoma una estrategia de acercamiento entre ambas administraciones, sin abandonar los reclamos por los fondos provinciales ni las diferencias sobre el rumbo económico.

El gobernador Martín Llaryora volvió a enviar señales de acercamiento al Gobierno nacional. Horas después de que los diputados del cordobesismo se abstuvieran en votaciones clave en el Congreso, el mandatario elogió al jefe de Gabinete, Diego Santilli, y destacó su predisposición para dialogar y defender a las pequeñas y medianas empresas.

La frase no pasó inadvertida. En medio de las repercusiones por la postura adoptada por los legisladores cordobeses durante la última sesión de la Cámara de Diputados, Llaryora aprovechó el Coloquio de la Unión Industrial de Córdoba (UIC) para reconocer públicamente a uno de los principales funcionarios del presidente Javier Milei.

«Quiero reconocer al jefe de Gabinete, Santilli y agradecerle a él porque tiene una vocación de diálogo. Uno puede estar de acuerdo o no, pero quiero reconocer su vocación para defender a los sectores pymes e industriales», afirmó el gobernador, antes de la exposición del funcionario nacional ante los empresarios cordobeses.

Y agregó una frase que dejó entrever las dificultades que persisten en la relación entre Córdoba y la Casa Rosada: «A veces en el Gobierno, cuando a uno le toca hablar, algunos reconocen y otros no; yo quiero reconocer a los que tienen una vocación constante para defender nuestra industria».

El mensaje combinó elogios, reclamos y una definición política. Llaryora buscó destacar los canales de diálogo abiertos con Santilli, pero también diferenciar esa interlocución de la relación más amplia con la administración libertaria.

Las abstenciones y una señal política

El gesto del gobernador se produjo después de una sesión en Diputados que volvió a poner en discusión el vínculo entre el cordobesismo y el oficialismo nacional.

Las abstenciones de los legisladores que responden a Llaryora contribuyeron a que el Gobierno consiguiera devolver al Senado el proyecto de Ley de Tierras y enviara nuevamente a comisión la iniciativa vinculada con el endeudamiento, evitando una definición adversa en el recinto.

La postura generó repercusiones tanto en el Congreso como en Córdoba. La coincidencia temporal entre esas votaciones y el reconocimiento público del gobernador a Santilli reforzó las interpretaciones sobre un posible acercamiento entre ambas administraciones.

En el cordobesismo sostienen desde hace meses que las estrategias electorales de los dos espacios no necesariamente tienen que impedir acuerdos políticos e institucionales. La síntesis que repiten puertas adentro es clara: «Ellos quieren la reelección de Milei; nosotros la de Llaryora».

La frase expone la lógica con la que el oficialismo provincial busca administrar la relación con la Nación. Mientras Milei proyecta su continuidad en la Casa Rosada, el cordobesismo trabaja para sostener su propio poder en Córdoba. En ese escenario, un entendimiento en determinados temas no implica, necesariamente, una alianza electoral.

La ecuación también tiene sus límites. Referentes libertarios de primera línea aseguran que exploran la posibilidad de competir por la Gobernación en 2027, lo que mantiene abierta una disputa de intereses que podría complicar cualquier entendimiento más profundo.

Fondos, industria y cambio de rumbo

En el entorno de Llaryora rechazan que la conducta de los diputados provinciales haya respondido exclusivamente a una cuestión de recursos económicos. Según sostienen, el objetivo no es negociar cada votación a cambio de fondos, sino impulsar cambios en la orientación económica nacional y promover una política que favorezca la producción.

«No le estamos pidiendo plata todo el tiempo a la Nación. Sí seguimos reclamando que se cumpla con los fondos de la Caja de Jubilaciones y el Consenso Fiscal; pero el pedido, muchas veces, tiene que ver con un cambio de rumbo y una matriz más productiva», explicó una fuente del cordobesismo.

La aclaración no supone que las diferencias financieras estén resueltas. La deuda vinculada con la Caja de Jubilaciones y los compromisos establecidos en el Consenso Fiscal continúan formando parte de los reclamos provinciales. Sin embargo, el oficialismo cordobés intenta ubicar la discusión en un plano más amplio: la necesidad de combinar el orden macroeconómico con políticas de desarrollo, inversión e infraestructura.

Esa fue, precisamente, una de las ideas que Llaryora llevó al encuentro con los industriales. El gobernador reclamó un Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI) adaptado a las pequeñas y medianas empresas, con el argumento de que el esquema de incentivos no debería limitarse a los grandes proyectos.

«Necesitamos que Argentina entienda que la macroeconomía es importante, pero que sin desarrollo y sin planificación logística y sin trabajar en un acuerdo en conjunto, es imposible que salgamos adelante», planteó.

El planteo funciona también como una diferenciación política frente a Milei. Llaryora no cuestiona la importancia de la estabilidad macroeconómica, pero advierte que, sin producción, infraestructura y coordinación entre los sectores público y privado, sus beneficios difícilmente se traduzcan en una recuperación sostenida de la actividad.

El gobernador buscó reforzar ese contraste con otra frase dirigida a los empresarios: «En Córdoba los recibimos con los brazos abiertos en lugar de insultos».

Santilli, entre la industria y la reelección de Milei

En su exposición, Santilli tomó otro camino. El jefe de Gabinete puso el foco en el proyecto de continuidad presidencial de Javier Milei y volvió a defender la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).

«Que no nos cueste 200 millones de dólares una Paso», les dijo a los empresarios cordobeses, en una defensa de la reducción de los costos electorales impulsada por el oficialismo nacional.

Así, el encuentro de la UIC dejó expuestas dos prioridades que conviven, aunque no necesariamente coinciden. Por un lado, Llaryora intenta posicionar al cordobesismo como una fuerza con capacidad de diálogo, pero también con una agenda propia en materia productiva y fiscal. Por el otro, Santilli busca consolidar el respaldo al programa de Milei y a las reformas políticas promovidas por la Casa Rosada.

La coincidencia estuvo en la importancia del diálogo y en la necesidad de sostener vínculos con el sector privado. Las diferencias aparecieron al momento de definir el rumbo económico y las prioridades de cada administración.

Un acercamiento sin garantías electorales

El elogio de Llaryora a Santilli se suma a las señales que el cordobesismo viene enviando a la Nación para mantener abiertos los canales de negociación. Las abstenciones en Diputados y el discurso del gobernador ante los industriales alimentaron esa lectura, aunque no alcanzan por sí solos para confirmar un acuerdo político de mayor alcance.

La estrategia provincial parece orientada a evitar una confrontación permanente con Milei, sin resignar los reclamos por los recursos que corresponden a Córdoba ni abandonar la defensa de un modelo productivo propio.

El desafío será sostener ese equilibrio a medida que se acerque la disputa electoral de 2027. Los eventuales acuerdos parlamentarios pueden resultar funcionales para ambas partes, pero la posibilidad de que el oficialismo nacional compita por la Gobernación introduce un límite evidente.

Por ahora, Llaryora reconoce en Santilli una interlocución válida y procura diferenciarlo de otros sectores del Gobierno nacional. La incógnita es hasta dónde podrá avanzar ese acercamiento en una relación atravesada por intereses compartidos, reclamos pendientes y dos proyectos de reelección que, llegado el momento, podrían enfrentarse en las urnas.

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