La Municipalidad aceleró el operativo para el 10 de noviembre y puso a todas sus áreas a trabajar sobre la visita del Pontífice. Calles, transporte, limpieza, iluminación, seguridad, salud y espacios públicos estarán bajo observación en una jornada que también representa una enorme vidriera política para Daniel Passerini y Martín Llaryora.

La llegada del papa León XIV a Córdoba tendrá una dimensión religiosa histórica, pero para el Gobierno provincial y la Municipalidad de la capital representa también uno de los mayores desafíos de gestión que hayan enfrentado desde el comienzo de sus mandatos.
La fecha marcada en rojo es el 10 de noviembre, cuando el Pontífice llegará a Córdoba para desarrollar una agenda que tendrá como punto central una misa multitudinaria en el predio de FAdeA y continuará con actividades en el Arzobispado y otros puntos del centro de la ciudad. Las estimaciones difundidas hasta ahora hablan de cientos de miles de asistentes y algunas proyecciones ubican la convocatoria entre 500 mil y 750 mil personas.
Para el Palacio 6 de Julio, la consigna ya es clara: Córdoba debe llegar preparada.
La administración de Daniel Passerini comenzó a funcionar en una suerte de “modo papal”, con distintas áreas municipales enfocadas en garantizar que los servicios esenciales respondan durante una jornada en la que la ciudad estará expuesta ante visitantes de todo el país y frente a una audiencia internacional.
El desafío atraviesa prácticamente toda la estructura municipal: tránsito, transporte urbano, limpieza, iluminación, mantenimiento de calles, espacios verdes, accesibilidad, seguridad, salud y ordenamiento del espacio público.
No se trata solamente de organizar un acontecimiento extraordinario. Para la Municipalidad también supone conseguir que durante esas horas funcione correctamente buena parte de aquello que habitualmente concentra los reclamos de los vecinos.
Una ciudad bajo examen
La llegada de León XIV obliga a elevar el nivel operativo.
Los corredores por los que circulará la comitiva deberán estar despejados, el tránsito tendrá que responder a un esquema excepcional y el transporte público enfrentará una demanda difícil de comparar con cualquier jornada habitual.
Passerini ya anticipó un operativo especial para el transporte durante el 10 de noviembre, con gratuidad del servicio y frecuencias reforzadas para facilitar el movimiento de quienes participen de las actividades.
Pero el examen no termina allí.
La limpieza urbana, el estado de las calles, la iluminación, los espacios públicos y la accesibilidad pasarán inevitablemente al primer plano.
En otras palabras: la visita papal obligará a que durante esa jornada funcionen servicios que cotidianamente aparecen entre los principales motivos de queja de los vecinos.
Los baches deberán ser reparados, los corredores ordenados, los espacios públicos acondicionados y los servicios preparados para absorber una concentración humana excepcional.
Desde la Municipalidad, sin embargo, buscan evitar que el operativo quede reducido a una intervención estética sobre el circuito papal. La intención oficial es sostener las obras y tareas de mantenimiento en distintos sectores de la Capital y no solamente en las zonas atravesadas por el recorrido del Pontífice.
Passerini busca ocupar el centro de la escena
Existe además una dimensión política imposible de separar del acontecimiento.
Aunque la visita involucra a la Nación, la Provincia, la Municipalidad, la Iglesia y diferentes organismos de seguridad, León XIV desembarcará concretamente en Córdoba capital.
Esa particularidad es observada con atención desde el Palacio 6 de Julio.
Passerini viene construyendo presencia alrededor de la visita desde hace semanas. El 25 de septiembre participó en París de un foro internacional de la UNESCO presidido por León XIV, donde representó a Córdoba en su carácter de integrante de la Red Mundial de Ciudades del Aprendizaje.
La agenda papal también comenzó a incorporarse al paisaje institucional de la ciudad.
El 18 de septiembre, Passerini compartió con Martín Llaryora y Juan Schiaretti la inauguración del Parque Papa León XIV, un espacio verde de 36 mil metros cuadrados ubicado entre el Centro Cívico y la Legislatura provincial. Durante aquel acto, el propio gobernador destacó públicamente la futura llegada del Pontífice a Córdoba.
No son movimientos aislados.
La visita comienza a convertirse en uno de los principales acontecimientos políticos e institucionales del último tramo de 2026.
La vidriera que también mira hacia 2027
Para Passerini, una ciudad funcionando correctamente durante una convocatoria de semejante magnitud puede transformarse en una importante carta de gestión.
Para Llaryora, el beneficio potencial es diferente pero complementario.
Córdoba tendrá exposición nacional e internacional, una fuerte movilización turística y la posibilidad de exhibir capacidad organizativa frente a un acontecimiento extraordinario.
El Gobierno provincial ya comenzó a intervenir directamente en la logística. Funcionarios provinciales recorrieron recientemente el predio de FAdeA para avanzar en los preparativos vinculados con seguridad, infraestructura y organización de la misa principal.
La coordinación obliga también a distribuir protagonismos.
Provincia administra buena parte del operativo político e institucional, mientras que el municipio concentra responsabilidades decisivas sobre el funcionamiento cotidiano de la ciudad.
Esa convivencia puede generar tensiones dentro de una organización en la que abundan actores interesados en participar de una fotografía que tendrá una exposición pocas veces vista.
Pero tanto en el Centro Cívico como en el Palacio 6 de Julio existe un objetivo común: convertir la visita en una demostración de capacidad de gestión.
Y allí aparece inevitablemente 2027.
Llaryora llegará al próximo turno electoral buscando sostener el poder provincial, mientras el oficialismo necesita conservar competitividad en Córdoba capital, el distrito electoral más grande y políticamente determinante de la provincia.
En ese tablero, Passerini ocupa un lugar central.
Una ciudad ordenada, limpia y funcionando durante la llegada del Papa ofrecería al oficialismo una imagen difícil de conseguir mediante cualquier campaña institucional tradicional.
El desafío empieza antes del 10
El operativo tendrá además una particularidad: el éxito no se medirá solamente por lo que ocurra alrededor del Papa.
También será observado lo que ocurra varias cuadras más allá.
Una acumulación de residuos, un sistema de transporte colapsado, problemas de tránsito o fallas en servicios básicos pueden convertirse rápidamente en la contracara de una jornada preparada para mostrar otra imagen.
Por eso, la visita funciona al mismo tiempo como oportunidad y como presión.
Córdoba tendrá durante algunas horas una exposición excepcional.
Y con ella llegará una paradoja incómoda para cualquier administración: aquello que durante meses puede justificarse por problemas presupuestarios, dificultades operativas o restricciones estructurales deberá funcionar prácticamente sin margen para errores.
El 10 de noviembre, el Papa será el protagonista.
Pero detrás de la ceremonia religiosa también habrá otro examen.
El de una ciudad que deberá demostrar que puede funcionar a pleno justamente cuando todo el país estará mirando.
