El Panal pone a Juez en la mira

Después de más de dos años con Rodrigo de Loredo como principal adversario discursivo, el oficialismo provincial empieza a concentrar parte de su atención sobre Luis Juez. En el Centro Cívico observan la presión que los intendentes radicales ejercerán sobre la UCR para construir un esquema opositor unificado y exploran, al mismo tiempo, las diferencias entre el Frente Cívico y La Libertad Avanza. Gabriel Bornoroni, mientras tanto, permanece relativamente al margen de los ataques del cordobesismo.

El tablero opositor de Córdoba comienza a moverse y, con él, también parece modificarse la estrategia política del Gobierno provincial.

Durante buena parte de los primeros dos años y medio de la administración de Martín Llaryora, el principal destinatario de las críticas del cordobesismo fue Rodrigo de Loredo. Ahora, con la interna radical prácticamente cerrada y el calendario electoral empezando a ganar peso, el oficialismo dirige cada vez más su mirada hacia Luis Juez.

Una de las señales más explícitas apareció en los últimos días.

El ministro de Comunicación y Culto de la Provincia, Daniel Pastore, cruzó públicamente al senador nacional y lo desafió a competir por la Gobernación sin terminar, según planteó, dentro de una negociación electoral con los libertarios.

La intervención no pasó inadvertida.

Más allá del enfrentamiento discursivo, en sectores del oficialismo provincial existe interés en conocer hasta dónde llegará la relación entre Juez, Gabriel Bornoroni y La Libertad Avanza cuando comience la discusión definitiva por las candidaturas de 2027.

De Loredo, el adversario elegido durante dos años

Hasta ahora, el blanco político preferido del Centro Cívico había sido otro.

Desde el comienzo de la gestión de Llaryora, diferentes funcionarios provinciales eligieron recurrentemente a De Loredo como interlocutor de la confrontación con la oposición.

El ministro Miguel Siciliano lo cuestionó en distintas oportunidades por sus posicionamientos frente al Gobierno nacional; Juan Pablo Quinteros también lo enfrentó públicamente, mientras que distintos dirigentes del oficialismo buscaron asociar al radicalismo cordobés con las decisiones adoptadas por la administración libertaria en el Congreso.

La estrategia tuvo además como escenario la prolongada interna de la Unión Cívica Radical, una disputa que atravesó durante meses al principal partido opositor de Córdoba.

Con aquella pelea partidaria prácticamente concluida, el escenario comienza a ser diferente.

El interrogante ya no pasa exclusivamente por quién conduce el radicalismo, sino por qué hará ese radicalismo cuando llegue el momento de construir la oferta electoral opositora.

Y allí aparece una variable que el oficialismo observa especialmente: los intendentes.

La presión territorial sobre De Loredo

Para los dirigentes provinciales, la carrera por la Gobernación es la discusión central.

Para muchos intendentes, en cambio, existe otra prioridad: conservar sus municipios.

Esa diferencia puede resultar decisiva.

A medida que se acerquen las elecciones, los intendentes radicales podrían incrementar la presión sobre la conducción partidaria para evitar una fragmentación opositora que termine perjudicando también las posibilidades locales.

En términos territoriales, la lógica es sencilla: un jefe comunal puede tener posiciones determinadas sobre la estrategia provincial, pero su principal preocupación será conservar el gobierno de su ciudad.

En el Centro Cívico sintetizan esa lógica con una expresión conocida: “cuidar el metro cuadrado”.

Ese escenario podría reducir el margen de maniobra de De Loredo.

El radical viene sosteniendo que las prioridades electorales del Gobierno nacional no necesariamente coinciden con las de la oposición cordobesa. Para La Libertad Avanza, retener la Presidencia será naturalmente una disputa mucho más importante que cualquier elección provincial.

Algo parecido ocurre entre los intendentes radicales y la conducción provincial de la UCR: mientras algunos dirigentes piensan prioritariamente en la Gobernación, numerosos intendentes necesitan garantizar estructuras competitivas en sus propios territorios.

Por eso, conforme avance el calendario, la demanda de unidad opositora podría hacerse cada vez más fuerte.

Juez vuelve al centro del tablero

En ese contexto aparece la segunda parte de la estrategia oficialista.

Si De Loredo empieza a estar condicionado por la presión territorial de su propio partido, el Panal podría intentar explotar otro punto de tensión dentro de la oposición: la histórica aspiración de Luis Juez de llegar a la Gobernación.

El senador nunca ocultó ese objetivo.

La hipótesis que circula en ámbitos políticos es que una mayor exposición de Juez como candidato provincial podría tensionar su relación con Bornoroni y complicar la construcción de una candidatura única alrededor de La Libertad Avanza.

Juez, sin embargo, viene dando señales de comprender perfectamente la correlación de fuerzas.

En una de sus últimas intervenciones públicas utilizó una comparación tan gráfica como habitual en su estilo.

“No soy un gil… yo tengo claro que hoy Bornoroni es el CEO de la Coca, y a mí me tocó Manaos”, sostuvo, en referencia al peso electoral de la marca libertaria.

Pero inmediatamente dejó abierta una puerta:

“Algunas veces, a las tres de la mañana, sabés cómo te salva la Manaos… vamos a ver”.

La frase resume parte del dilema.

Juez mantiene sus aspiraciones, pero al mismo tiempo reconoce que La Libertad Avanza posee una estructura nacional y una identidad electoral que ningún dirigente provincial puede ignorar.

Una candidatura exclusivamente juecista podría permitirle conservar autonomía, aunque también lo obligaría a competir contra el aparato provincial y contra una fuerza libertaria con peso propio.

La reunión entre Juez y Llaryora

Ese movimiento agrega otra pregunta alrededor de una reunión que tuvo lugar entre Juez y Llaryora en Buenos Aires.

El encuentro abrió distintas especulaciones en el sistema político provincial.

No existe evidencia pública que permita asegurar que el gobernador haya buscado incentivar una candidatura separada de Juez, pero el episodio adquirió inevitablemente una lectura electoral por el momento en que ocurrió y por la relación entre los principales protagonistas del escenario cordobés.

Para el oficialismo, cualquier división dentro del espacio opositor puede modificar sustancialmente las condiciones de competencia de 2027.

Para Juez, mientras tanto, el desafío consiste en decidir hasta dónde sostener una construcción propia y hasta dónde avanzar en una alianza con el espacio libertario.

El silencio alrededor de Bornoroni

En medio de ese movimiento aparece un dato llamativo.

Mientras De Loredo y ahora Juez reciben cuestionamientos recurrentes del cordobesismo, Gabriel Bornoroni ha quedado comparativamente menos expuesto a los ataques directos del oficialismo provincial.

El diputado libertario viene recorriendo Córdoba, fortaleciendo la estructura territorial de La Libertad Avanza y sosteniendo públicamente la intención de competir por la Gobernación.

Sin embargo, el Panal parece evitar por ahora convertirlo en su adversario principal.

La explicación puede ser política.

Bornoroni presenta una dificultad diferente para el peronismo cordobés: su figura está directamente asociada a la identidad nacional de La Libertad Avanza y al liderazgo de Javier Milei.

Una confrontación frontal contra el diputado podría terminar desplazando el debate provincial hacia una discusión nacional.

Y allí aparece una de las preguntas centrales para el oficialismo cordobés: ¿le conviene transformar la elección provincial en un plebiscito sobre Milei?

El riesgo de nacionalizar la elección

La experiencia electoral argentina reciente mostró que una confrontación basada exclusivamente en experiencia política, estructura o capacidad discursiva no necesariamente perjudica a candidatos que construyen su identidad desde afuera de la política tradicional.

Bornoroni tiene justamente esa característica.

Su recorrido político es considerablemente más breve que el de dirigentes como Llaryora, Juez o De Loredo.

Eso puede ser utilizado por sus adversarios para cuestionar su experiencia, pero también puede permitirle presentarse como una figura menos asociada a las estructuras políticas tradicionales.

Además, discutir con Bornoroni supone inevitablemente discutir con el Gobierno nacional.

La identidad política del diputado está profundamente ligada al proyecto libertario y su candidatura, de consolidarse, tendría como uno de sus principales activos el respaldo de la marca nacional.

El problema para el cordobesismo es que una estrategia excesivamente confrontativa podría terminar nacionalizando una elección que el oficialismo provincial seguramente preferiría discutir sobre gestión, obras, producción y administración provincial.

Una oposición con tres vértices

El escenario opositor aparece así atravesado por tres dirigentes con objetivos diferentes.

De Loredo busca conservar centralidad dentro de una UCR que acaba de atravesar una interna extensa y que mantiene una fuerte estructura territorial.

Juez conserva una aspiración histórica sobre la Gobernación, pero sabe que cualquier acuerdo opositor deberá contemplar el peso creciente de La Libertad Avanza.

Bornoroni, finalmente, apuesta al respaldo de Milei y a la expansión territorial del espacio libertario.

El Gobierno provincial observa esas diferencias con atención.

Durante los primeros años de gestión decidió enfrentar prioritariamente al radicalismo. Ahora, con la elección provincial cada vez más cerca, parece dispuesto a ampliar el campo de batalla.

La novedad es que Luis Juez volvió a ocupar un lugar central en esa estrategia.

La gran incógnita es si esa presión terminará profundizando las diferencias opositoras o, por el contrario, acelerará una negociación entre radicales, juecistas y libertarios.

Porque detrás de cada cruce público empieza a aparecer la verdadera discusión que ordenará la política cordobesa durante los próximos meses: si la oposición llegará a 2027 unificada o dividida frente al oficialismo provincial.

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