El armado de Kicillof en Córdoba suma nuevos actores

La construcción política del gobernador bonaerense Axel Kicillof con miras a una eventual candidatura presidencial en 2027 comienza a mostrar movimientos internos en Córdoba. La visita que realizó el mandatario bonaerense el mes pasado dejó como saldo algo más que una foto política: abrió una etapa de reacomodamientos donde distintos sectores buscan posicionarse dentro de un armado que todavía no tiene un conductor exclusivo en la provincia.

En ese escenario, el espacio “Es por AK”, referenciado en el exlegislador Omar Ruiz, inició conversaciones con el intendente de Cosquín, Raúl Cardinali, con el objetivo de abrir un canal de trabajo político vinculado al proyecto nacional del gobernador bonaerense.

El movimiento, según explican desde el entorno de Ruiz, no implica una incorporación formal ni un pase partidario. La estrategia apunta a construir una red amplia de dirigentes e interlocutores que compartan la mirada política de Kicillof, pero manteniendo la identidad propia de cada espacio y la autonomía territorial.

La definición marca una diferencia con los esquemas tradicionales de armado político: en lugar de una estructura vertical con un único referente provincial, la apuesta pasa por una construcción más horizontal, sumando dirigentes territoriales, sectores independientes y actores que no necesariamente forman parte de la estructura orgánica del peronismo cordobés.

Cardinali, una pieza clave en el mapa cordobés

El acercamiento con Cardinali tiene una particularidad. El intendente de Cosquín ya posee un vínculo previo con Kicillof, incluso desde antes de asumir al frente del municipio del Valle de Punilla. De hecho, fue el primer jefe comunal cordobés que recibió formalmente al gobernador bonaerense durante su visita a la provincia y quien organizó una actividad política por fuera de la agenda institucional.

Sin embargo, la nueva etapa de diálogo con “Es por AK” ocurre en un contexto de fuerte distanciamiento entre Cardinali y Carlos Caserio, dirigente que hasta ahora aparecía como uno de los principales impulsores del armado kicillofista en Córdoba.

La tensión entre ambos dirigentes se profundizó luego del conflicto por la conducción de la Comunidad Regional Punilla, una disputa que dejó heridas abiertas y que ni siquiera la presencia de Kicillof en la región logró recomponer.

Desde el espacio de Ruiz remarcan que el objetivo no es absorber dirigentes bajo una estructura determinada, sino generar vínculos políticos estables.

“No se trata de que Cardinali se sume a ‘Es por AK’, sino que el diálogo sea fluido y permanente”, explicaron desde el entorno del exlegislador.

La frase encierra una definición política: evitar que la construcción cordobesa de Kicillof quede asociada únicamente a un dirigente o sector específico.

Una estrategia para evitar un armado cerrado

Dentro del espacio liderado por Ruiz aseguran que la hoja de ruta está definida: abandonar los formatos de construcción cerrados y promover acuerdos con todos los sectores que acompañen la proyección presidencial del gobernador bonaerense.

En esa línea se inscribió la reunión que trascendió entre Ruiz y Cardinali en el despacho municipal de Cosquín, además de la invitación para participar de un encuentro departamental realizado el lunes en la comuna de San Roque.

Finalmente, Cardinali no pudo asistir por compromisos previamente asumidos, aunque quedó establecido un canal permanente de intercambio y la posibilidad de compartir futuras actividades políticas.

El gesto político no pasó desapercibido: mientras algunos sectores buscan ordenar la estructura detrás de una conducción provincial, otros comienzan a construir una red más amplia con diferentes actores del territorio.

El difícil equilibrio de un intendente con varios vínculos

Cardinali atraviesa un escenario político complejo. Como intendente necesita sostener una relación institucional con el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, preservar autonomía en su territorio y, al mismo tiempo, profundizar su relación política con Kicillof, cuya figura comenzó a ganar protagonismo dentro del peronismo nacional.

El equilibrio es delicado: acompañar un proyecto nacional sin romper puentes con el oficialismo provincial.

Por eso, el vínculo con “Es por AK” aparece como una herramienta para participar de iniciativas vinculadas al gobernador bonaerense sin quedar necesariamente alineado con una estructura partidaria determinada ni con la conducción de Caserio.

La disputa de fondo, según observan dirigentes del peronismo cordobés, dejó de ser exclusivamente ideológica y pasó a ser territorial. La discusión gira alrededor de quién tendrá capacidad de representar y organizar el espacio kicillofista en Córdoba.

Un peronismo cordobés sin una conducción única para el proyecto bonaerense

La aparición de nuevos espacios alrededor de Kicillof expone que el peronismo cordobés todavía no tiene una referencia consolidada para ese proyecto político.

Aunque Caserio fue uno de los primeros dirigentes en impulsar la presencia del gobernador bonaerense en la provincia, el escenario comienza a fragmentarse con la aparición de otros actores que buscan participar de la construcción.

El modelo elegido por estos sectores se diferencia de la estructura clásica del PJ: la intención es sumar dirigentes independientes, referentes sociales, sectores progresistas y cuadros territoriales que no necesariamente tienen una pertenencia orgánica al partido.

La apuesta es ampliar la base política antes de que el calendario electoral de 2027 empiece a ordenar las alianzas.

El despliegue territorial que prepara “Es por AK”

Mientras avanzan los contactos políticos, Ruiz y su equipo ya comenzaron una serie de reuniones territoriales. Los primeros encuentros tuvieron lugar en Villa Carlos Paz y San Roque, y la agenda contempla próximos desembarcos en Alta Gracia, Traslasierra, Cruz del Eje y las seccionales novena y decimotercera de la ciudad de Córdoba.

La lógica es clara: construir presencia territorial, sumar dirigentes y generar volumen político antes de que la discusión electoral comience a acelerar.

El armado de Kicillof en Córdoba entra así en una nueva etapa, marcada por la multiplicación de interlocutores y una disputa silenciosa por el liderazgo de un espacio que todavía está en plena formación.

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