Kicillof evitó chocar con Llaryora y buscó tender puentes en medio de la interna peronista

El gobernador bonaerense Axel Kicillof realizó su primera escala política en Córdoba con proyección nacional hacia las elecciones presidenciales de 2027 y dejó un mensaje claro: construir volumen político sin profundizar tensiones con el gobernador cordobés Martín Llaryora. A pesar del evidente desplante institucional —el mandatario provincial eligió viajar a San Juan para participar de una cumbre minera junto a Karina Milei— el bonaerense evitó confrontar y apostó por sostener un tono moderado, consciente de que el peronismo atraviesa una etapa de reconfiguración en todo el país.

La visita del mandatario bonaerense combinó actividades políticas, sindicales y académicas, en una agenda diseñada para comenzar a posicionar su figura en una provincia históricamente adversa para el kirchnerismo. Kicillof llegó acompañado por dos hombres clave de su armado: el ministro de Gobierno bonaerense Carlos Bianco y el ministro de Desarrollo de la Comunidad Andrés Larroque, conocido políticamente como “Cuervo” Larroque.

Una visita con lectura electoral

Aunque formalmente el viaje tuvo actividades institucionales y académicas, en el peronismo cordobés nadie desconoce que el desembarco de Kicillof forma parte de una estrategia de construcción nacional con vistas al 2027. Córdoba representa uno de los principales desafíos para cualquier aspiración presidencial del kirchnerismo: un territorio donde el PJ local construyó durante años una identidad autónoma y distante del núcleo duro del peronismo bonaerense.

En ese contexto, la ausencia de Llaryora en la agenda no pasó desapercibida. El gobernador cordobés prefirió participar de una cumbre minera en San Juan, una actividad con fuerte contenido político y económico que contó además con la presencia de Karina Milei, figura central del armado libertario nacional y principal sostén político del presidente Javier Milei.

La señal fue interpretada por distintos sectores del peronismo como una nueva muestra del delicado equilibrio que intenta mantener Llaryora: sostener diálogo institucional con todos los sectores mientras evita quedar atrapado en la interna nacional del PJ.

Sin embargo, lejos de escalar el conflicto, Kicillof eligió bajar el tono. “Hablo con Llaryora”, afirmó durante su paso por Córdoba, y recordó el respaldo que brindó la Provincia de Buenos Aires durante los incendios que afectaron a Córdoba en 2024.

“Vinimos con nuestra brigada aérea. Entre las provincias tiene que haber colaboración, más porque el Gobierno nacional no existe”, lanzó el mandatario bonaerense, en una frase que combinó crítica directa a la administración libertaria con un intento de mostrarse como articulador federal.

Críticas a Milei y guiños al federalismo

La actividad central del gobernador bonaerense fue en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), donde presentó su libro y aprovechó para profundizar sus cuestionamientos al modelo económico nacional. Allí volvió a cargar contra el ministro de Economía Luis Caputo y contra las políticas impulsadas por el Gobierno libertario.

Kicillof sostuvo que el país atraviesa una etapa de deterioro económico y social y advirtió sobre el impacto del ajuste en el entramado productivo nacional.

“Ante las políticas de Milei, que no son sólo de él, sino que hay una política internacional de ultraderecha, los que pensamos que debemos tener desarrollo nacional con los trabajadores y la educación tenemos que encontrar coincidencias”, expresó.

El gobernador bonaerense intentó además posicionarse en una narrativa más amplia que la estrictamente kirchnerista. Evitó presentarse como conductor exclusivo de un espacio y eligió hablar de consensos productivos y defensa del federalismo económico.

“Toda la Argentina tiene una matriz productiva que está en riesgo”, afirmó, en un mensaje orientado especialmente a provincias industriales como Córdoba.

Sindicatos, territorio y armado político

La agenda de Kicillof también incluyó un encuentro sindical en La Falda organizado por el titular del gremio de Sanidad, Héctor Daer, uno de los dirigentes más influyentes de la CGT. La presencia sindical fue leída como otro paso en la construcción de volumen político nacional, en momentos donde el movimiento obrero comienza a reorganizarse frente al desgaste económico generado por el ajuste libertario.

Además, el mandatario mantuvo actividades en Cosquín junto al intendente Raúl Cardinali, dirigente identificado con el kirchnerismo que en 2023 logró derrotar al socialismo aliado del schiarettismo. Ese encuentro también tuvo una fuerte carga simbólica: mostrar que el kirchnerismo todavía conserva espacios competitivos dentro del mapa político cordobés.

Natalia de la Sota, el nombre que sobrevuela

Uno de los temas inevitables de la visita fue la figura de Natalia de la Sota. En las últimas semanas crecieron las versiones que la ubican como posible compañera de fórmula de Kicillof en un eventual proyecto presidencial para 2027.

El gobernador evitó profundizar sobre el tema y optó por no alimentar especulaciones electorales. Tampoco hubo foto con la diputada nacional durante la recorrida cordobesa, un dato que en la política local no pasó inadvertido.

La cautela responde también a la compleja ingeniería política que atraviesa el PJ cordobés. De la Sota mantiene diferencias con el oficialismo provincial, pero al mismo tiempo conserva un capital político propio vinculado al legado de su padre, el exgobernador José Manuel de la Sota.

Un mensaje hacia el peronismo cordobés

Más allá de los gestos y las omisiones, la visita dejó una conclusión política evidente: Kicillof busca construir una alternativa nacional sin romper puentes con el cordobesismo. El bonaerense entiende que cualquier proyecto presidencial competitivo necesita mejorar su vínculo con Córdoba, distrito donde el kirchnerismo históricamente encontró enormes dificultades electorales.

Por eso evitó confrontar con Llaryora incluso después del desaire político y eligió insistir en el diálogo institucional y la búsqueda de coincidencias.

Mientras tanto, en el PJ cordobés observan con cautela. La relación entre el cordobesismo y el kirchnerismo sigue atravesada por desconfianzas mutuas, diferencias de construcción y estrategias nacionales contrapuestas. Sin embargo, el escenario abierto por el gobierno de Milei empieza a empujar nuevas conversaciones dentro del peronismo, incluso entre sectores que hasta hace poco parecían irreconciliables.

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