El sindicalismo cordobés se reordena entre Kicillof, Llaryora y la pelea por el 2027

La visita del gobernador bonaerense Axel Kicillof a Córdoba dejó mucho más que una foto política y un mensaje de unidad opositora frente al gobierno de Javier Milei. El desembarco del dirigente peronista en La Falda expuso las tensiones subterráneas entre el kirchnerismo, el sindicalismo nacional y el cordobesismo que conduce Martín Llaryora, en un escenario donde todos comienzan a acomodarse de cara al 2027.

La convocatoria encabezada por el secretario general de ATSA y referente histórico de la CGT nacional, Héctor Daer, generó inquietud dentro del Panal y en los sectores sindicales alineados con el oficialismo provincial. En el llaryorismo interpretaron que el encuentro no solo buscaba mostrar músculo gremial, sino también empezar a instalar a Kicillof como una referencia nacional competitiva dentro del peronismo.

Conscientes de que el acto en La Falda podía reunir a distintas vertientes sindicales cordobesas, las 62 Organizaciones Peronistas aceleraron una jugada política propia. Un día antes del encuentro con Kicillof, realizaron en el hotel Amerian un acto por el 107° aniversario del nacimiento de Eva Perón, aunque el homenaje rápidamente adquirió un tono de demostración interna de poder y alineamiento con el PJ cordobés.

La reacción del cordobesismo

La conducción provincial no ocultó cierta incomodidad por los llamados realizados desde estructuras sindicales nacionales para garantizar presencia en el acto de La Falda. La lectura política fue inmediata: dirigentes vinculados al kirchnerismo y a la CGT nacional buscaban construir volumen político en territorio cordobés, históricamente esquivo para ese espacio.

El mensaje que bajó el llaryorismo desde el encuentro de las 62 fue claro: la prioridad absoluta del peronismo cordobés es preservar el proyecto provincial y garantizar la continuidad política del gobernador. En otras palabras, cualquier estrategia nacional deberá subordinarse a los intereses del PJ mediterráneo.

Durante el acto hubo señales políticas elocuentes. Además del concejal capitalino Ricardo Moreno, referente de las 62 Organizaciones, participaron funcionarios estrechamente ligados a Llaryora y al intendente capitalino Daniel Passerini.

Entre ellos se destacaron el secretario General de la Gobernación, David Consalvi, y el secretario de Gobierno municipal, Rodrigo Fernández, dos dirigentes que ya aparecen mencionados dentro de las conversaciones políticas hacia el 2027.

También dijeron presente el viceintendente Javier Pretto, el secretario de Transporte provincial Cristian Sansalone, el secretario de Trabajo Omar Sereno y la vocal del ERSEP Mariana Caserio.

La presencia de Caserio no pasó inadvertida: su padre, Carlos Caserio, es uno de los principales armadores políticos de Kicillof en Córdoba.

Kicillof, entre la cautela y el intento de seducción

A diferencia de algunos dirigentes sindicales que directamente comenzaron a instalarlo como candidato presidencial, Kicillof evitó mostrarse lanzado abiertamente hacia el 2027. La recomendación de su entorno fue mantener prudencia y no acelerar definiciones prematuras.

Sin embargo, el mandatario bonaerense dejó conceptos políticos que resonaron fuerte en Córdoba. Sostuvo que con Llaryora y el cordobesismo “hay que encontrar coincidencias”, planteando que el debate actual excede las disputas partidarias tradicionales.

Según expresó, lo que está en juego es el modelo de país: “si vamos a tener o no universidad pública, solo extractivismo o valor agregado e industria nacional”.

Aunque aclaró que eso “no implica discutir candidaturas o frentes electorales”, el mensaje fue interpretado como un intento de acercamiento hacia sectores del peronismo no kirchnerista.

En el entorno de Llaryora, sin embargo, la recepción fue distante. Cerca del gobernador aseguran que la única posibilidad de coincidencia con el PJ nacional sería en una eventual PASO que permitiera “dejar atrás al kirchnerismo”, definición que refleja las profundas diferencias políticas y culturales que todavía persisten entre el peronismo cordobés y el kirchnerismo bonaerense.

El sindicalismo cordobés y la disputa por la CGT

Uno de los datos políticos más relevantes de la semana fue la centralidad que empezó a ganar el camionero Edgar Luján, conocido como “Titán” Luján.

El dirigente, uno de los integrantes de la conducción normalizada de la CGT Regional Córdoba, comenzó a ser observado por sectores del llaryorismo como posible figura de síntesis para una futura reunificación sindical alineada con el PJ provincial.

Tras la caída de Sergio Fittipaldi en las 62 Organizaciones, algunos sectores ya imaginan a Luján como potencial conductor de una nueva etapa del sindicalismo cordobés.

Su figura ganó volumen por varios motivos. Fue el único de los secretarios generales de las dos CGT cordobesas que respondió a la convocatoria del Panal cuando el Gobierno provincial buscó recomponer vínculos con el movimiento obrero luego del respaldo cordobesista a la reforma laboral impulsada por Milei.

Pero además, también participó del encuentro de Kicillof en La Falda, donde compartió espacio con el referente nacional de Camioneros Octavio Argüello.

Ese doble juego —cercanía con el cordobesismo y diálogo con el sindicalismo nacional— lo posiciona como una pieza relevante dentro del nuevo mapa gremial cordobés.

El 2027 empezó antes de tiempo

La visita de Kicillof dejó en evidencia que la carrera hacia el 2027 ya comenzó, incluso dentro del sindicalismo. Mientras el gobernador bonaerense intenta construir volumen político nacional y sumar interlocutores fuera del kirchnerismo duro, el llaryorismo se mueve para blindar su esquema territorial y evitar interferencias externas en el armado cordobés.

El trasfondo es más profundo que una simple disputa gremial. Lo que comenzó como un encuentro sindical terminó exponiendo la puja por el liderazgo futuro del peronismo y las dificultades para construir una estrategia común frente al avance libertario.

En Córdoba, al menos por ahora, el mensaje del oficialismo provincial parece inalterable: cualquier acuerdo nacional deberá reconocer primero el peso político del cordobesismo y su prioridad central, la continuidad del proyecto de poder local.

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