La ordenanza que este jueves buscará regular la actividad de los cuidacoches en la ciudad de Córdoba terminó abriendo una inesperada interna dentro del bloque de la Unión Cívica Radical en el Concejo Deliberante. Lo que comenzó como una iniciativa impulsada desde la oposición hoy expone diferencias profundas entre concejales radicales, algunos decididos a acompañar la normativa y otros dispuestos a tomar distancia del texto final elaborado por el oficialismo municipal.

La discusión dejó al descubierto una contradicción difícil de explicar hacia afuera: un sector de la UCR analiza rechazar un proyecto que originalmente nació dentro de sus propias filas y que incluso fue firmado por varios de los actuales concejales radicales.
La sesión prevista para este jueves será, en los hechos, la hora de la verdad para todos los espacios políticos. Allí quedará expuesto quiénes están a favor de avanzar con una regulación de los llamados “naranjitas” y quiénes sostienen posiciones más cercanas a la prohibición o al rechazo de cualquier esquema de legalización de la actividad.
El proyecto radical que terminó en manos del oficialismo
La principal incomodidad dentro del radicalismo tiene un origen concreto: la base de la ordenanza que llegará al recinto fue tomada de un proyecto previo presentado por la concejal radical Fabiana Gutiérrez.
Ese antecedente dejó al bloque atrapado en una situación política compleja. Mientras algunos ediles consideran imposible votar en contra de una iniciativa que nació desde la propia bancada, otro sector entiende que el texto final fue modificado por el Palacio 6 de Julio y que, por lo tanto, ya no representa la propuesta original del radicalismo.
Cerca de los dirigentes alineados con Rodrigo de Loredo admiten que existen fuertes reparos sobre la redacción definitiva de la ordenanza. Entre las alternativas que se analizan aparecen distintas variantes: acompañar la aprobación en general pero rechazar artículos específicos, o directamente no respaldar algunos de los puntos centrales de la normativa.
“Nosotros impulsamos una idea que se tomó. No podemos ahora aparecer votando en contra de nuestro propio proyecto”, reconoció un dirigente radical que participa de las conversaciones internas.
Sin embargo, dentro del propio Concejo varios advierten que ese intento de diferenciar el voto “en general” del voto “en particular” difícilmente tenga impacto político real. La lectura pública será mucho más simple: la ordenanza se aprobó o no se aprobó. Y en esa lógica, varios concejales buscan evitar quedar asociados a una decisión que genera fuertes cuestionamientos en sectores de la sociedad cordobesa.
El oficialismo ya tiene los votos y busca capitalizar la aprobación
Más allá de las tensiones opositoras, el oficialismo peronista llega a la sesión con los números necesarios para aprobar la regulación de los cuidacoches.
En el entorno del intendente Daniel Passerini entienden que la normativa puede presentarse como una respuesta institucional frente a un reclamo vecinal que creció con fuerza en los últimos meses, especialmente en distintos sectores de la capital donde la presencia de cuidacoches informales se volvió motivo permanente de conflicto.
La estrategia política del oficialismo apunta a mostrar gestión y capacidad de ordenar una problemática que hace años atraviesa a la ciudad. Pero al mismo tiempo, puertas adentro del Concejo reconocen que el proyecto terminó quedando en el medio de presiones cruzadas.
Por un lado, existe un importante malestar social y una fuerte demanda de vecinos que reclamaban medidas más duras e incluso la prohibición lisa y llana de la actividad. Por otro, también operó la decisión política de evitar un enfrentamiento abierto con cooperativas, organizaciones sociales, sectores vinculados a la Iglesia y distintos actores que participaron de las negociaciones.
Ese equilibrio terminó derivando en un proyecto que, para muchos sectores, quedó a mitad de camino.
El costo político de “quedar bien” con todos
En medio de la discusión, dentro de distintos espacios políticos aparece una lectura crítica que atraviesa tanto al oficialismo como a parte de la oposición: la sensación de que la dirigencia priorizó “quedar bien” con determinados sectores antes que avanzar en una solución de fondo.
Esa mirada sostiene que el conflicto seguirá existiendo porque la ordenanza no resuelve el problema estructural de los cuidacoches en la ciudad, sino que apenas intenta administrarlo políticamente en un año atravesado por tensiones preelectorales.
También quedó expuesta otra discusión más profunda: hasta dónde la política tiene margen real para avanzar sobre determinadas actividades informales cuando intervienen actores con capacidad de presión institucional y social.
En varios despachos del Concejo reconocen que el debate dejó una conclusión incómoda para la dirigencia: muchas veces el poder efectivo de condicionamiento no lo tiene la política, sino las organizaciones e instituciones que participan de la discusión pública.
El juecismo también endurece su postura
En paralelo, el bloque del Frente Cívico anticipó que mantendrá una postura crítica durante la sesión.
En el espacio que lidera Luis Juez hablan de sostener una “coherencia opositora” frente a una regulación que consideran insuficiente para resolver el problema de fondo.
De todos modos, hasta las horas previas a la sesión todavía no estaba completamente definido cómo será el voto final del juecismo, especialmente en aquellos artículos vinculados a los mecanismos de control y funcionamiento de las cooperativas.
Una sesión que expondrá más que una ordenanza
La discusión de este jueves no sólo pondrá a prueba la capacidad del oficialismo municipal para ordenar una sesión incómoda y avanzar con una normativa sensible.
También dejará expuesta una disputa interna dentro del radicalismo cordobés, donde varios concejales intentan evitar el costo político de rechazar una iniciativa construida sobre la base de un proyecto propio, mientras crece el reclamo social de respuestas más contundentes frente al fenómeno de los “naranjitas”.
La votación terminará funcionando además como una fotografía política de cara al escenario electoral que se aproxima: quiénes eligieron confrontar, quiénes optaron por negociar y quiénes buscaron el difícil equilibrio de no quedar mal con nadie.
