La propuesta del presidente de la UCR Córdoba, Marcos Ferrer, para avanzar hacia una gran primaria opositora rumbo a 2027 no encontró respuestas públicas inmediatas entre los potenciales aliados, pero sí provocó un fuerte movimiento interno dentro del radicalismo y dejó expuestas las tensiones que atraviesan al mapa opositor provincial.

El intendente de Río Tercero planteó la necesidad de construir “un acuerdo entre los que coincidimos en que el tiempo del peronismo en Córdoba está acabado” y propuso una primaria abierta como herramienta para ordenar candidaturas. La idea apunta a incluir a la UCR, La Libertad Avanza, el Frente Cívico, el PRO y Encuentro Vecinal Córdoba en una competencia democrática, con participación de independientes y sin el peso de las estructuras partidarias tradicionales.
Aunque la iniciativa se presentó como una apuesta a la unidad, en los hechos abrió una nueva discusión: quién liderará esa eventual coalición y bajo qué reglas.
Silencio externo y ruido interno
Fuera del radicalismo, el planteo no generó adhesiones formales. En la mayoría de los espacios prevalece una estrategia de cautela, con la mirada puesta en la evolución del escenario nacional y en las definiciones que llegarán más adelante.
En La Libertad Avanza optaron por no responder públicamente. Sin embargo, en conversaciones reservadas dejan trascender que el problema no sería una alianza con la UCR, sino la centralidad política de Rodrigo de Loredo.
Dirigentes libertarios reconocen incomodidad con el perfil del exdiputado nacional, su estilo de conducción y su protagonismo dentro del armado opositor. El dato no pasa inadvertido dentro del radicalismo, donde interpretan que las decisiones finales no se tomarán en Córdoba sino en Buenos Aires, donde el mileísmo concentra la lapicera política.
Esa lectura fortalece la sospecha de que cualquier negociación provincial dependerá de acuerdos nacionales y no exclusivamente de los actores locales.
El Frente Cívico y una relación cada vez más fría
Otro foco de tensión aparece en el vínculo entre la UCR y el Frente Cívico de Luis Juez. La relación atraviesa uno de sus momentos más ásperos desde el último proceso electoral.
Si bien no existe una ruptura explícita, tampoco hay señales concretas de recomposición. El juecismo preserva su identidad, mantiene autonomía y sigue disputando el liderazgo opositor. En ese contexto, cada vez que puede marcar diferencias con De Loredo, lo hace.
La pulseada entre ambos sectores refleja una disputa más profunda: quién representará al voto antiperonista en Córdoba cuando se acerque 2027.
El PRO sigue resolviendo su propia interna
En el PRO también predomina el silencio, aunque por razones distintas. El partido amarillo todavía atraviesa una reorganización interna luego de sus recientes movimientos partidarios.
Por un lado se encuentra el sector referenciado en Laura Rodríguez Machado, cercano al universo libertario. Por otro, el espacio que responde a Oscar Agost Carreño, que aún no termina de definir su estrategia futura.
Mientras esa discusión siga abierta, resulta improbable una definición sobre alianzas amplias en la provincia.
Encuentro Vecinal muestra señales sin hablar
Encuentro Vecinal Córdoba tampoco emitió una postura oficial frente al llamado de Ferrer, aunque algunos gestos fueron interpretados como señales políticas.
Dirigentes del espacio, entre ellos la presidenta partidaria María Rosa Marcone, participaron del acto encabezado por Rodrigo de Loredo a comienzos de marzo, conocido como la “De Loredo Session”.
Ese acercamiento no es menor. El partido fundado por Aurelio García Elorrio fue tercera fuerza en la elección provincial de 2023 con cerca de tres puntos, una diferencia decisiva en la ajustada disputa entre Martín Llaryora y la fórmula Juez-Carasso.
En una elección polarizada, ese caudal aparece hoy como un activo codiciado.
La UCR reivindica estructura y peso territorial
Dentro del radicalismo, la jugada de Ferrer también busca reinstalar una idea central: la UCR conserva una estructura territorial, una red de intendentes y una presencia histórica que ningún otro espacio opositor logra igualar en Córdoba.
En el partido repiten que cualquier alianza deberá discutirse en términos de paridad y no como una simple adhesión detrás de otro liderazgo.
“No nos vamos a ir al banco de suplentes de otro que nos invite”, sintetizan cerca de la conducción partidaria.
La frase revela el trasfondo de la discusión: la UCR no quiere quedar subordinada ni al mileísmo ni al juecismo, pese a que ambos espacios buscan atraer parte de su capital político.
Mestre y Rossi marcaron diferencias
Las primeras respuestas internas no tardaron en aparecer. Ramón Mestre acompañó el llamado a la unidad, pero advirtió que antes de hablar de candidaturas o mecanismos electorales el partido debe construir un programa de gobierno sólido y consensuado.
Más dura fue la reacción del espacio de Dante Rossi, que eligió al intendente de Mina Clavero, Luis Quiroga, para cuestionar la estrategia de Ferrer.
“Antes de ofrecerle a toda la oposición un mecanismo abierto y transparente, empecemos por casa”, planteó Quiroga, en una crítica directa a la conducción partidaria.
Desde ese sector sostienen que evitar una interna radical para saltar directamente a una primaria con otros partidos equivale a “licuar la voluntad del radicalismo” y anticipar una alianza que interpretan como una cesión política.
Con ese posicionamiento, Rossi se consolida como una de las voces más críticas dentro de la UCR y disputa el espacio opositor interno que durante años encarnó el mestrismo.
Unidad deseada, condiciones incompatibles
El movimiento de Ferrer dejó una conclusión evidente: todos hablan de unidad opositora en Córdoba, pero cada actor la imagina bajo sus propias reglas.
La Libertad Avanza quiere centralidad nacional. Juez no resigna protagonismo. El PRO sigue ordenándose. Encuentro Vecinal mide costos y beneficios. Y la UCR intenta evitar que su peso territorial termine absorbido por otros sellos.
Mientras tanto, el peronismo observa una escena conocida: una oposición que coincide en el diagnóstico, pero todavía no logra acordar el remedio.
