La tensión en el sistema de salud que atiende a jubilados y pensionados sumó un nuevo capítulo. En Córdoba, el delegado organizador de APPAMIA, Atilio Rossi, lanzó una dura advertencia sobre los cambios implementados por el PAMI en el esquema de pago a médicos de cabecera, al que calificó como “inviable” y de “altísima gravedad”.

Según explicó el dirigente, la modificación implica el abandono del sistema mixto que regía hasta ahora —que combinaba un pago por cápita con el reconocimiento parcial de consultas— para pasar a un modelo exclusivamente capitado. En términos concretos, la obra social fijó en 2.100 pesos mensuales el monto por afiliado, independientemente de la cantidad de consultas realizadas.
Rossi detalló que bajo el esquema anterior, los médicos percibían 945 pesos por paciente más el equivalente al 40% de las consultas efectivamente realizadas, con valores que oscilaban entre los 6.000 y 10.000 pesos por atención. En ese marco, un profesional con una cartera de 400 afiliados podía alcanzar ingresos cercanos a los 1.650.000 pesos mensuales.
El nuevo esquema, sin embargo, implicaría —según denunció— una caída abrupta de los ingresos. “Ese mismo médico pasaría a cobrar alrededor de 800.000 pesos”, afirmó, al tiempo que calificó la medida como “una locura” y una “atrocidad”.
Un sistema bajo presión
El cuestionamiento no se limita al aspecto económico. Rossi sostuvo que la decisión del PAMI fue “intempestiva” y, además, retroactiva al 1 de abril, lo que profundiza la incertidumbre entre los profesionales.
“El médico de cabecera cumple la función de un tutor integral del paciente”, explicó, en un intento por visibilizar la dimensión del rol que desempeñan dentro del sistema. Desde la elaboración de la historia clínica hasta la indicación de estudios, derivaciones, recetas y provisión de insumos —como pañales o sillas de ruedas—, toda la cadena de atención depende de estos profesionales.
A ello se suma una disponibilidad prácticamente permanente. “El médico PAMI no tiene sábados, domingos ni feriados”, remarcó, al describir un esquema de trabajo que incluye contacto directo con los pacientes a través de teléfono o mensajería.
Incluso en situaciones críticas, como el fallecimiento de un afiliado, el médico de cabecera es el único autorizado para emitir el certificado de defunción, una responsabilidad que puede recaer en cualquier momento del día o de la semana.
Paro y movilización
Frente a este escenario, APPAMIA resolvió convocar a un paro nacional por 72 horas, en lo que se perfila como una de las medidas de fuerza más contundentes del sector en los últimos tiempos.
Rossi confirmó además una movilización para el miércoles a las 11 de la mañana frente a la sede del PAMI, e instó a sumarse no solo a los profesionales de la salud, sino también a pacientes, medios de comunicación y a la sociedad en general.
El reclamo, según sostuvo, no responde únicamente a una cuestión salarial, sino a la sostenibilidad del sistema. “Es por el bien de nosotros y por el bien de nuestros jubilados”, afirmó.
Escalada del conflicto
El conflicto podría escalar aún más si no hay respuestas oficiales. “Si no tenemos solución, vamos a un paro por tiempo indeterminado”, advirtió Rossi, quien calificó la medida impulsada por el PAMI como una “aberración”.
El trasfondo del reclamo expone una tensión estructural: la necesidad de ajustar costos en un sistema altamente demandado frente al riesgo de deteriorar la calidad de atención. En ese delicado equilibrio, los médicos de cabecera aparecen como una pieza central, hoy en estado de conflicto abierto.
Mientras tanto, la incertidumbre se traslada inevitablemente a los afiliados, quienes dependen de este primer nivel de atención para resolver gran parte de sus necesidades de salud. Un escenario que, de prolongarse, podría tener consecuencias directas sobre uno de los sectores más vulnerables.
