El nuevo presidente del radicalismo cordobés anticipó que avanzará contra Myrian Prunotto y Emiliano Paredes y que buscará impedir un eventual regreso de Orlando Arduh. Pero una advertencia dirigida a quienes no respeten la orgánica partidaria también generó miradas hacia Soledad Carrizo, una de las dirigentes que impulsa un entendimiento con La Libertad Avanza. Por ahora, su situación es diferente: no existen denuncias disciplinarias en su contra.

La llegada de Matías Gvozdenovich a la presidencia de la UCR de Córdoba comenzó con una señal hacia el interior del partido: la nueva conducción pretende recuperar el peso de la disciplina partidaria y avanzar contra dirigentes que abandonaron la estructura radical para incorporarse o acompañar espacios vinculados al peronismo.
Gvozdenovich, cuya llegada al Comité Provincia quedó firme luego de que la Cámara Nacional Electoral rechazara el recurso presentado por el sector de Ramón Mestre, ya había anticipado que uno de sus primeros objetivos sería ordenar el radicalismo puertas adentro antes de concentrarse plenamente en la estrategia electoral de 2027.
En ese marco, el nuevo titular partidario puso tres nombres sobre la mesa: Myrian Prunotto, Emiliano Paredes y Orlando Arduh.
La decisión más contundente apunta contra Prunotto. Gvozdenovich aseguró que impulsará nuevamente su expulsión del radicalismo, una discusión que comenzó después de que la dirigente de Estación Juárez Celman abandonara la estrategia electoral de la UCR para convertirse en compañera de fórmula de Martín Llaryora y posteriormente en vicegobernadora de Córdoba.
La relación política entre el radicalismo conducido por el sector de Rodrigo de Loredo y Prunotto volvió a endurecerse durante este año. A fines de agosto, De Loredo incluso promovió un pedido de juicio político contra la vicegobernadora después de la crisis institucional generada alrededor de la Legislatura provincial.
Paredes y Arduh, también en la mira
Otro de los dirigentes alcanzados por la ofensiva disciplinaria es el intendente de Tanti, Emiliano Paredes.
El jefe municipal radical participó durante el proceso electoral nacional de 2025 del armado de Provincias Unidas, espacio encabezado en Córdoba por Juan Schiaretti, e incluso integró la lista vinculada al peronismo provincial. En aquel momento, dirigentes radicales del interior reivindicaron públicamente su participación dentro de ese esquema político.
Para la nueva conducción de la UCR, ese tipo de movimientos exceden una diferencia política interna y se ubican directamente en el terreno disciplinario.
La misma lógica alcanza a Orlando Arduh, exdirigente radical que terminó incorporándose al oficialismo provincial.
Gvozdenovich planteó que Arduh no debería tener nuevamente las puertas abiertas para afiliarse al radicalismo ante versiones que indican que podría intentar regresar al partido.
El mensaje político detrás de esos nombres fue explícito: la nueva conducción pretende poner límites a quienes utilizaron una trayectoria construida dentro de la UCR para terminar integrándose a estructuras electorales o gubernamentales encabezadas por el peronismo.
La frase que amplió el radar
Sin embargo, durante el discurso de asunción apareció una expresión que generó una lectura más amplia dentro del radicalismo.
Gvozdenovich advirtió que también habrá una discusión respecto de “todo aquel que no responda a la orgánica radical”.
La frase provocó comentarios entre algunos de los dirigentes presentes porque trasladó la discusión desde quienes abandonaron directamente el partido hacia aquellos que, permaneciendo dentro de la UCR, impulsan estrategias políticas que todavía no cuentan con una definición institucional.
Y allí apareció inmediatamente un nombre: Soledad Carrizo.
La exdiputada nacional y actual vocal del INAES viene trabajando abiertamente en la construcción de un frente opositor que pueda reunir al radicalismo con La Libertad Avanza.
Carrizo recorre el interior provincial, mantiene contacto con intendentes radicales y sostiene una relación política con el espacio que conduce en Córdoba Gabriel Bornoroni, uno de los principales dirigentes libertarios de la provincia.
En sectores de la nueva conducción radical admiten que esos movimientos generan incomodidad.
“Las miradas fueron hacia Carrizo”, reconoció uno de los dirigentes que asumió funciones durante el recambio partidario.
Pero inmediatamente realizó una diferenciación importante: Carrizo no tiene actualmente ninguna denuncia ante el tribunal de disciplina ni participó como candidata en una lista electoral enfrentada formalmente a la UCR.
Una diferencia política central
Esa distinción resulta clave para comprender la discusión.
Los casos de Prunotto, Paredes y Arduh están vinculados a dirigentes que terminaron participando directamente en estructuras políticas conducidas por el peronismo provincial o que abandonaron el radicalismo para integrarse al oficialismo.
El caso Carrizo transita, por ahora, por otro carril.
Su propuesta consiste en incorporar a la UCR a una eventual coalición opositora con La Libertad Avanza para disputar el poder provincial en 2027.
Esa alianza todavía no existe formalmente.
Si finalmente avanzara, debería atravesar necesariamente los organismos institucionales del radicalismo y convertirse en una discusión partidaria mucho más amplia.
Por eso, dentro de la UCR puede existir un consenso considerable respecto de sancionar a dirigentes que participaron electoralmente en espacios rivales, mientras que la discusión sobre posibles acuerdos futuros con los libertarios resulta mucho más compleja.
Carrizo, además, integra la estructura nacional
Existe otra particularidad.
Mientras algunos dirigentes interpretaban que las palabras de Gvozdenovich podían contener una advertencia indirecta hacia Carrizo, la dirigente de Quilino asumió como delegada de Córdoba ante el Comité Nacional de la UCR.
Comparte esa representación con dirigentes como Marcos Ferrer, Javier Bee Sellares y Natalia González.
Es decir, Carrizo no solamente continúa formalmente dentro de la estructura radical, sino que ocupa uno de los espacios de representación institucional de Córdoba ante la conducción nacional.
Esa situación marca una diferencia sustancial respecto de los dirigentes que quedaron directamente bajo la lupa del tribunal de disciplina.
La nueva UCR empieza a ordenar la interna
La ofensiva disciplinaria aparece además después de una interna que modificó el mapa de poder del radicalismo cordobés.
Gvozdenovich quedó al frente del Comité Provincia, mientras que en Capital Miguel Nicolás, también perteneciente a Generación X, se impuso con aproximadamente el 60% de los votos. De esa manera, el espacio referenciado en Rodrigo de Loredo quedó conduciendo dos de las principales estructuras partidarias de Córdoba.
La nueva conducción pretende utilizar ese poder institucional para ordenar un partido que durante los últimos años sufrió fugas, fracturas y estrategias electorales diferentes.
El primer límite parece claro: quienes abandonaron el radicalismo para competir o gobernar junto al peronismo estarán bajo revisión.
La segunda frontera será bastante más difícil de establecer.
Porque allí aparece la discusión sobre qué significa exactamente respetar la “orgánica partidaria” cuando todavía no existe una definición sobre la estrategia electoral de 2027.
El verdadero debate será la alianza opositora
El desenlace dependerá, en buena medida, de la posición que adopte finalmente la UCR frente al próximo proceso electoral.
La conducción partidaria tendrá que resolver si intenta construir una alternativa encabezada por el propio radicalismo, si conforma una coalición más amplia con otros sectores opositores o si acepta negociar un acuerdo con La Libertad Avanza.
Y en ese punto también será determinante qué lugar estén dispuestos los libertarios a concederle al radicalismo dentro de una eventual alianza.
Por ahora, la aspiración compartida por buena parte de la dirigencia boinablanca es reconstruir un frente opositor competitivo que permita disputar seriamente el gobierno provincial.
Pero antes de resolver con quién competir contra el peronismo, la nueva conducción comenzó por una tarea más inmediata: determinar quién está adentro, quién quedó afuera y cuáles serán las reglas para permanecer dentro de la UCR cordobesa.
