La inflación de agosto se desaceleró al 1,8%, pero la mejora en los precios todavía está lejos de traducirse en una recuperación de la economía cotidiana. Las ventas minoristas cayeron 22% interanual en Córdoba, la rentabilidad comercial retrocedió 26% y apenas uno de cada diez comerciantes alcanzó las expectativas previstas para el mes. Al mismo tiempo, más de 458 mil cordobeses están en mora y casi nueve de cada diez hogares necesitan financiar la compra de alimentos.

La inflación empieza a mostrar signos de desaceleración, pero en las calles, los comercios y las economías familiares de Córdoba la recuperación todavía no aparece.
Los negocios venden menos, los márgenes se achican, los consumidores restringen sus compras y una cantidad creciente de hogares necesita recurrir a tarjetas de crédito, préstamos, fiado o dinero prestado simplemente para afrontar los gastos cotidianos.
La fotografía económica de agosto expone así una de las principales contradicciones del actual escenario: los precios aumentan a un ritmo menor, pero el consumo continúa profundizando su caída.
Los últimos datos de la Cámara de Comercio de Córdoba (CCC) muestran que las ventas minoristas medidas en unidades se desplomaron 22% interanual durante agosto, mientras que la rentabilidad de los comercios cayó 26% respecto del mismo mes de 2025.
Los números adquieren todavía mayor dimensión cuando se observa lo ocurrido apenas un mes antes.
En comparación con julio, las ventas retrocedieron otro 11%, mientras que la rentabilidad cayó 19% mensual.
La dinámica muestra que, lejos de estabilizarse, durante agosto el deterioro comercial se profundizó.
De una caída del 14% al 22% en apenas un mes
La comparación con julio permite dimensionar la velocidad del deterioro.
Durante aquel mes, las ventas minoristas habían registrado una caída interanual del 14% en unidades, mientras que la rentabilidad retrocedía aproximadamente 12%.
En agosto, los dos indicadores profundizaron considerablemente su descenso: las ventas pasaron a caer 22% y la rentabilidad 26%.
El clima entre los comerciantes refleja esa situación.
Solamente el 10% de los empresarios consultados por la Cámara de Comercio de Córdoba logró cumplir las expectativas que había proyectado para agosto.
Es decir, nueve de cada diez comerciantes terminaron el mes con resultados inferiores a los esperados.
El ticket promedio, mientras tanto, pasó de $135.120 en julio a $173.200 en agosto.
A primera vista, el incremento podría interpretarse como una mejora del consumo. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario.
El mayor gasto promedio por operación convive con una fuerte caída en las unidades comercializadas. El consumidor desembolsa más dinero, pero se lleva menos productos.
La combinación muestra cómo el efecto acumulado de los precios continúa restringiendo la capacidad de compra de los hogares.
Inflación del 1,8%, pero sin recuperación del consumo
La caída comercial resulta particularmente significativa porque se produce en un contexto de desaceleración inflacionaria.
El Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), perteneciente al Centro de Almaceneros de Córdoba, registró durante agosto una inflación del 1,8%, por debajo del 2,1% correspondiente a julio.
Durante los primeros ocho meses de 2026, la inflación acumulada alcanzó el 21,4%, mientras que la variación interanual llegó al 33,3%.
Para todo el año, el instituto mantiene una proyección cercana al 31,5%.
Los alimentos y bebidas no alcohólicas, uno de los componentes más sensibles para las familias, subieron aproximadamente 1,6% durante agosto.
La desaceleración de los precios, sin embargo, todavía no permitió recomponer el poder adquisitivo perdido.
La Canasta Básica Alimentaria acumuló durante los primeros ocho meses del año una suba del 22,6%, mientras que en términos interanuales el incremento alcanzó 36,4%.
En agosto, una familia tipo necesitó $2.034.194 mensuales para mantenerse por encima de la línea de pobreza.
Para cubrir únicamente los alimentos básicos y superar la línea de indigencia, necesitó $1.108.074.
Es en esa diferencia entre ingresos, precios y necesidades básicas donde aparece otro fenómeno cada vez más visible: cuando el salario no alcanza, el consumo se sostiene mediante endeudamiento.
Más de 458 mil cordobeses ya están en mora
Los últimos datos de la Central de Deudores del Banco Central, procesados por el Centro de Estudios para la Ciudad (CEC), muestran que actualmente existen 458.148 cordobeses en situación de mora con bancos y otras entidades financieras.
La cifra representa aproximadamente el 16% de la población adulta de la provincia.
Pero quizás el dato más preocupante sea la tendencia.
En abril había 435.427 personas en mora.
En mayo la cantidad aumentó a 441.145.
En junio llegó a 450.431.
Y en julio alcanzó las 458.148 personas.
En apenas cuatro meses se incorporaron, de esta manera, más de 22.700 nuevos deudores morosos.
La deuda promedio en mora alcanza aproximadamente los $590.000 por persona, mientras que el volumen total de deuda comprometida supera los $42.839 millones.
Dentro de ese universo existe además un sector especialmente delicado.
Unas 71.871 personas tienen deudas que fueron derivadas al denominado mercado secundario, es decir, créditos con atrasos superiores a un año que las entidades financieras originales consideran de muy difícil recuperación.
En esos casos, las carteras suelen ser transferidas o vendidas a estudios jurídicos, agencias de cobranzas o fideicomisos especializados en intentar recuperar una parte del dinero adeudado.
Una tendencia que también aparece a nivel nacional
La dificultad para afrontar obligaciones financieras no es exclusivamente cordobesa.
En todo el país, la morosidad correspondiente a créditos destinados a los hogares pasó del 12,77% al 12,94% entre junio y julio.
El problema tiene además una segunda dimensión.
Mientras aumenta la cantidad de personas con dificultades para cumplir con sus compromisos financieros, el crédito dejó de expandirse con la velocidad observada anteriormente.
Esto genera una combinación compleja: aumenta el endeudamiento acumulado, crece la morosidad y, al mismo tiempo, disminuye la disponibilidad de nuevo financiamiento.
El resultado puede transformarse en un límite adicional para el consumo.
Casi nueve de cada diez hogares financian alimentos
Los datos sociales relevados por el Centro de Almaceneros terminan de completar el cuadro.
Durante agosto, el 88,7% de los hogares manifestó haber tenido que financiar la compra de alimentos.
Dentro de ese universo, el 38,7% recurrió al fiado en comercios de cercanía, mientras que otro 37,3% utilizó la tarjeta de crédito para comprar comida.
Un 12,7% directamente tuvo que adquirir alimentos utilizando dinero prestado.
Solamente el 9,3% de los hogares afirmó no haber necesitado ningún tipo de financiamiento para alimentarse.
La transformación es significativa porque muestra que el endeudamiento ya no está relacionado exclusivamente con la compra de automóviles, electrodomésticos, tecnología u otros bienes durables.
Cada vez más familias utilizan deuda para sostener gastos indispensables.
En otras palabras, el crédito comienza a funcionar como sustituto del ingreso corriente.
Durante agosto, alrededor del 28% de los hogares pidió dinero prestado para afrontar gastos básicos, principalmente la compra de alimentos.
Sin capacidad para afrontar un imprevisto
La fragilidad económica de los hogares también aparece cuando se analiza su capacidad para responder ante situaciones extraordinarias.
El 51% de las familias cordobesas manifestó que no podría afrontar un gasto inesperado de $150.000 con recursos propios.
Otro 40% aseguró que para hacerlo debería pedir dinero prestado.
La capacidad de resistencia frente a una eventual pérdida de ingresos tampoco ofrece demasiado margen.
Según el relevamiento, el 61% de los hogares asegura que si perdiera repentinamente su fuente de ingresos podría mantener su nivel actual de gastos durante menos de una semana.
La economía familiar funciona, de esta manera, prácticamente sin colchón financiero.
La paradoja cordobesa: baja la inflación, pero no mejora la economía cotidiana
La fotografía de agosto empieza a conformarse con distintos indicadores que apuntan hacia una misma dirección.
Las unidades vendidas cayeron 22% interanual.
La rentabilidad comercial retrocedió 26%.
En apenas un mes, la rentabilidad disminuyó otro 19%.
Solamente el 10% de los comerciantes cumplió sus expectativas.
Más de 458 mil cordobeses se encuentran en mora.
Y casi nueve de cada diez hogares necesitan algún mecanismo de financiamiento para comprar alimentos.
Son cifras que exponen una paradoja económica que empieza a ganar peso en Córdoba.
La inflación desacelera, pero el consumo no se recupera.
Los tickets promedio aumentan, pero se venden menos productos.
El crédito pierde dinamismo, pero la deuda de las familias sigue creciendo.
Y la desaceleración nominal de los precios todavía no logra traducirse en una mejora perceptible sobre el bolsillo.
Para el Gobierno nacional, Córdoba tiene además un componente político particular. La provincia fue uno de los territorios donde el proyecto libertario encontró mayor respaldo electoral, por lo que el deterioro de los indicadores vinculados al consumo y a las economías domésticas representa una señal que difícilmente pueda pasar inadvertida.
La discusión económica comienza entonces a trasladarse desde la inflación hacia otro terreno: cuándo comenzará la baja de los precios a transformarse también en recuperación de ingresos, consumo y actividad comercial.
Porque para una parte creciente de los cordobeses, el problema ya no es solamente cuánto aumentan las cosas.
El problema es que, aun aumentando menos, cada vez cuesta más poder comprarlas.
