La interna radical terminó en Tribunales: el mestrismo judicializa la pelea y el 20-S queda bajo presión

La apelación por Marcos Juárez abrió la puerta y la resolución 7/26 profundizó la crisis. La Junta Electoral dejó a Generación X en carrera y excluyó a Más Radicalismo de la disputa por el Comité Provincia. Mestre prepara una nueva ofensiva judicial mientras Gvozdenovich y Jure siguen en campaña. Lo que está en juego ya no es sólo una elección interna: es el control de la UCR cordobesa rumbo a 2027.

La interna de la UCR de Córdoba cruzó definitivamente una frontera. La disputa que comenzó como una pulseada entre dos sectores por la conducción partidaria ahora se libra también en los tribunales, con impugnaciones, apelaciones y cuestionamientos sobre las reglas electorales.

La resolución 6/26, que proclamó autoridades en Marcos Juárez, había abierto el primer frente judicial. Ahora, la resolución 7/26 de la Junta Electoral Partidaria (JEP) elevó todavía más la tensión: dejó en carrera a Generación X, el espacio que postula a Matías “el Ruso” Gvozdenovich, y rechazó la presentación de Más Radicalismo, la alianza que encabeza Ramón Mestre y lleva a Juan Jure como candidato a presidir el Comité Provincia.

“Explotaron todo. Estamos en la Justicia ya”, resumió una fuente del círculo más cercano a Mestre. La frase refleja el nuevo escenario de una interna que transita por dos caminos simultáneos: la campaña territorial para el 20 de septiembre y una batalla jurídica que puede modificar las condiciones en las que los radicales llegarán a las urnas.

El conflicto tiene un componente político evidente. Pero también uno institucional: quién define quién puede competir, con qué reglas y bajo qué interpretación de la Carta Orgánica partidaria.

La resolución que cambió el tablero

La resolución 7/26, fechada el 31 de agosto, realizó un extenso repaso del proceso electoral interno y de las distintas impugnaciones presentadas por las dos alianzas.

La Junta Electoral rechazó planteos de Más Radicalismo por considerar que habían sido presentados fuera de término y sostuvo, además, que la alianza no cumplía con el requisito de despliegue territorial previsto en el artículo 128, inciso d), de la Carta Orgánica de la UCR en diez departamentos.

La conclusión fue contundente: Generación X cumplía con los requisitos y Más Radicalismo quedaba fuera de la competencia en la instancia provincial.

La JEP avanzó así con la proclamación de Generación X como lista única para las autoridades del Comité Central de la Provincia, el Tribunal de Conducta y el Tribunal de Cuentas, además de sus candidatos a delegados al Comité Nacional.

La decisión alteró sustancialmente el escenario que se venía construyendo para el 20-S.

Porque mientras Gvozdenovich y Jure aceleraban sus recorridas para disputar el voto de los afiliados, la estructura electoral partidaria introducía un elemento que puede resultar decisivo: uno de los dos espacios queda, al menos por ahora, fuera de la pelea provincial.

La Junta Electoral, además, resolvió diferir el tratamiento de las candidaturas correspondientes a Capital, Colón y Juventud, argumentando limitaciones de recursos humanos y materiales para abordar esas presentaciones.

Lejos de cerrar el conflicto, la resolución abrió uno nuevo.

El mestrismo pasó de la protesta a la Justicia

La reacción de Más Radicalismo fue inmediata. El sector de Mestre interpreta la decisión como una maniobra que puede terminar definiendo en los escritorios una elección que, según su lectura, debería resolverse exclusivamente mediante el voto de los afiliados.

“Quieren ganar en los escritorios lo que no pueden con los votos”, cuestionaron cerca del mestrismo.

La acusación apunta directamente al sector referenciado en Rodrigo de Loredo y refleja el nivel de deterioro que alcanzó la relación entre los dos grandes espacios que buscan quedarse con la conducción de la UCR provincial.

Para el mestrismo, la discusión no pasa solamente por una cuestión formal. La interpretación de los requisitos de la Carta Orgánica puede terminar determinando quién tiene derecho a competir y quién queda fuera de la elección.

“Resulta claro que la Alianza Generación X quiere hacer decir a la COP algo que no dice”, cuestionaron desde el entorno de Mestre.

El argumento es que la Junta Electoral habría realizado una interpretación restrictiva de las normas partidarias para excluir a Más Radicalismo de distintos territorios y, finalmente, de la competencia por la conducción provincial.

Por eso, la pelea ahora tendrá una instancia judicial.

Marcos Juárez fue el primer capítulo

La judicialización no comenzó con la resolución 7/26. El primer capítulo se escribió con la resolución 6/26, vinculada con la elección de autoridades del departamento Marcos Juárez.

Ese territorio tiene un valor político adicional porque es un distrito de fuerte gravitación dentro del armado de Generación X y uno de los espacios donde el sector de Gvozdenovich busca consolidar su poder territorial.

Más Radicalismo apeló la decisión ante la Justicia Federal y sostuvo que la Junta Electoral había afectado el mecanismo democrático para la elección de autoridades partidarias.

Entre sus argumentos, el sector de Mestre planteó que no se habían garantizado adecuadamente el derecho de defensa y la igualdad entre las listas.

El recurso fue presentado ante el juez federal con competencia electoral Miguel Hugo Vaca Narvaja y cuestionó la decisión de la Junta Electoral de desconocer la presentación de Más Radicalismo.

La pretensión del mestrismo fue concreta: que la Justicia revoque la resolución partidaria y permita que la elección se desarrolle bajo condiciones que, según sostiene el sector, respeten el principio de competencia electoral.

La Justicia Federal ya dio un primer paso. El Juzgado Federal de Córdoba N° 1 tuvo por interpuesto el recurso de apelación presentado por los apoderados de Más Radicalismo y, antes de resolver, intimó a la UCR a remitir la resolución 6/2026 y todos los antecedentes vinculados con la proclamación de autoridades en Marcos Juárez.

El plazo fijado por el tribunal vence este miércoles 2 de septiembre a las 10.

Ese expediente puede convertirse ahora en la puerta de entrada para una discusión mucho más amplia.

Una interna con dos peleas

Mientras la Justicia comienza a revisar las decisiones de la estructura electoral radical, Gvozdenovich y Jure continúan con sus respectivas campañas.

El dato político es que la interna tiene ahora dos escenarios de disputa.

Uno es el territorio: reuniones, recorridas, acuerdos departamentales y búsqueda de afiliados.

El otro es Tribunales: allí el mestrismo intentará revertir las decisiones que considera perjudiciales para su alianza y garantizar que su espacio pueda competir en condiciones que considera legítimas.

La situación genera una paradoja.

Mientras los candidatos buscan convencer a los afiliados de que tienen capacidad para conducir el partido, sus respectivas estructuras libran una batalla para determinar quiénes estarán efectivamente habilitados para llegar a esa elección.

En otras palabras: la campaña por el voto convive con una pelea por las reglas del juego.

Y esa pelea puede ser tan importante como la elección misma.

La verdadera disputa: la lapicera radical

Detrás de las resoluciones, las impugnaciones y los recursos judiciales aparece una discusión mucho más profunda.

El 20 de septiembre no está en juego solamente quién será el próximo presidente del Comité Provincia. Está en disputa el control de la estructura de la UCR cordobesa.

Quien se quede con el partido tendrá la conducción institucional, capacidad de armado territorial, incidencia sobre las decisiones electorales y, fundamentalmente, la posibilidad de ordenar al radicalismo frente al escenario de 2027.

La “lapicera” y la “botonera” radical son el verdadero premio mayor.

Por eso, la pelea entre Generación X y Más Radicalismo excede ampliamente la figura de Gvozdenovich y Jure. También es una disputa entre dos modelos de conducción y, detrás de ellos, entre los sectores que buscan imponer el rumbo del radicalismo cordobés para el próximo ciclo electoral.

El mestrismo pretende recuperar protagonismo y volver a ocupar el centro de la escena radical. Del otro lado, Generación X busca consolidar el poder construido durante los últimos años y quedarse con la conducción provincial.

La disputa, por lo tanto, tiene una dimensión interna pero también una lectura electoral hacia afuera.

El 20-S, bajo presión

La judicialización introduce además un interrogante incómodo: ¿la interna llegará efectivamente a las urnas con el escenario que hoy conocen los afiliados?

La respuesta dependerá de las decisiones que adopte la Justicia y de la evolución de los recursos contra las resoluciones de la Junta Electoral.

En Más Radicalismo entienden que la elección debe definirse mediante el voto y no a partir de decisiones administrativas de la estructura partidaria.

La frase que circula en el entorno de Mestre —“ganar en los escritorios lo que no pueden con los votos”— busca instalar precisamente esa idea: que cualquier definición sobre la conducción debe pasar por las urnas.

Pero el oficialismo partidario tiene otra lectura y sostiene sus decisiones en el cumplimiento de las normas y los plazos establecidos por la Carta Orgánica.

En el fondo, la discusión es sobre quién tiene la última palabra: los afiliados mediante el voto, la Junta Electoral mediante la aplicación de las reglas partidarias o la Justicia Federal cuando alguno de los sectores considera vulnerados sus derechos electorales.

Una guerra que recién empieza

La resolución 7/26 no cerró la interna radical. Todo lo contrario: la llevó a una nueva etapa.

El expediente de Marcos Juárez ya está en manos de la Justicia Federal. Y ahora la decisión que dejó a Generación X como lista única para la conducción provincial amenaza con convertirse en el segundo gran frente judicial de una interna que todavía tiene varias semanas por delante.

Gvozdenovich y Jure seguirán buscando votos. Mestre continuará presionando para recuperar la competencia electoral. De Loredo y su sector buscarán sostener el terreno ganado en la estructura partidaria.

Pero, desde ahora, cada movimiento político tendrá también una lectura judicial.

La interna radical cordobesa dejó de ser solamente una elección partidaria. Es una batalla por el control de una estructura que será decisiva para definir candidaturas, alianzas y estrategias de cara a 2027.

Y mientras los radicales se preparan para votar el 20-S, una pregunta empieza a ganar peso: ¿la conducción de la UCR se definirá finalmente con los votos de los afiliados o antes, en los tribunales y en los escritorios partidarios?

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