La jefa del interbloque Juntos por el Cambio cuestionó el manejo de la Legislatura durante la crisis que terminó con la renuncia de Ramón “Cañito” Flores y apuntó contra las responsabilidades políticas del oficialismo. También cargó contra la supuesta injerencia del peronismo en la interna radical y aseguró que Rodrigo de Loredo es “el dirigente más preparado” para encabezar una alternativa opositora en 2027.

La crisis institucional que atraviesa a la Legislatura de Córdoba volvió a convertirse en uno de los principales argumentos de la oposición para endurecer su discurso contra el oficialismo provincial. En ese escenario, la jefa del interbloque Juntos por el Cambio, Alejandra Ferrero, cuestionó con dureza el manejo político de los últimos días y sostuvo que la renuncia del ahora exlegislador Ramón “Cañito” Flores fue consecuencia directa de la presión opositora y mediática.
La dirigente radical, integrante del círculo político más cercano a Rodrigo de Loredo, calificó la salida de Flores como “obligada y tardía” y apuntó directamente contra las autoridades de la Unicameral por la forma en que reaccionaron frente a la investigación judicial que involucra a asesores vinculados al exlegislador.
Ferrero puso el foco, especialmente, en los antecedentes penales de algunos integrantes del personal legislativo y recordó que desde la oposición habían impulsado pedidos de informes y reclamado explicaciones antes de que el escándalo adquiriera su actual dimensión.
Según la legisladora, la sucesión de revelaciones expuso un problema que excede la responsabilidad individual de Flores y alcanza al funcionamiento institucional de la Legislatura.
“Una renuncia obligada y tardía”
Al analizar la salida de Flores, Ferrero no dejó margen para interpretaciones.
La dirigente consideró que la dimisión se produjo “únicamente como fruto de la presión mediática y del constante accionar de la oposición” y remarcó que transcurrieron trece días hasta que el legislador decidió abandonar su banca.
Para Ferrero, la gravedad de las acusaciones que rodearon al entorno de Flores hacía que su salida fuera una consecuencia inevitable.
Pero el planteo opositor apunta más arriba. La radical cuestionó que la conducción de la Legislatura y el oficialismo no hayan actuado con mayor rapidez frente a la crisis.
En esa línea, sostuvo que la presidenta de la Unicameral y el titular del bloque oficialista tenían una responsabilidad política directa sobre la permanencia de los dirigentes y asesores involucrados en el escándalo.
“Si una situación de esta naturaleza ocurriera dentro de nuestro propio bloque, en el mismo instante se le pediría la renuncia indeclinable”, planteó Ferrero, utilizando el caso para marcar una diferencia entre los estándares que, según su visión, aplica la oposición y los que utiliza el oficialismo.
El foco puesto en los asesores
Uno de los puntos centrales de la crítica radical está puesto en el sistema de contratación y control del personal legislativo.
Ferrero recordó que su espacio había pedido información sobre Aníbal Villarreal, uno de los asesores vinculados a la investigación judicial, y que posteriormente aparecieron nuevos nombres relacionados con el caso.
La discusión dejó de ser exclusivamente política para convertirse también en una cuestión institucional: quién controla los antecedentes de quienes ingresan a trabajar a la Legislatura, qué mecanismos existen para revisar esa información y quién asume la responsabilidad cuando esos controles fallan.
La oposición busca aprovechar ese debate para instalar la idea de que el escándalo no puede cerrarse con la salida de un legislador, sino que debería derivar en una revisión integral del funcionamiento de la Unicameral.
En ese punto, Ferrero intenta trasladar el costo político al oficialismo y particularmente a quienes tienen responsabilidad en la conducción parlamentaria.
La interna radical, otro frente abierto
La dirigente también se refirió a la conflictiva interna de la UCR de Córdoba, que mantiene enfrentados a los sectores que disputan el control del partido con la mirada puesta en el escenario electoral de 2027.
Ferrero rechazó las críticas sobre la falta de democracia interna y sostuvo que ambos sectores tuvieron la posibilidad de presentar listas competitivas.
Sin embargo, elevó el tono al denunciar una supuesta intervención del peronismo en la disputa partidaria.
Según su lectura, determinados sectores del oficialismo provincial tendrían interés en influir en el resultado de la interna radical para favorecer la construcción de una oposición más funcional a sus intereses.
El argumento forma parte de una estrategia política más amplia del sector de De Loredo: presentar la elección interna no solamente como una disputa por los cargos partidarios, sino como una discusión sobre quién tendrá capacidad para construir una alternativa competitiva frente al peronismo en 2027.
Ferrero aseguró, además, que el sector liderado por De Loredo representa alrededor del 70% del partido, aunque reconoció que todavía quedan instancias institucionales por resolver.
La Junta Electoral deberá revisar las impugnaciones y definir la situación de los departamentos que todavía permanecen en disputa. Ferrero dejó abierta incluso la posibilidad de que algunos de los conflictos terminen en la Justicia.
El escenario, de ese modo, todavía está lejos de quedar cerrado.
De Loredo, el candidato que busca instalar la UCR
Más allá de la interna partidaria, Ferrero fue contundente al hablar de 2027.
Consultada sobre si Rodrigo de Loredo continúa siendo el candidato a gobernador de su sector, respondió afirmativamente y lo ubicó por encima del resto de los dirigentes opositores.
La radical destacó su capacidad intelectual, liderazgo, despliegue territorial y capacidad para conformar equipos profesionales. Pero, fundamentalmente, intentó instalarlo como el dirigente con mayores condiciones para encabezar una coalición opositora amplia.
“Es el dirigente más preparado de todos”, sostuvo.
La definición no es menor. La oposición cordobesa atraviesa una etapa de reconfiguración, con distintos espacios explorando acuerdos para enfrentar al peronismo provincial y, al mismo tiempo, resolver qué lugar ocupará La Libertad Avanza en la competencia de 2027.
En ese tablero, Ferrero apuesta a que De Loredo pueda convertirse en el punto de convergencia de un frente que supere las fronteras de la UCR.
Una alianza opositora como horizonte
Ferrero mencionó expresamente al juecismo, el PRO y Encuentro Vecinal como posibles integrantes de una coalición más amplia.
La apuesta consiste en construir una alianza electoral que tenga a De Loredo como figura central y que pueda presentarse ante el electorado como una alternativa al oficialismo provincial.
El argumento político elegido también está definido: renovación, oxigenación institucional y final de una etapa que Ferrero caracteriza como de “decadencia”.
La dirigente busca así vincular la crisis de la Legislatura con una discusión mucho más amplia sobre el modelo de poder vigente en Córdoba.
Desde esa perspectiva, los escándalos recientes no serían hechos aislados, sino síntomas de un problema institucional que la oposición pretende convertir en uno de los ejes de la campaña hacia 2027.
La estrategia tiene, además, una segunda dimensión: consolidar el liderazgo interno de De Loredo mientras la UCR intenta cerrar su propia disputa.
La interna como antesala de 2027
La definición de Ferrero deja en evidencia que la pelea radical excede ampliamente la conducción del partido. Lo que está en discusión es quién tendrá el control político de la estructura que deberá negociar candidaturas, alianzas y eventualmente la candidatura a gobernador.
Por eso, la dirigente insiste en presentar a De Loredo como el dirigente capaz de ordenar una coalición más allá de las fronteras del radicalismo.
El desafío será transformar ese liderazgo interno en una candidatura competitiva hacia afuera. Para eso deberá atravesar primero la compleja interna de la UCR, recomponer vínculos con otros sectores opositores y definir el tipo de relación que tendrá con el PRO, el juecismo y el espacio libertario.
Ferrero, mientras tanto, ya fijó posición: De Loredo es el candidato de su sector y, en su mirada, el dirigente con mejores condiciones para liderar la provincia.
En paralelo, la crisis institucional de la Legislatura le ofrece a la oposición un argumento adicional para endurecer su discurso contra el peronismo. El desafío será convertir el malestar por los escándalos en una construcción electoral capaz de competir por el poder provincial.
Porque detrás de la disputa por una banca, de la interna radical y de los cruces parlamentarios aparece una pelea mucho más grande: quién logrará ordenar a la oposición cordobesa y llegar con chances reales de disputar el poder en 2027.
