De Loredo mueve una ficha y deja al descubierto las conversaciones para un gran frente opositor en Córdoba

El radical propuso que una encuesta determine quién debería encabezar un eventual frente opositor para la Gobernación. La frase fue interpretada como un desafío a La Libertad Avanza, pero detrás del planteo aparece una señal política de mayor profundidad: las reglas para construir una alianza opositora ya comenzaron a discutirse.

Rodrigo de Loredo lanzó este lunes una propuesta que, en una primera lectura, pareció dirigida directamente a desafiar a La Libertad Avanza y al Frente Cívico. “Le propongo a La Libertad Avanza definir en encuestas quién es el más competitivo”, sostuvo el radical, abriendo públicamente una discusión que hasta ahora se mantenía en un terreno mucho más reservado.

La frase fue rápidamente interpretada como un condicionamiento: De Loredo intentando imponerle al espacio libertario un mecanismo para definir quién debería encabezar una eventual fórmula opositora para disputar la Gobernación de Córdoba en 2027.

Sin embargo, la lectura política que hacen distintos sectores del arco opositor es otra. El planteo del diputado radical podría estar exhibiendo, más que una disputa, un punto de coincidencia entre dirigentes que vienen explorando la posibilidad de confluir en un mismo espacio electoral.

Porque el verdadero dato de la declaración no estaría tanto en la encuesta, sino en que De Loredo habló de las reglas para seleccionar al candidato de una alianza que, formalmente, todavía no existe.

Y allí aparece la señal más relevante.

El candidato y las reglas del juego

En los distintos sectores que imaginan una construcción opositora existe una coincidencia básica: si finalmente se conforma un gran frente para enfrentar al peronismo cordobés, quien encabece la propuesta deberá ser el dirigente con mayores posibilidades de concentrar el voto opositor.

Eso supone medir distintas variables: intención de voto, nivel de conocimiento, imagen, capacidad de crecimiento y, fundamentalmente, competitividad frente al candidato que presente el oficialismo.

De Loredo puso sobre la mesa una herramienta concreta: las encuestas.

La metodología puede ser discutida y seguramente lo será. Pero el principio que subyace detrás del planteo resulta más difícil de cuestionar: la candidatura debería definirse en función de quién esté en mejores condiciones de ganar y no solamente de quién tenga mayor poder interno dentro de cada partido.

Ese criterio es particularmente sensible para La Libertad Avanza, que pretende preservar autonomía política y evitar que la negociación con el radicalismo termine condicionando de antemano la elección de su candidato.

Por eso, la respuesta libertaria buscó establecer un límite: no aceptar que dirigentes individuales se suban anticipadamente a candidaturas ni dar por cerrada una discusión que todavía requiere resolver varias instancias internas.

Una alianza que todavía no existe, pero ya discute sus reglas

El aspecto más significativo de la discusión es que De Loredo se refirió a cómo debería definirse una candidatura dentro de una alianza que todavía no fue formalmente constituida.

Ese detalle permite interpretar sus palabras de otra manera.

Si no existiera ningún diálogo sobre una eventual convergencia electoral, la discusión sobre el mecanismo para elegir candidato sería prematura. En cambio, que empiece a aparecer públicamente supone que la conversación, al menos en algunos niveles, ya avanzó desde la posibilidad abstracta de una alianza hacia cuestiones más concretas.

Quiénes podrían integrarla, cómo se mediría la competitividad de cada dirigente y bajo qué condiciones se definirían las candidaturas empiezan a formar parte del mismo debate.

La encuesta, entonces, puede ser apenas una pieza de una discusión mucho mayor.

El diálogo que no se muestra públicamente

En paralelo a las declaraciones públicas, el vínculo entre dirigentes radicales y referentes nacionales de La Libertad Avanza continúa.

En ese esquema aparece el diálogo entre De Loredo y Eduardo “Lule” Menem, además de los contactos con Martín Menem. Se trata de conversaciones que, según distintas fuentes del espacio opositor, mantienen continuidad y fluidez.

Esto no significa que exista un acuerdo cerrado. Mucho menos que esté definida una alianza electoral.

Pero sí permite entender por qué determinadas declaraciones públicas pueden tener una lectura diferente a la que surge de la superficie.

Mientras en público cada espacio preserva su identidad y marca diferencias, por debajo continúa la exploración de un esquema que permita llegar a 2027 con una oferta electoral capaz de disputar el poder provincial al peronismo.

La negociación, en todo caso, parece atravesar una etapa en la que todavía nadie quiere mostrar todas sus cartas.

LLA también tiene su propia interna

La Libertad Avanza enfrenta, además, una cuestión previa: resolver su propia interna.

En el espacio libertario sostienen que antes de avanzar en una negociación formal con la UCR deben ordenar las diferencias internas y definir quiénes tendrán capacidad real de decisión.

Ese proceso debería destrabarse en las próximas semanas, ya sea mediante las urnas o a través de un acuerdo interno.

Mientras tanto, tampoco existe demasiado incentivo para que el partido de Javier Milei consagre anticipadamente a un candidato provincial.

Gabriel Bornoroni continúa construyendo su propia candidatura y busca posicionarse como uno de los nombres centrales del espacio libertario para 2027.

Al mismo tiempo, el Frente Cívico de Luis Juez forma parte de un esquema opositor que pretende conservar autonomía y capacidad de negociación.

Por eso, cualquier definición apresurada podría terminar debilitando a alguno de los actores que eventualmente deberían sentarse a negociar.

La disputa por el liderazgo opositor

El trasfondo de la discusión es, en realidad, quién tendrá el liderazgo de la oposición cordobesa en 2027.

De Loredo busca preservar el peso específico de la UCR y evitar que una eventual alianza con los libertarios se transforme en una absorción del radicalismo por parte de La Libertad Avanza.

Los libertarios, en cambio, pretenden evitar que una estructura opositora más amplia termine imponiendo candidaturas o condiciones antes de que ellos hayan consolidado su propio espacio.

Y el Frente Cívico tampoco está dispuesto a quedar reducido al papel de acompañante en una eventual coalición.

Los tres sectores tienen algo en común: necesitan al otro, pero ninguno quiere aparecer como dependiente del otro.

Ese equilibrio explica buena parte de las señales contradictorias que aparecen en público.

Una negociación que empieza a hacerse visible

La política cordobesa todavía está lejos de una definición electoral. Falta tiempo para 2027 y sobran obstáculos para construir una coalición que reúna a sectores con identidades, estructuras y ambiciones diferentes.

Pero la declaración de De Loredo aporta un elemento novedoso.

Hasta ahora, la discusión giraba principalmente alrededor de si UCR, LLA y el Frente Cívico podían compartir un mismo espacio. Ahora empieza a aparecer otra pregunta: si lo hacen, cómo se define quién conduce y quién encabeza.

Ese cambio de eje no es menor.

Porque cuando una conversación política pasa de discutir si una alianza es posible a discutir las condiciones bajo las cuales debería funcionar, significa que algo comenzó a moverse.

De Loredo habló de encuestas. Los libertarios respondieron que no es momento de anticipar candidaturas. Cada uno defendió su posición.

Pero detrás de esas diferencias aparece una coincidencia estratégica: si finalmente se construye un gran frente opositor, todos saben que deberán encontrar algún mecanismo para ordenar las ambiciones individuales y determinar quién tiene mejores posibilidades de competir contra el peronismo.

La discusión pública recién comienza. La conversación privada, todo indica, empezó bastante antes.

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