Llaryora ordena el PJ Capital para blindar su reelección, mientras la sucesión de Passerini abre una disputa con Quinteros en el centro de la escena
En los próximos días quedará formalmente constituida la nueva Junta Capital del Partido Justicialista. La consigna será una sola: comenzar desde ahora la construcción política de la reelección de Martín Llaryora en 2027. Sin embargo, detrás de esa definición aparece una incógnita que atraviesa al oficialismo: quién sucederá a Daniel Passerini en la Municipalidad de Córdoba. El nombre de Juan Pablo Quinteros genera resistencias dentro del peronismo, mientras Miguel Siciliano también gana espacio en el tablero del gobernador.

Con la definición de las nuevas autoridades partidarias, el peronismo de la ciudad de Córdoba pondrá en marcha una nueva etapa de reorganización política que tendrá un objetivo excluyente: trabajar territorialmente para garantizar la reelección del gobernador Martín Llaryora en 2027.
La decisión responde a una estrategia diseñada desde el Panal. Mientras el calendario electoral todavía no comenzó formalmente, el gobernador pretende que el PJ vuelva a convertirse en la principal herramienta de movilización política, contención interna y construcción territorial tanto en la Capital como en el interior provincial.
En ese esquema, la prioridad no es discutir candidaturas municipales sino consolidar el liderazgo de Llaryora. En el oficialismo reconocen que esa es, por ahora, la única certeza.
Pero esa definición también deja al descubierto el gran interrogante que atraviesa al peronismo capitalino: quién será el candidato para suceder a Daniel Passerini.
La sucesión que todavía nadie puede resolver
La carrera por la Municipalidad aparece completamente abierta.
No solamente porque existen numerosos dirigentes interesados en competir, sino porque el debate de fondo pasa por otro lado: hasta dónde está dispuesto Llaryora a priorizar la competitividad electoral por encima de la pertenencia partidaria.
En distintos sectores del PJ ya admiten que el cordobesismo que conduce el gobernador ha demostrado reiteradamente que privilegia el pragmatismo político antes que las lógicas tradicionales del partido.
Por eso comenzó a instalarse con fuerza un escenario que hasta hace algunos años hubiera parecido impensado: la posibilidad de que el candidato del oficialismo no provenga del núcleo histórico del justicialismo.
Quinteros, el nombre que divide al peronismo
En ese contexto, el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, pasó a ocupar el centro de las especulaciones.
Su creciente protagonismo político no pasa inadvertido.
El funcionario exhibe una autonomía poco habitual dentro del gabinete provincial. Habla con libertad, fija posiciones propias y, lejos de moderar su perfil, en las últimas semanas profundizó esa construcción personal.
Incluso llegó a sostener públicamente que, después del gobernador, es el ministro que más trabaja, una afirmación que fue interpretada dentro del oficialismo como un mensaje interno dirigido tanto a sus colegas como al propio sistema político.
Nada de eso parece incomodar a Llaryora.
Por el contrario, dentro del oficialismo interpretan que el ministro conserva un fuerte respaldo del gobernador, algo que alimenta las versiones sobre una eventual candidatura para disputar la Capital.
Sin embargo, ese escenario no genera entusiasmo dentro del PJ.
Lejos de convertirse en un dirigente de consenso, Quinteros aparece como uno de los nombres que mayor resistencia despierta entre buena parte de la dirigencia territorial, que observa con desconfianza la posibilidad de que un extrapartidario termine encabezando el proyecto municipal.
La discusión recién comienza, pero ya deja expuesta una tensión que probablemente acompañará al oficialismo durante los próximos meses.
Siciliano, el otro jugador que gana protagonismo
Si Quinteros representa la alternativa más disruptiva, Miguel Siciliano aparece como la expresión del peronismo propio.
El ministro de Vinculación Institucional evita hablar de una candidatura y públicamente niega cualquier intención electoral.
Sin embargo, los gestos políticos suelen tener mayor peso que las declaraciones.
En prácticamente cada actividad importante que el gobernador desarrolla en la ciudad de Córdoba, Siciliano ocupa un lugar central.
Recorridas, inauguraciones, programas sociales y anuncios oficiales muestran una presencia constante del funcionario junto a Llaryora, una señal que dentro del oficialismo pocos consideran casual.
Aunque todavía no exista una definición, en el PJ muchos interpretan que el ministro forma parte del reducido grupo de dirigentes que el gobernador mantiene bajo observación para la carrera municipal.
El nuevo mapa del PJ Capital
La reorganización partidaria comenzará a tomar forma en los próximos días con la puesta en funciones de la nueva Junta Capital y la posterior proclamación de los consejos seccionales.
Daniel Passerini continuará siendo el presidente natural del PJ Capital, acompañado por el concejal Raúl La Cava como presidente alterno.
Por decisión directa de Martín Llaryora, el funcionario provincial Paulo Cassinerio ocupará el cargo de representante uninominal, una función que hasta ahora desempeñaba Alejandra Vigo.
Como suplente fue designada la concejala Soledad Sarazaga, dirigente vinculada políticamente a Miguel Siciliano.
La conducción se completa con dirigentes de distintos sectores internos, entre ellos Claudia Martínez, Sandra Trigo, Leonardo Limia, Victoria Flores, Marcos Vázquez, Carmen Suárez, Héctor «Pichi» Campana, Rosalía Cáceres, Sergio Lorenzatti, Roxana Pérez, Diego Hak, Marcelo Rodio y otros referentes del oficialismo capitalino.
La integración busca mostrar amplitud, equilibrio territorial y representación de las distintas líneas que hoy conviven dentro del cordobesismo.
Una herramienta para ordenar el poder
La decisión de revitalizar el PJ Capital no responde únicamente a una necesidad organizativa.
En el entorno del gobernador consideran que el partido debe recuperar plenamente su capacidad de movilización y transformarse nuevamente en el instrumento político que permita ordenar la interna, contener a los distintos sectores y sostener la estructura electoral de cara al próximo turno provincial.
La experiencia de los últimos años respalda esa estrategia.
Desde la reorganización impulsada por Alejandra Vigo en 2017, el peronismo capitalino recuperó capacidad territorial, acompañó la elección legislativa que llevó a Llaryora al Congreso, luego fue clave para su llegada a la Municipalidad y posteriormente resultó determinante para convertir a Daniel Passerini en intendente.
Ese modelo de trabajo, basado en coordinadores territoriales por seccional y una fuerte presencia militante, es el que ahora el oficialismo pretende reeditar.
Una campaña con una certeza y una advertencia
En el PJ nadie discute que la campaña comenzará con un único mensaje: militar la continuidad de Martín Llaryora al frente de la Provincia.
La discusión por la Capital, en cambio, quedará para más adelante.
Sin embargo, las primeras advertencias ya comenzaron a escucharse.
Aunque la mayoría de la dirigencia acepta que será el gobernador quien tendrá la última palabra sobre la candidatura municipal, varios referentes reconocen en privado que no mostrarán el mismo nivel de compromiso si el elegido termina siendo un dirigente ajeno al riñón del peronismo.
Es una tensión silenciosa, todavía contenida, pero que refleja uno de los principales desafíos políticos que deberá administrar Llaryora: equilibrar el pragmatismo electoral con las expectativas de una estructura partidaria que reclama protagonismo propio después de haber sido una pieza clave en la recuperación del poder en la ciudad de Córdoba.
