La vicegobernadora decidió competir por la Intendencia y profundiza sus recorridas por distintos barrios de la ciudad. Su cambio de domicilio a General Paz y la construcción de vínculos con organizaciones comunitarias marcan el inicio de un proyecto que busca ganar volumen territorial dentro del cordobesismo.

Myrian Prunotto dejó atrás las especulaciones y comenzó a trabajar de lleno en su proyecto político para 2027. La vicegobernadora ya tomó la decisión de disputar la Intendencia de Córdoba y empezó a desplegar una agenda territorial que apunta a instalar su figura en los barrios y posicionarla dentro de la discusión por la sucesión de Daniel Passerini.
En las últimas semanas, sus movimientos adquirieron mayor frecuencia y dejaron de limitarse a las actividades propias de su función institucional. Durante el último fin de semana participó de la Noche de las Galerías, recorrió barrio Obrero y estuvo presente en las actividades por el Día de los Muertos en La Toma, en Alto Alberdi. La agenda continúa con visitas a diferentes sectores de la ciudad.
El cronograma previsto incluye una recorrida por barrio Lamadrid, una visita al Club Santa Elena y actividades en la seccional tercera. También contempla un paso por Ampliación Yapeyú, en la seccional sexta, y un encuentro en el Centro de Jubilados Las Palmas, correspondiente a la seccional once.
La distribución de estas actividades no parece casual. Prunotto busca ampliar su presencia más allá de los ámbitos institucionales y establecer vínculos directos con referentes territoriales, clubes, centros de jubilados y organizaciones comunitarias. El objetivo es comenzar a construir una estructura propia en una ciudad donde el peso de las seccionales y las redes barriales sigue siendo determinante para cualquier proyecto electoral.
Un domicilio y una definición política
El desembarco de Prunotto en la Capital tuvo una primera señal concreta meses atrás, cuando trasladó su domicilio a la avenida 24 de Septiembre, en barrio General Paz. La propia vicegobernadora confirmó recientemente el cambio y dejó explícita su intención de competir por la Intendencia.
La mudanza tiene una dimensión política, pero también administrativa: le permite votar en la ciudad y constituye un paso relevante para una eventual participación electoral. De todos modos, el domicilio no resuelve por sí solo las condiciones legales para una candidatura, que deberá ajustarse a los requisitos establecidos por la normativa vigente.
Su trayectoria como exintendenta de Estación Juárez Celman le aporta experiencia en la gestión municipal y conocimiento de la dinámica territorial. Sin embargo, el desafío será trasladar ese recorrido a una ciudad de otra escala, con una estructura política más compleja y demandas muy diferentes.
En ese camino también aparece un antecedente dentro del propio cordobesismo: Martín Llaryora llegó a la Intendencia capitalina después de haber gobernado San Francisco. La experiencia demuestra que el paso de un municipio del interior a la principal ciudad de la provincia no es un recorrido imposible, aunque exige construir volumen político y una propuesta capaz de responder a una realidad urbana mucho más amplia.
La sucesión de Passerini entra en movimiento
La frecuencia de las recorridas muestra que Prunotto decidió anticiparse a los tiempos formales de la discusión electoral. Ya no se trata de apariciones aisladas, sino de una agenda concentrada en Córdoba Capital, con la intención de ganar conocimiento público y consolidar relaciones territoriales antes de que el oficialismo comience a ordenar sus candidaturas.
La sucesión de Daniel Passerini todavía tiene varios capítulos pendientes. No hay una definición sobre el mecanismo que utilizará el cordobesismo para seleccionar a su candidato, ni sobre el lugar que ocuparán las distintas figuras que aspiran a conducir la ciudad. Pero la vicegobernadora ya decidió ocupar un espacio en esa conversación.
Su movimiento también introduce una variable en el esquema del PJ capitalino. Hasta ahora, buena parte de la discusión municipal se había concentrado en las estructuras partidarias tradicionales y en los dirigentes con trayectoria en la ciudad. La irrupción de Prunotto, desde una posición institucional de peso y con una agenda territorial propia, obliga a ampliar el escenario.
La incógnita ya no es solamente quién sucederá a Passerini, sino cómo resolverá el cordobesismo una competencia que comienza a tomar forma antes de lo previsto. Prunotto quiere llegar a esa instancia con presencia en los barrios, vínculos propios y una plataforma política que le permita disputar algo más que un lugar en la mesa de negociación.
