La conducción de Matías Gvozdenovich pidió a los dirigentes del interior que denuncien a quienes hayan trabajado para otras fuerzas o actuado contra el radicalismo. El relevamiento podría ampliar la lista de señalados y derivar en expulsiones y sanciones. La reforma de la Carta Orgánica llegará a fines de enero y la Casa Radical tendrá un espacio para exhibir públicamente a los apartados.

La Unión Cívica Radical de Córdoba abrió un nuevo frente puertas adentro. Después de ordenar su conducción provincial y habilitar la negociación de futuras alianzas electorales, el partido puso en marcha un proceso de revisión de sus afiliados con un objetivo explícito: identificar y sancionar a quienes hayan trabajado para otras fuerzas políticas o actuado en contra de los intereses de la estructura radical.
La instrucción partió del presidente del Comité Provincia, Matías Gvozdenovich, quien pidió a los dirigentes del interior que realicen un relevamiento territorial y denuncien a los correligionarios que hayan jugado para otros espacios en los últimos procesos electorales. La consigna es depurar el padrón y conservar dentro del partido a quienes, según el criterio de la nueva conducción, sostienen un compromiso efectivo con la UCR.
Por el momento, hay 18 nombres bajo análisis. Sin embargo, ese número podría crecer a medida que los referentes departamentales completen sus informes y eleven nuevas denuncias. La nómina inicial aparece así como el primer tramo de un proceso cuyo alcance todavía no está definido.
Las presentaciones podrían activar procedimientos disciplinarios que deriven en desafiliaciones, expulsiones u otras sanciones. La decisión abre, en los hechos, una revisión de conductas que promete generar tensión entre sectores internos y dirigentes que, en los últimos años, participaron de distintas construcciones electorales.
Ordenar la tropa también tiene un capítulo disciplinario
La ofensiva se inscribe en una etapa de reorganización del radicalismo cordobés. Con Gvozdenovich al frente del Comité Provincia y luego de que el Congreso partidario habilitara a la conducción a negociar alianzas para las próximas elecciones, la UCR busca reordenar su estructura con la mira puesta en 2027.
Ese proceso no se limitará a definir una estrategia electoral ni a establecer con qué espacios será posible acordar. También incluirá una revisión de la conducta de sus propios afiliados. La intención es marcar límites hacia adentro y dejar en claro que la participación en otras fuerzas políticas puede tener consecuencias sobre la pertenencia partidaria.
El mecanismo institucional para avanzar con las denuncias es el Tribunal de Conducta, previsto en la Carta Orgánica. Ese régimen establece las reglas de funcionamiento interno y contempla las sanciones aplicables a los afiliados. Hasta que se concrete la reforma anunciada, los casos deberán tramitarse bajo las disposiciones actualmente vigentes.
La conducción prevé modificar la Carta Orgánica hacia fines de enero, con la intención de actualizar las herramientas disciplinarias y adecuarlas a los comportamientos que considera incompatibles con la pertenencia radical. La reforma será, por lo tanto, otra pieza del reordenamiento que impulsa el nuevo oficialismo partidario.
Un panel de hierro para exhibir a los expulsados
Pero la iniciativa más llamativa no estará en el texto de la nueva Carta Orgánica. Durante las remodelaciones de la Casa Radical, la conducción encontró un antiguo panel de hierro al que Gvozdenovich decidió asignarle una función particular: convertirlo en un espacio para exhibir los nombres de los afiliados que sean expulsados.
Según explicó el titular del partido, la estructura será instalada en el ingreso de la sede provincial y allí se colocarán, uno por uno, los nombres de quienes resulten apartados por conductas consideradas inapropiadas.
La decisión suma una dimensión pública y simbólica al procedimiento disciplinario. No se tratará solamente de resolver administrativamente la situación de un afiliado, sino también de dejar constancia de su expulsión ante quienes ingresen a la Casa Radical. Una modalidad que, más allá de la denominación que elija la conducción, se parece bastante a un escrache partidario.
La medida anticipa un clima de mayor control interno en una UCR que intenta recuperar orden y cohesión mientras discute su futuro electoral. La depuración del padrón podría convertirse en una herramienta para disciplinar a la tropa, pero también abrir nuevos conflictos entre dirigentes y sectores que todavía mantienen diferencias sobre el rumbo del partido.
Con 18 nombres identificados y un relevamiento territorial que recién comienza, la pregunta ya no es solamente quiénes serán alcanzados por las sanciones, sino hasta dónde llegará la ofensiva. La incógnita es cuántos nombres terminarán escritos sobre el hierro de la Casa Radical.
