Los sondeos del Panal ubican al gobernador por encima de Bornoroni, Juez y De Loredo. Sin embargo, el oficialismo prepara una estrategia para contener a La Libertad Avanza, sumar aliados y disputar la agenda de reducción de impuestos y reforma del Estado.

Martín Llaryora confía en los números que maneja el Panal para buscar su reelección en 2027. Según la última encuesta de una de las principales consultoras que trabajan para el oficialismo, el gobernador se impondría ante cualquiera de los tres principales referentes opositores. La preocupación pasa por otro lado: que Gabriel Bornoroni, Luis Juez y Rodrigo de Loredo logren confluir en un mismo frente.
Los sondeos muestran escenarios diferentes. Frente a Juez, Llaryora obtiene el 37% contra el 31% del senador, mientras Natalia de la Sota marca apenas el 2,5%. Ante Bornoroni, con la diputada integrada al peronismo provincial, la ventaja sería de 40,5% a 21%. Contra De Loredo, el resultado sería 40% a 29%.
Si libertarios y radicales compiten por separado, el gobernador conservaría el 40%, Bornoroni llegaría al 20% y De Loredo quedaría en el 9,4%. Son cifras que entusiasman al oficialismo, aunque todavía no hay candidaturas ni alianzas definidas.
El interior, la principal apuesta
Más allá de la intención de voto, el Panal destaca la imagen del gobernador: 53% de aprobación frente a 40% de desaprobación. El oficialismo asegura que la tendencia también se observa en la Capital, pero ubica su mayor fortaleza en el interior.
Por eso, Llaryora insiste con recorrer la provincia, pese a las recomendaciones de concentrarse en las 25 ciudades más importantes. En el cordobesismo apuestan a que las elecciones de La Falda, las primeras del calendario municipal, marquen el inicio de una campaña territorial intensa.
En paralelo, contrastan esos números con la imagen de Javier Milei en Córdoba, a quien atribuyen un 36% de aprobación y un 61% de rechazo. El dato ayudaría a explicar la decisión de Luis Juez de recorrer las seccionales capitalinas, formalmente para cuestionar la gestión de Daniel Passerini y mantener activa a su militancia.
El temor a un acuerdo opositor
Aunque se muestra confiado, el llaryorismo contempla una oposición unificada. Sigue de cerca las tensiones dentro de La Libertad Avanza y apuesta a que Bornoroni no termine alineado con quienes promueven una alianza amplia con el radicalismo.
El interlocutor nacional de Llaryora continúa siendo Diego Santilli, pero en el Panal reconocen que su capacidad para influir en las decisiones libertarias es limitada. Si los Menem y Karina Milei impulsan un acuerdo que incluya a De Loredo y tenga a Bornoroni como candidato, el gobernador amenaza con responder en las elecciones nacionales.
La alternativa sería competir por una tercera vía en octubre de 2027 para restarle votos al oficialismo nacional. En el peronismo cordobés todavía recuerdan el peso que tuvo Córdoba en la derrota presidencial de Sergio Massa.
Natalia y las cartas para 2027
La posición de Natalia de la Sota también forma parte de los cálculos. En el oficialismo consideran que una candidatura a gobernadora podría desgastarla si obtiene menos votos que en las legislativas de 2025. La diputada, en cambio, conserva sus propias expectativas y todavía no definió cómo jugará frente al calendario electoral.
Llaryora buscará ampliar el cordobesismo con sectores afines y dirigentes que no se alinean con Milei. Natalia aparece entre los posibles aliados, junto con el PRO y otras fuerzas.
La estrategia incluirá dos propuestas para disputar la agenda libertaria: reducir la presión fiscal y modificar los requisitos de ingreso al empleo público provincial. En el Panal sostienen que la sociedad reclama señales en ambas direcciones.
La reciente modificación del Estatuto Municipal, que ajusta los controles para ingresar y permanecer en la administración, anticipa parte de esa discusión.
Con las encuestas a favor, Llaryora se prepara para defender su gestión y buscar otros cuatro años en el poder. Pero sabe que el resultado dependerá tanto de su propio desempeño como de la capacidad de sus adversarios para superar sus diferencias. La principal apuesta del gobernador es que la oposición no consiga convertir sus votos dispersos en una alternativa competitiva.
