Martín Llaryora necesita a toda la dirigencia alineada detrás de su reelección, pero el recambio obligado de legisladores y concejales amenaza con recalentar la interna. Con bancas limitadas y múltiples sectores que reclamarán representación, el armado de las listas será una prueba para el liderazgo del gobernador.

En el cordobesismo ya empieza a instalarse una pregunta incómoda de cara a 2027: ¿dónde irán los dirigentes que no pueden renovar sus bancas? Martín Llaryora necesita que todo el oficialismo trabaje por su reelección, pero deberá administrar, al mismo tiempo, una renovación parlamentaria que amenaza con dejar a varios referentes sin el lugar que esperaban.
El problema alcanza a buena parte de los legisladores provinciales y concejales de la ciudad de Córdoba que ya cumplieron dos mandatos consecutivos. Aunque por ahora las especulaciones circulan en conversaciones reservadas, el reparto de candidaturas empieza a perfilarse como uno de los principales desafíos internos del peronismo.
De la mayoría aplastante al reparto ajustado
El escenario actual está lejos de aquel de 2019, cuando Juan Schiaretti consiguió 51 de las 70 bancas de la Legislatura y consolidó un poderío parlamentario difícil de discutir.
Cuatro años después, Llaryora llegó al gobierno con una ventaja de apenas tres puntos sobre Luis Juez y sin mayoría propia. El equilibrio inicial duró poco: el peronismo hizo valer su estructura política y reconstruyó una mayoría legislativa. Sin embargo, no logró revertir la pérdida de representación territorial en departamentos clave, un déficit que ahora buscará corregir.
Con una elección provincial que promete ser trabajosa, el oficialismo deberá combinar dos objetivos: retener el poder y recuperar terreno en el interior. En ese tablero, las bancas disponibles serán un recurso escaso y cada sector buscará defender su lugar.
La primera dificultad es evidente: no habrá espacio para todos, al menos no en los puestos que cada dirigente considera propios.
Los cargos ejecutivos pueden funcionar como una vía de contención, pero tampoco sobran. Un eventual segundo mandato de Llaryora seguramente traerá cambios en el gabinete, aunque difícilmente alcance para satisfacer todas las aspiraciones. Y si Hacemos Unidos por Córdoba pierde la Municipalidad capitalina, las alternativas se reducirán todavía más.
La Legislatura: una lista para muchos pretendientes
Entre quienes ya no podrían volver a integrar la lista de aspirantes a la Legislatura se encuentran Manuel Calvo, Claudia Martínez, Nadia Fernández, Laura Jure, Ricardo Sosa, Carmen Suárez, Matías Chamorro, Facundo Torres y Juan José Blangino. También Julieta Rinaldi, Victoria Busso, Leonardo Limia, Mariano Lorenzo, Rodrigo Rufeil, Cristina Pereyra, Doris Mansilla y Carlos Lencinas.
El recambio obliga a recalcular posibilidades. En 2023, Hacemos Unidos obtuvo 20 bancas por la lista sábana y 13 por los departamentos. La primera es especialmente atractiva: sus candidatos dependen del arrastre de la fórmula provincial, mientras que los postulantes departamentales deben imponerse en una disputa territorial directa.
Pero ni siquiera esos 20 lugares estarán enteramente disponibles. La representación femenina, las decisiones del gobernador y los acuerdos con los distintos sectores reducirán el margen para las pretensiones individuales.
El schiarettismo y el viguismo buscarán conservar su peso; el passerinismo también tendrá reclamos propios y podría abrirse un espacio para Natalia de la Sota si prospera algún entendimiento. Actualmente, Bernardo Knipscheer representa a la diputada dentro de la Legislatura. A ese esquema se suma la representación sindical, que tradicionalmente consigue uno o dos lugares en la boleta.
Así, el armado electoral será mucho más que una selección de candidatos: mostrará cómo se distribuye el poder dentro del oficialismo y qué lugar conserva cada una de sus vertientes.
El interior, entre la lista sábana y la pelea territorial
La escasez de lugares expectables también alimentará la disputa entre dirigentes del interior. Algunos referentes buscarán entrar en los primeros 20 puestos de la lista provincial para evitar una elección departamental incierta. Otros deberán competir en sus distritos y demostrar que pueden aportar triunfos decisivos al proyecto reeleccionista.
El peronismo tiene varias cuentas pendientes desde 2023. Río Cuarto aparece entre los objetivos principales, con Juan Manuel Llamosas como una de las referencias del oficialismo provincial. En Unión, el nombre de Abraham Galo está entre las opciones, aunque podría repetirse su candidatura por la lista sábana y dejar otro postulante para la competencia departamental.
En Marcos Juárez, Eduardo Foresi podría asumir el desafío de defender el territorio. Para Juárez Celman aparece el intendente de Ucacha, Ariel Moreyra, mientras que en Punilla podría anotarse Fabricio Díaz, actual jefe municipal de Capilla del Monte.
San Martín es otro de los departamentos que el peronismo buscará recuperar. Allí tienen peso Eduardo Accastello y su esposa, Verónica Navarro, aunque también vuelve a asomar Martín Gill, recientemente sobreseído en la causa judicial que derivó en su renuncia como ministro.
La tensión es clara: los referentes territoriales necesitan lugares que les permitan mantener su representación, mientras que el gobernador deberá equilibrar esas demandas con la necesidad de construir una lista competitiva.
Concejo Deliberante: otra cuenta que no cierra
En la ciudad de Córdoba, el panorama tampoco es sencillo. La lista del Partido Cordobés para el Concejo Deliberante aparece igualmente limitada, en un espacio donde conviven dirigentes que responden al intendente Daniel Passerini, al gobernador, a Miguel Siciliano, a Natalia de la Sota y a Alejandra Vigo.
De los 16 concejales actuales, los nombres que podrían repetir son Soledad Zarazaga, Mónica Rosales, Mauricio Romero y Miriam Aparicio. También Martín Simonian, aunque su futuro podría estar en la lista legislativa por impulso del passerinismo.
La renovación dejaría afuera de los lugares expectables a dirigentes como Raúl La Cava, Marcelo Rodio, Sandra Trigo y Juan Domingo Viola, entre otros.
A la disputa entre los sectores se agrega otra variable: el candidato a intendente. Si el oficialismo apuesta por una figura extrapartidaria, esa decisión podría reducir aún más el espacio disponible para los dirigentes propios, ya que el postulante seguramente reclamará lugares para sus representantes.
El Concejo se encamina, por lo tanto, a una negociación en la que la trayectoria, la pertenencia política y el peso territorial deberán medirse contra una realidad concreta: las bancas no alcanzarán para todos.
La reelección como factor de orden
A medida que se acerque la definición de las candidaturas, los intereses individuales comenzarán a chocar con las necesidades de una coalición que Llaryora promete seguir ampliando. Habrá dirigentes que reclamarán reconocimiento por su trayectoria, otros que exigirán oportunidades y varios que buscarán traducir su representación territorial en un lugar concreto.
La renovación obligada puede convertirse así en una discusión más profunda sobre el futuro del cordobesismo: quiénes tendrán poder de decisión, cuánto pesarán las distintas vertientes del peronismo y hasta dónde llegará la capacidad del gobernador para ordenar las ambiciones de su propio espacio.
Por ahora, la reelección de Llaryora funciona como el principal punto de coincidencia. Es el objetivo que permite mantener alineados a sectores con intereses diferentes. Pero ese acuerdo tiene un límite: compartir la necesidad de sostener al gobernador no garantiza un lugar en el próximo esquema de poder.
Y ahí aparece la paradoja que deberá resolver Llaryora: necesita que todos empujen su candidatura, aunque varios de ellos podrían quedarse sin banca cuando termine de armar las listas.
