Natalia se despega de Llaryora y desafía al Panal

La diputada nacional profundizará sus recorridas por el interior y la Capital y mantiene abierta la posibilidad de ser candidata a gobernadora. En su entorno aseguran que podría transformarse en la única opción competitiva abiertamente opositora a Javier Milei. El Panal, en cambio, sostiene que Martín Llaryora puede ser reelecto aun sin un acuerdo con el natalismo, una definición que volvió a encender la tensión interna del peronismo cordobés.

Natalia de la Sota decidió modificar el equilibrio que venía sosteniendo entre su actividad nacional y su presencia territorial en Córdoba. La diputada nacional incrementará durante los próximos meses sus recorridas por el interior y la Capital provincial, en una señal que adquiere una lectura política concreta: mantener abierta la construcción de un espacio propio con horizonte en 2027.

En esa agenda tendrá un lugar importante la presentación del libro de su hermano, Francisco Zanichelli, sobre el legado y las ideas del exgobernador José Manuel de la Sota. Pero detrás de esas actividades comienza a ganar fuerza una posibilidad que hasta hace poco aparecía como una hipótesis más: que Natalia compita por la Gobernación.

Su mesa chica ya instaló el concepto que busca diferenciarla del resto del escenario provincial. La pretensión es convertirse en “la única postulante anti Milei” entre los dirigentes con posibilidades reales de disputar el poder.

Un argumento que apunta contra todo el sistema opositor

En el entorno de la diputada sostienen que la particularidad de su posicionamiento está en marcar distancia no solamente con el Gobierno nacional, sino también con quienes, desde Córdoba, consideran que terminan favoreciendo la continuidad del Presidente.

La enumeración es contundente: Martín Llaryora, Gabriel Bornoroni, Rodrigo De Loredo y Luis Juez. La lectura del natalismo es que todos, por diferentes caminos, terminan formando parte de un escenario que puede favorecer la reelección de Milei.

La construcción política de Natalia se explica, en buena medida, desde esa diferenciación. Su alejamiento del oficialismo provincial se profundizó después del ballotage de 2023, cuando el peronismo cordobés terminó siendo funcional al triunfo de Milei frente a Sergio Massa.

Desde entonces, la diputada fue consolidando un perfil opositor al Gobierno nacional que ahora intenta convertir en identidad electoral.

El mensaje del Panal que encendió al natalismo

La tensión volvió a crecer por una señal que llegó desde el propio Panal. Allí comenzaron a circular versiones según las cuales Llaryora estaría en condiciones de ser reelecto aun en un escenario donde Natalia decida competir por fuera de la estructura oficialista.

La definición no es menor. No solamente busca exhibir fortaleza electoral del gobernador, sino también reducir el peso político de la dirigente y de su espacio, Defendiendo Córdoba.

Cerca de Natalia aseguran que el sector puede aportar entre seis y siete puntos y que parte de ese electorado podría regresar al peronismo oficial en una elección ejecutiva. En el llaryorismo, en cambio, parecieran asumir que la eventual candidatura de De la Sota no pondría en riesgo el proyecto de reelección.

El mensaje generó malestar. En el natalismo lo interpretan como un intento de “ningunear” a la diputada y, lejos de facilitar un acuerdo, consideran que ese tipo de señales pueden empujar definitivamente a una lista propia en las elecciones provinciales de 2027.

La discusión, además, excede la interna peronista. En la oposición siguen con atención la relación entre Llaryora y Natalia porque cualquier ruptura podría modificar el reparto de votos y las posibilidades de cada espacio.

Llaryora todavía apuesta a la unidad

Pese a las diferencias, la relación entre ambos sectores no está totalmente quebrada. Después de la misa por el aniversario de la muerte de José Manuel de la Sota, organizada por Natalia y con presencia de Llaryora, Manuel Calvo y Daniel Pastore, comenzaron a aparecer señales de acercamiento.

Ese escenario permitió reducir parcialmente las distancias y abrir canales de diálogo que, según reconocen en ambos sectores, nunca se terminaron de cortar.

Uno de esos puentes sigue siendo el vínculo entre Calvo y el legislador provincial Bernardo Knipscheer, pareja y uno de los principales estrategas políticos de Natalia.

La discusión de fondo, sin embargo, continúa abierta: si el peronismo cordobés podrá llegar unido a 2027 o si la creciente distancia entre el gobernador y el natalismo terminará convirtiéndose en una competencia interna con consecuencias electorales.

Octubre será una primera prueba

El Congreso ofrecerá en los próximos días dos escenarios para medir cuánto margen existe para un entendimiento.

El primero será la sesión del 15 de octubre en la Cámara de Diputados, donde se buscará avanzar con la derogación del DNU 70/2023. El decreto ya fue rechazado por el Senado y ahora la atención estará puesta en la posición de los diputados cordobeses.

Natalia ya anticipó que rechazará el decreto y reclamó a sus pares del PJ Córdoba que acompañen esa postura.

Desde el llaryorismo, por su parte, mantienen una posición de presión sobre la Casa Rosada y plantean que podrían rechazar el DNU si Nación no garantiza mecanismos para evitar la extranjerización de tierras mediante una ley o una reforma.

Sin embargo, dentro de la política cordobesa se admite que pueden existir ausencias o abstenciones. Se trata de una herramienta que el cordobesismo ya ha utilizado en otras discusiones nacionales y que puede terminar ofreciendo un margen de negociación con el Gobierno libertario.

La pelea por las PASO

La segunda prueba estará vinculada con las elecciones primarias. Allí las diferencias entre ambos sectores aparecen todavía más marcadas.

El delasotismo sostiene que suspender las PASO obligatorias sería, en los hechos, evitarle a Milei una eventual derrota electoral en agosto y el impacto político posterior. Por eso consideran que no se trata solamente de una discusión sobre la organización interna del peronismo nacional.

Para Natalia y su entorno, aceptar la suspensión significaría contribuir al escenario electoral que necesita el Gobierno nacional para sostener su proyecto de reelección.

La posición resulta especialmente incómoda para el llaryorismo porque Hacemos Unidos por Córdoba mantiene una histórica oposición a las primarias obligatorias. Ese antecedente le permite defender la suspensión desde una tradición propia, aunque el natalismo considera que el resultado político sería igualmente funcional a Milei.

“En ese caso no hay mucho para acordar con Llaryora”, sintetizan cerca de la diputada.

En el Panal, en cambio, relativizan el impacto estratégico de las PASO para el gobernador. La posición de sus legisladores, señalan, estará determinada por los beneficios políticos que pueda obtener Córdoba.

Mientras tanto, el oficialismo provincial observa cómo Diego Santilli, después de su viaje a París, comienza a acercar posiciones con gobernadores aliados en busca de los votos necesarios para avanzar con la reforma política.

Una candidatura que puede reordenar 2027

La discusión sobre Natalia de la Sota todavía no está cerrada, pero dejó de ser una especulación marginal. Su decisión de profundizar la presencia territorial y el discurso explícitamente opositor a Milei abre la posibilidad de una candidatura que podría alterar el escenario provincial.

Para Llaryora, el desafío es evitar que esa construcción termine fragmentando al peronismo en un distrito donde la oposición y el oficialismo nacional también disputan espacio.

Para Natalia, el desafío es otro: transformar su identidad anti Milei en una alternativa electoral competitiva sin quedar absorbida por el esquema del PJ provincial.

La disputa recién comienza a tomar forma. Y el dato político más relevante es que, mientras todos miran 2027, el peronismo cordobés empieza a discutir algo más inmediato: si habrá lugar para una sola estrategia frente a Milei o si la elección provincial terminará enfrentando a dos proyectos surgidos de una misma tradición política.

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