El Centro de Almaceneros registró una suba de precios del 2,1% en septiembre, por encima del 1,8% de agosto. La inflación acumulada en 2026 llegó al 24% y la interanual al 32,8%. Mientras tanto, más de la mitad de los hogares manifestó dificultades para acceder a los alimentos y las ventas minoristas volvieron a retroceder.

La inflación en Córdoba volvió a acelerar en septiembre y encendió una señal de alerta sobre el consumo y el poder adquisitivo de las familias. Según el relevamiento mensual del Centro de Almaceneros de Córdoba, los precios aumentaron 2,1% durante el mes, frente al 1,8% registrado en agosto.
El dato rompe la tendencia de desaceleración que se había observado durante los meses anteriores y vuelve a colocar a la economía cotidiana bajo presión, especialmente en los hogares de menores ingresos.
El relevamiento de los almaceneros funciona como un termómetro de los comercios de proximidad, donde se percibe de manera directa cómo evolucionan los precios y, al mismo tiempo, cómo modifican sus hábitos de compra los consumidores. En ese sentido, sus registros suelen mostrar con rapidez el impacto de la inflación sobre el consumo familiar.
Una canasta que ya supera los $2 millones
Con el dato de septiembre, la inflación acumulada en Córdoba durante 2026 alcanzó el 24%, mientras que la variación interanual llegó al 32,8%.
En ese escenario, una familia tipo necesitó durante septiembre $2.076.505 para cubrir la Canasta Básica Total (CBT), monto que marca el ingreso de referencia para no quedar por debajo de la línea de pobreza.
Para cubrir exclusivamente la Canasta Básica Alimentaria (CBA), ese mismo hogar necesitó $1.130.236.
Los números reflejan que, aun con una inflación mensual muy inferior a la registrada en los momentos más críticos, el nivel de precios acumulado continúa ejerciendo una fuerte presión sobre los ingresos.
Más de la mitad de los hogares tiene dificultades para comprar alimentos
El aspecto más sensible del relevamiento aparece al analizar el acceso a la alimentación.
El 57,6% de los hogares consultados manifestó tener algún grado de dificultad o restricción para acceder a los alimentos que necesita. Solo el 42,4% aseguró poder cubrir plenamente sus necesidades alimentarias.
La situación se vuelve todavía más delicada entre las familias con niños, niñas y adolescentes. Allí, el 28,6% indicó que durante septiembre algún menor tuvo que reducir la cantidad de comida consumida por falta de dinero.
El dato muestra que el problema ya no pasa solamente por comprar productos más baratos o reducir consumos secundarios, sino que empieza a impactar sobre necesidades básicas.
El consumo también acusa el golpe
La contracción del poder adquisitivo tiene su correlato inmediato en los comercios.
Durante septiembre, las ventas en volumen de alimentos y bebidas en los comercios minoristas cayeron 8,3% interanual, de acuerdo con el relevamiento del Centro de Almaceneros.
La tendencia también fue observada por otros sectores comerciales. La Cámara de Comercio de Córdoba informó una caída del 23% en las unidades vendidas en los comercios minoristas de la ciudad durante el mismo mes.
Los datos dibujan así un escenario en el que una eventual moderación de la inflación todavía no se traduce en una recuperación del consumo. Los precios pueden subir menos que antes, pero eso no significa que los salarios y los ingresos hayan recuperado automáticamente la capacidad de compra perdida.
El crédito aparece como una salida para llegar a fin de mes
Otra señal del deterioro del ingreso de los hogares es el creciente uso de mecanismos de financiamiento para afrontar gastos básicos.
Según el relevamiento, el 88,8% de los hogares utilizó alguna modalidad de financiamiento para comprar alimentos durante septiembre.
La herramienta más utilizada fue el fiado, con el 38,4% de los hogares, seguida por las tarjetas de crédito, con el 36,5%, y los préstamos, con el 13,9%.
A esto se suma otro dato preocupante: el 28,5% de los hogares manifestó haber tenido que pedir dinero para afrontar gastos básicos.
La combinación entre menor consumo, mayor utilización del crédito y restricciones para acceder a alimentos revela una situación en la que muchas familias siguen ajustando sus presupuestos para poder sostener gastos esenciales.
Una inflación más baja no significa todavía recuperación
El dato tiene también una lectura económica y política.
Una inflación mensual cercana al 2% puede ser presentada como una mejora frente a los niveles registrados años atrás. Sin embargo, la evolución de los precios no puede analizarse aisladamente de los ingresos, el consumo y las condiciones concretas en las que viven las familias.
En Córdoba, los relevamientos de septiembre muestran que la estabilización de los precios todavía convive con caídas importantes en las ventas, dificultades para cubrir la alimentación y una creciente dependencia del fiado y el crédito.
Por eso, el desafío no pasa solamente por contener la inflación, sino por lograr que esa estabilización termine traduciéndose en una recuperación efectiva del poder adquisitivo.
Un termómetro que anticipa problemas
El relevamiento del Centro de Almaceneros no es oficial y no cuenta con el rigor metodológico del INDEC, por lo que sus cifras deben ser tomadas como un indicador complementario y no como reemplazo de las estadísticas nacionales.
Sin embargo, el trabajo del sector viene funcionando desde hace años como un termómetro de la economía cotidiana y, en distintas ocasiones, como una señal anticipada de las tendencias que luego aparecen en las estadísticas oficiales.
En septiembre, ese termómetro volvió a marcar presión: la inflación se aceleró, el consumo cayó y una mayoría de los hogares declaró dificultades para sostener algo tan básico como la compra de alimentos.
El dato más relevante, quizás, no esté solamente en el 2,1% de inflación. Está en lo que ese porcentaje representa cuando llega al mostrador de un almacén y obliga a una familia a comprar menos, fiar más o directamente resignar parte de su alimentación.
