El cambio de color de la histórica sede partidaria había sido cuestionado por Ramón Mestre como una señal de pérdida de identidad radical. Javier Fabre, concejal de la ciudad de Córdoba e integrante de Generación X, respondió llevando la discusión hacia la administración de anteriores conducciones del Comité Provincia. Pantallas, juicios laborales, fondos partidarios, CBI Cordubensis y balances quedaron en el centro de una pelea que excede largamente la fachada del edificio.

Lo que comenzó como una discusión por el color de la Casa Radical de Córdoba terminó convirtiéndose en un nuevo capítulo de la interna partidaria y en una oportunidad para que afloraran viejos cuestionamientos sobre la administración del Comité Provincia.
En los últimos días se conoció que la fachada del histórico edificio partidario dejará atrás el tradicional tono rosado para ser pintada de blanco, otro de los colores presentes en la simbología de la Unión Cívica Radical.
La modificación forma parte de las obras de recuperación que impulsa la conducción encabezada todavía por Marcos Ferrer. Desde el Comité explicaron que la intención es recuperar el color original de la construcción y señalaron que la intervención fue consultada con el área de Patrimonio de la Municipalidad de Córdoba.
Sin embargo, en un partido atravesado por una interna que todavía tiene derivaciones judiciales, hasta una decisión arquitectónica terminó adquiriendo significado político.
Mestre puso el foco en la identidad radical
El exintendente de Córdoba y principal referente de Más Radicalismo, Ramón Mestre, cuestionó públicamente la decisión y utilizó el cambio de color como símbolo para advertir sobre una supuesta pérdida de identidad partidaria.
La crítica no quedó limitada a la estética del edificio. En el trasfondo apareció nuevamente una discusión que atraviesa a la UCR cordobesa desde hace meses: qué relación debe construir el radicalismo con La Libertad Avanza y hasta dónde puede avanzar un eventual acercamiento sin diluir el perfil histórico del partido.
Pero la respuesta de Generación X llevó la controversia hacia un terreno diferente.
El encargado de hacerlo fue Javier Fabre, concejal de la ciudad de Córdoba e integrante del espacio que tiene como principal referente provincial a Rodrigo de Loredo.
“¿Quieren hablar de la Casa Radical? ¿Quieren hablar de la gestión del Comité Provincia? Fantástico. Hablemos de todo”, lanzó Fabre.
Y a partir de allí, la discusión dejó definitivamente de girar alrededor de la pintura.
Fabre abrió el archivo de las anteriores gestiones
El concejal capitalino enumeró una serie de cuestionamientos vinculados con administraciones anteriores del Comité Provincia y puso bajo la lupa distintas decisiones tomadas durante esos períodos.
Entre sus señalamientos mencionó la contratación de una pantalla bajo condiciones que calificó como “leoninas”, además de hacer referencia a juicios laborales, manejo de fondos partidarios y balances internos.
Fabre sostuvo también que durante años determinadas rendiciones eran aprobadas prácticamente sin discusión.
Según planteó, existieron balances que eran votados “a libro cerrado” y que posteriormente no habrían recibido la aprobación correspondiente de la Justicia Electoral.
En ese marco también introdujo referencias al caso CBI Cordubensis, uno de los expedientes que durante años atravesó distintos ámbitos políticos y económicos de Córdoba, para reclamar que cualquier discusión sobre la administración de la Casa Radical incluya también una revisión de lo ocurrido en etapas anteriores.
“¿Quieren discutir? Discutamos todo. Pero todo. Hace falta”, cerró Fabre.
De la fachada a la administración del partido
La intervención del concejal modificó por completo el eje de la polémica.
Mestre había utilizado el cambio de color de la sede partidaria como una metáfora sobre la identidad radical. Fabre, en cambio, utilizó la misma Casa Radical como punto de partida para cuestionar cómo fue administrado el partido durante los años en que algunos de los dirigentes que hoy critican conducían la estructura provincial.
La discusión expuso así dos interpretaciones diferentes sobre la crisis interna.
Para el mestrismo, el debate pasa por evitar que la UCR pierda identidad política en medio de los movimientos de acercamiento hacia sectores libertarios con vistas a 2027.
Desde Generación X, en cambio, responden que la discusión sobre la identidad también debería incluir una revisión sobre la gestión económica, administrativa e institucional del partido durante las conducciones anteriores.
La fachada terminó siendo apenas el detonante.
Una interna que todavía sigue en Tribunales
El cruce se produce además en un momento particularmente sensible para el radicalismo cordobés.
Tras las decisiones adoptadas en el marco del proceso electoral interno, Generación X quedó como única lista habilitada para conducir el Comité Provincia, mientras que Más Radicalismo decidió continuar con la pelea judicial.
El sector referenciado en Mestre y en Juan Jure busca revertir esa situación, aunque hasta el momento no se conocieron nuevas definiciones que modifiquen el escenario partidario.
Mientras tanto, Generación X avanza hacia una conducción encabezada por Matías Gvozdenovich, actual presidente del bloque radical en la Legislatura y dirigente cercano a Rodrigo de Loredo.
De consolidarse ese escenario, el espacio quedará en una posición dominante dentro de la estructura partidaria provincial de cara al proceso político que desembocará en las elecciones de 2027.
Las facturas de una unidad que nunca llegó
La controversia por la Casa Radical volvió a demostrar hasta qué punto siguen abiertas las heridas de una interna en la que los principales sectores del partido no lograron construir una conducción de consenso.
Durante meses existieron negociaciones, conversaciones y propuestas para evitar una competencia interna. Sin embargo, las diferencias sobre la conducción partidaria, las alianzas futuras y la estrategia electoral terminaron profundizando la fractura.
Ahora, incluso una obra de remodelación se convirtió en terreno de confrontación.
De un lado, Mestre y Más Radicalismo advierten sobre una supuesta pérdida de identidad y cuestionan los movimientos políticos de la futura conducción.
Del otro, Generación X responde revisando la gestión de quienes administraron anteriormente el partido y reclama que cualquier debate sobre la UCR incluya también ese pasado.
Así, mientras unos discuten quién está borrando los colores históricos del radicalismo, otros preguntan cómo se administró el partido durante los años anteriores.
La Casa Radical terminó convertida, literalmente, en la fachada de una disputa mucho más profunda: la pelea por definir quién conduce, qué pasado debe revisar la UCR y con qué identidad política pretende llegar a 2027.
