El ministro Miguel Siciliano convocará a autoridades opositoras para sumarlas a la organización de la histórica visita de León XIV a Córdoba. Detrás del gesto institucional aparece también una apuesta política del Gobernador: mostrarse como anfitrión de una provincia capaz de reunir a oficialistas y adversarios en medio de una creciente polarización y cuando 2027 ya comienza a asomar en el horizonte.

En el Gobierno de Córdoba no disimulan el entusiasmo. La llegada del papa León XIV a la provincia, prevista para noviembre, es considerada puertas adentro como uno de los acontecimientos institucionales más importantes de las últimas décadas y, al mismo tiempo, como uno de los mayores desafíos organizativos que deberá afrontar la gestión de Martín Llaryora.
“Nada puede salir mal”, es la consigna que se repite en las principales oficinas del Centro Cívico.
La dimensión religiosa del acontecimiento excede cualquier lectura partidaria. Sin embargo, en el Panal saben que una visita de semejante magnitud también tendrá derivaciones turísticas, económicas, institucionales y de posicionamiento para Córdoba.
Y, inevitablemente, políticas.
En ese terreno, Llaryora parece dispuesto a jugar una carta inesperada: compartir la organización con sus adversarios.
Una convocatoria poco habitual
El encargado de llevar adelante la iniciativa será el ministro de Vinculación y Gestión Institucional, Miguel Siciliano, quien anticipó que el Gobierno provincial convocará a representantes de la oposición para integrar una mesa de trabajo vinculada con la visita papal.
La propuesta rompe, al menos parcialmente, con la dinámica política de los últimos meses.
El llaryorismo no se caracteriza por construir espacios permanentes de diálogo con la oposición, mientras que la Legislatura provincial se convirtió progresivamente en el principal escenario de confrontación entre ambos sectores.
Las sesiones suelen estar atravesadas por acusaciones cruzadas, pedidos de informes, denuncias y discusiones cada vez más ásperas.
Esta vez, sin embargo, el Gobierno busca otra fotografía.
Según explicó Siciliano, la intención de Llaryora es que la visita de León XIV sea entendida como un acontecimiento de toda Córdoba y no como una actividad exclusiva del Gobierno provincial.
“La venida del Papa tiene que ser de todos, de Córdoba. Ojalá podamos entender que podemos trabajar todos juntos”, planteó el ministro.
La primera mesa, en el Centro Cívico
La primera reunión podría desarrollarse el próximo martes en el Centro Cívico.
La convocatoria inicial estaría dirigida a las autoridades de la Legislatura provincial, una conformación que permite representar tanto al oficialismo como a distintos sectores opositores.
La mesa incluiría a la vicegobernadora y presidenta de la Unicameral, Myrian Prunotto; al presidente provisorio, Juan Manuel Llamosas; a la vicepresidenta Julieta Rinaldi; al vicepresidente primero, el radical Oscar Saliba; y al vicepresidente segundo, Daniel Juez, representante del Frente Cívico.
No se descarta que posteriormente la convocatoria pueda ampliarse hacia otros dirigentes y bloques políticos.
La estrategia supone un gesto poco habitual en una relación atravesada en los últimos tiempos por fuertes enfrentamientos políticos e institucionales.
Precisamente por eso, la fotografía puede adquirir un peso mayor.
El desafío de organizar una visita histórica
La llegada del Pontífice obliga al Gobierno provincial a desplegar una estructura organizativa que excederá ampliamente al Ejecutivo.
Seguridad, tránsito, transporte, logística, participación de parroquias e instituciones religiosas, atención sanitaria, recepción de visitantes y coordinación con organismos nacionales y municipales formarán parte del operativo.
En el Centro Cívico saben que Córdoba estará durante esas jornadas bajo la mirada del país y posiblemente también del exterior.
Por eso Llaryora pretende evitar que la organización quede reducida a una estructura gubernamental.
La incorporación de la oposición también permitiría distribuir responsabilidades institucionales y otorgarle al acontecimiento una dimensión política mucho más amplia.
Pero existe además una lectura que va más allá de noviembre.
La construcción de una imagen para 2027
En tiempos de polarización creciente, Llaryora intenta instalarse como un dirigente con capacidad para ubicarse por encima de la disputa cotidiana.
La visita papal ofrece una oportunidad excepcional.
Sentar en una misma mesa a dirigentes que semanas antes protagonizaron algunos de los cruces más duros de la política provincial permitiría mostrar una Córdoba capaz de alcanzar acuerdos frente a acontecimientos extraordinarios.
La escena también encaja con una construcción política que el Gobernador viene intentando profundizar: la del cordobesismo como espacio amplio, con capacidad para dialogar con sectores diferentes y trascender las fronteras tradicionales del peronismo.
La paradoja es evidente.
Algunos de los dirigentes que podrían compartir la organización de la llegada de León XIV serán probablemente adversarios del oficialismo cuando comience formalmente la carrera electoral hacia 2027.
Pero precisamente allí aparece parte del valor político de la convocatoria.
Llaryora quiere mostrarse como el anfitrión capaz de sentarlos a todos alrededor de la misma mesa.
Compartir la foto para quedarse con el mensaje
La estrategia del oficialismo tiene una particularidad: en lugar de intentar apropiarse exclusivamente del acontecimiento, busca compartirlo.
A primera vista podría parecer una cesión del protagonismo.
Políticamente puede resultar exactamente lo contrario.
Si representantes del radicalismo, el Frente Cívico y otras fuerzas terminan participando de la organización, la imagen será la de una dirigencia provincial reunida alrededor de un acontecimiento excepcional.
Pero quien habrá convocado esa mesa será Llaryora.
Ese es el rédito que busca el cordobesismo.
No necesariamente monopolizar la visita del Papa, sino capitalizar la imagen de un Gobierno capaz de abrir las puertas del Centro Cívico y reunir alrededor suyo a sectores que habitualmente se enfrentan.
En una Córdoba donde la discusión electoral de 2027 empieza lentamente a ordenar movimientos, candidaturas y alianzas, la fotografía tampoco será inocente.
Durante algunos días, al menos, Llaryora intentará suspender la lógica oficialismo-oposición y colocar por encima una identidad común: Córdoba.
Después volverán las campañas, las acusaciones y las urnas.
La incógnita es si la visita de León XIV conseguirá producir esa excepcionalidad política que imagina el Gobierno.
Y, fundamentalmente, si la oposición aceptará sentarse a una mesa donde todos podrán compartir la foto, pero cuyo principal anfitrión será Martín Llaryora.
