Passerini sale del ahogo financiero y apuesta a recuperar terreno político

La reestructuración de la deuda en dólares cambió el clima político en el Palacio 6 de Julio. En el entorno de Daniel Passerini empiezan a mirar hacia adelante con una idea que hasta hace pocos meses parecía difícil de sostener: que, superado el ahogo financiero que condicionó buena parte del mandato, la Municipalidad tendrá ahora margen para desplegar una agenda de gobierno que quedó parcialmente en suspenso.

El entusiasmo tiene una explicación concreta. La ciudad consiguió un crédito de 120 millones de dólares, con garantía de la Provincia, destinado a reestructurar deuda tomada durante la gestión de Ramón Mestre y posteriormente rolada por Martín Llaryora. No se trata de dinero fresco para ampliar el gasto, pero sí de una operación que modifica de manera significativa el perfil financiero municipal.

“Ahora sí vamos a poder hacer lo que vinimos a hacer”, resume, con entusiasmo, un funcionario del esquema municipal. La frase sintetiza algo más que una expectativa económica: en el passerinismo creen que comienza una nueva etapa de la gestión.

Una gestión que nació en otro escenario

Para entender el cambio de clima hay que volver al escenario de julio de 2023, cuando Passerini se preparaba para asumir la Municipalidad.

Hacemos Unidos por Córdoba llegaba a esa elección con una gestión que podía exhibir resultados. Martín Llaryora había encabezado un proceso de transformación en la ciudad y Passerini había sido una pieza central de ese esquema. La pandemia había permitido avanzar sobre áreas sensibles, especialmente en materia de Recursos Humanos, recuperando parte del poder que las administraciones anteriores habían cedido frente al Suoem.

A eso se sumaban los acuerdos entre Provincia y Municipio, la obra pública provincial desplegada en la Capital y los recursos nacionales que todavía llegaban a Córdoba. La recuperación de los espacios públicos funcionaba como uno de los principales ejes de gestión y el oficialismo logró convertir esa combinación en una plataforma electoral eficaz.

Con Juan Schiaretti como figura de referencia, el cordobesismo logró además concretar el recambio generacional en la Provincia y retener la ciudad de Córdoba.

Pero ese escenario se modificó apenas cuatro meses después.

Milei y el cambio de las reglas

La llegada de Javier Milei a la Casa Rosada alteró por completo las condiciones en las que Passerini había imaginado gobernar.

El Gobierno nacional eliminó el Fondo Compensador del Transporte, paralizó la obra pública financiada con recursos nacionales y redujo drásticamente las transferencias discrecionales hacia provincias y municipios. También quedaron afectados distintos fondos fiduciarios y programas nacionales destinados a financiar prestaciones sociales, sanitarias y educativas.

La consecuencia fue doble: las administraciones locales debieron afrontar mayores demandas mientras sus propios recursos se deterioraban producto de la recesión y la caída de la actividad.

En Córdoba capital, además, existía un problema previo que terminó potenciando la dificultad: la deuda en dólares heredada de la administración de Ramón Mestre y posteriormente refinanciada durante la gestión de Llaryora.

Para el passerinismo, el intendente quedó atrapado en una suerte de “zugzwang” financiero: tenía menos ingresos, más demandas y compromisos de deuda que limitaban severamente su capacidad de maniobra.

La única salida posible era reestructurar esos pasivos. Pero para hacerlo necesitaba autorización para volver a tomar deuda en dólares.

El salvavidas provincial

Los buenos oficios de la Provincia terminaron despejando ese obstáculo.

El crédito de 120 millones de dólares permitirá cancelar pasivos existentes y reemplazar deuda de corto plazo por financiamiento a cuatro años. La operación, por sí misma, no incrementa la caja disponible del Municipio. Su beneficio está en otro lugar: libera recursos corrientes que hasta ahora debían destinarse a cubrir vencimientos, reduce el riesgo de refinanciación y mejora el horizonte financiero de la administración.

En el Palacio 6 de Julio destacan especialmente un dato: la deuda municipal se reduciría en unos 35 millones de dólares y el próximo intendente tendría una ventana de aproximadamente ocho meses antes de afrontar el primer vencimiento importante.

“Bajamos la deuda de la ciudad 35 millones de dólares. El próximo intendente tendrá una ventana de ocho meses para encarar el pago del primer vencimiento. Son condiciones mucho mejores que las que nos tocaron a nosotros”, reivindican desde el Municipio.

El dato es relevante porque modifica el problema que Passerini recibió en diciembre de 2023. Ya no se trata solamente de administrar una deuda pesada, sino de hacerlo bajo un esquema de vencimientos más manejable.

Y para una gestión que entra en el tramo final de su mandato, eso puede significar una diferencia política considerable.

El “segundo tiempo” de Passerini

En el entorno del intendente empiezan a hablar, con prudencia, de un “segundo tiempo” para Daniel.

La interpretación oficialista es que la primera parte del mandato estuvo condicionada por circunstancias extraordinarias: el ajuste de Milei, la caída de recursos, el impacto sobre el transporte y la necesidad de atender una estructura financiera heredada.

Ahora creen que podrán concentrarse en mostrar gestión.

A ese nuevo escenario financiero se suma el convenio de obras por 130.000 millones de pesos acordado con la Provincia, una cifra equivalente a casi el 12% del presupuesto municipal de 2026.

La apuesta del passerinismo es que la participación directa de la Municipalidad en la definición territorial de esas inversiones permita transformar recursos en obras visibles y, fundamentalmente, en resultados que puedan ser capitalizados políticamente antes del final del mandato.

“Ahora Daniel podrá desarrollar los ejes de su plan político y de gobierno que estaban en suspenso por la situación económica y financiera que lo condicionaba”, explican en su entorno.

La traducción política de ese razonamiento es evidente: si durante los primeros años la administración estuvo obligada a administrar restricciones, ahora busca construir una agenda propia.

Recuperar gestión para recuperar poder

El passerinismo también detecta señales favorables en otro frente: la política.

En el oficialismo municipal aseguran que los cambios de gabinete realizados a mitad del mandato tuvieron un impacto positivo y que comenzó a percibirse una mejora en la imagen de la gestión y del propio intendente.

La vara, admiten, todavía no es demasiado alta. Pero la expectativa es que Passerini deje de ser evaluado exclusivamente por las dificultades económicas y empiece a ser juzgado por lo que pueda hacer con el nuevo margen disponible.

En paralelo, el intendente ganó protagonismo en el armado político de la Capital y tuvo una participación directa en la reciente redefinición de autoridades del PJ.

También empieza a aparecer otro elemento: la posibilidad de que el peronismo nacional observe con mayor atención a Passerini y busque tender puentes con él.

No es un dato menor. El intendente tiene una característica que puede resultar atractiva en cualquier reorganización del peronismo: gobierna la segunda ciudad más grande del país y, junto con otros intendentes de grandes centros urbanos, tuvo visibilidad nacional en las discusiones con el Gobierno libertario.

La cautela de Passerini

El entusiasmo existe, pero el propio intendente evita acelerar los tiempos.

Passerini sabe que todavía falta mucho para definir cualquier posicionamiento político de fondo. Y, sobre todo, entiende que su principal activo sigue siendo la alianza con Llaryora.

La relación entre ambos continúa siendo central para cualquier movimiento del oficialismo en Córdoba. El intendente puede comenzar a recuperar autonomía política, pero eso no necesariamente implica tomar distancia del gobernador.

Por el contrario, en el Palacio 6 de Julio insisten en preservar ese vínculo.

La ecuación que empieza a plantearse es, entonces, más sofisticada: Passerini necesita mostrar gestión para ganar autonomía, pero necesita mantener la alianza con Llaryora para consolidar ese margen.

El desafío será convertir el alivio financiero en obras, servicios y resultados visibles. Porque una reestructuración de deuda puede ordenar las cuentas, pero no garantiza por sí sola una mejora en la percepción de los vecinos.

El verdadero “segundo tiempo” comenzará cuando esa mejora financiera se traduzca en gestión.

Y ahí estará la prueba política más importante para Passerini: demostrar que el problema ya no es solamente cuánto dinero tiene la Municipalidad, sino qué puede hacer con el margen que consiguió recuperar.

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