Una encuesta de la consultora Sicchar muestra a Martín Llaryora al frente de la carrera por la Gobernación de Córdoba en 2027. Sin embargo, el escenario está lejos de estar definido: el alto nivel de indecisos y el desgaste económico abren una ventana para la oposición. Entre los dirigentes opositores medidos, Gabriel Bornoroni es quien obtiene el mejor resultado frente al gobernador.

La elección cordobesa de 2027 comienza a mostrar sus primeros números, aunque todavía con más interrogantes que certezas. Un sondeo de la consultora Sicchar ubica a Martín Llaryora como el candidato con mayor intención de voto, pero también revela un dato político que puede resultar determinante: una porción importante del electorado todavía no tiene decidido su voto.
En un escenario de competencia abierta entre todos los nombres evaluados, Llaryora alcanza el 33,2%, seguido por Luis Juez con 17%. Rodrigo de Loredo aparece tercero, con 9,3%, mientras que Gabriel Bornoroni reúne 6,8%. Natalia de la Sota, actualmente por fuera del oficialismo provincial aunque con posibilidades de un eventual acuerdo, obtiene 7%.
El dato central aparece cuando la encuesta abandona el escenario fragmentado y plantea enfrentamientos directos. Allí, Bornoroni surge como el dirigente opositor que más cerca queda del gobernador.
Bornoroni, el mejor escenario para la oposición
En un eventual mano a mano entre Llaryora y Bornoroni, el gobernador obtiene 40,2%, mientras que el diputado libertario alcanza 31,7%. La diferencia se reduce considerablemente respecto de la que aparece en los otros escenarios.
Frente a Luis Juez, Llaryora llega al 39,2% contra 29,2% del senador nacional. Y ante Rodrigo de Loredo, el gobernador obtiene 40,8%, mientras que el radical queda en 24,2%.
La lectura política es clara: aunque Llaryora mantiene ventaja frente a todos sus potenciales adversarios, Bornoroni es quien presenta el escenario electoral más competitivo para desafiarlo.
La diferencia de 8,5 puntos en el mano a mano entre ambos es sensiblemente menor que la registrada frente a Juez —10 puntos— y especialmente frente a De Loredo, donde alcanza 16,6 puntos.
Pero hay otro dato que impide leer estos números como una elección encaminada.
Un tercio del electorado todavía puede cambiar el resultado
En los tres escenarios de segunda vuelta, entre el 28% y el 35% de los consultados se ubica entre los indecisos, el voto en blanco y quienes manifiestan que no votarían.
Es una magnitud demasiado importante como para considerar cerrado el escenario electoral.
Ese electorado que hoy no se inclina por ninguno de los candidatos podría convertirse en el verdadero árbitro de la elección. La construcción de alianzas, la definición de candidaturas y, fundamentalmente, la capacidad de cada espacio para captar el voto opositor serán determinantes.
Por eso, los números actuales deben ser leídos como una fotografía y no como una sentencia electoral.
El problema de fondo para Llaryora: el humor social
La encuesta también incorpora una variable que puede resultar decisiva en 2027: la percepción económica.
El 59% de los cordobeses consultados considera que su situación económica está igual de mal o peor que hace un año. Al mismo tiempo, el 49% cree que estará igual o peor dentro de un año.
El dato expone un clima social de pesimismo que podría transformarse en un voto de castigo contra quienes gobiernan.
La propia consultora Sicchar advierte sobre un escenario marcado por el desánimo y la falta de expectativas. Según el informe, existe un “desánimo estructural” que condiciona directamente el comportamiento electoral y favorece el voto castigo hacia los oficialismos.
Para Llaryora, ese puede ser uno de los principales riesgos de cara a 2027. La ventaja actual en intención de voto no necesariamente garantiza que el gobernador pueda trasladar ese respaldo a las urnas si el malestar económico se profundiza.
Milei, otro factor que atraviesa la elección cordobesa
La evaluación de la gestión de Javier Milei también muestra un escenario dividido.
El 48% aprueba la gestión presidencial, mientras que el 47% la desaprueba. La consultora señala, además, una leve caída respecto de mediciones anteriores y destaca un crecimiento de cuatro puntos en la valoración “muy mala” de la administración nacional.
Ese equilibrio puede tener consecuencias directas sobre la oposición cordobesa.
Bornoroni cuenta con una ventaja potencial: su identificación con el espacio libertario y con el Gobierno nacional puede permitirle disputar el voto antiperonista que hoy aparece fragmentado entre distintos dirigentes. Pero, al mismo tiempo, su suerte electoral estará vinculada a la evolución de la imagen presidencial.
En cambio, Juez y De Loredo deberán resolver otro problema: cómo evitar que el voto opositor termine dividido entre distintas alternativas.
La gran incógnita: quién logra ordenar la oposición
Los números de Sicchar dejan una conclusión política evidente: Llaryora parte adelante, pero la elección está abierta.
El gobernador conserva una ventaja importante en todos los escenarios, mientras que ninguno de los opositores logra superarlo. Sin embargo, el alto porcentaje de electores que todavía no define su voto permite imaginar una competencia mucho más ajustada si la oposición consigue ordenar su oferta electoral.
En ese tablero, Bornoroni aparece hoy como el nombre que mejor mide en un enfrentamiento directo con Llaryora. La pregunta que queda planteada es si esa ventaja relativa podrá convertirse en liderazgo opositor o si la fragmentación volverá a ser el principal obstáculo para enfrentar al oficialismo provincial.
A casi un año de la definición de candidaturas, Córdoba ya empieza a mostrar una primera tendencia: Llaryora tiene la ventaja inicial, pero la elección todavía está lejos de estar escrita. Y si el malestar económico se mantiene, el enorme volumen de electores sin candidato definido podría terminar convirtiéndose en el factor que cambie toda la ecuación.
