En un escenario político que ya empieza a tomar temperatura de cara a las elecciones provinciales de 2027, el presidente de la UCR Córdoba, Marcos Ferrer, salió con dureza a fijar postura frente al oficialismo provincial y, en particular, contra la vicegobernadora Myriam Prunotto. Sus declaraciones no solo marcaron distancia política, sino que dejaron entrever una estrategia opositora que busca ordenarse antes de enfrentar al peronismo cordobés.

Ferrer no ahorró críticas al referirse a los recientes planteos de Prunotto sobre la posibilidad de construir un nuevo espacio para radicales desencantados. “Me parece que vive en Narnia, en un mundo imaginario”, lanzó, en una frase que rápidamente escaló en el tono del debate político local. Para el titular del radicalismo provincial, la vicegobernadora ya no tiene lugar dentro del partido: recordó que fue expulsada tras competir en una lista vinculada al peronismo y remató con ironía: “Celebro que acepte de una vez por todas que no es más radical”.
Pero el foco de Ferrer no se limitó a la interna partidaria. También apuntó directamente contra la gestión del gobernador Martín Llaryora, a la que describió con una serie de déficits estructurales que, según su visión, siguen sin resolverse. Entre ellos, mencionó el conflicto prolongado con el sector docente, las dificultades del sistema de salud —especialmente en el interior provincial—, los bajos salarios de los profesionales médicos y la falta de respuestas en materia de seguridad.
El planteo no es aislado: forma parte de una narrativa que el radicalismo viene construyendo para posicionarse como alternativa de gestión. Sin embargo, en ese camino aparece un desafío central: la articulación de una oposición unificada. En ese sentido, Ferrer dejó en claro que existe voluntad de confluir con espacios como La Libertad Avanza, el Frente Cívico y el PRO, aunque puso condiciones.
“Queremos estar juntos con todos los que quieran ganarle al peronismo, pero necesitamos método y reglas claras. No vamos a entrar a ciegas”, advirtió. La frase expone una tensión latente en el armado opositor: la necesidad de unidad frente a un oficialismo consolidado, pero sin resignar identidad ni previsibilidad en la toma de decisiones. Para ilustrarlo, el dirigente utilizó una comparación llamativa: dijo que sumarse sin reglas sería como aceptar un trabajo en un medio periodístico sin conocer su línea editorial.
En paralelo, Ferrer aprovechó para despejar dudas internas y reforzar el liderazgo de Rodrigo de Loredo como principal carta electoral del radicalismo. “Está muy competitivo en las encuestas, especialmente en el interior”, aseguró, buscando consolidar una figura que, más allá de los vaivenes nacionales, sigue siendo el eje del proyecto provincial de la UCR.
El dirigente también rechazó versiones sobre una posible fuga de cuadros hacia otros espacios políticos. Por el contrario, sostuvo que intendentes y referentes radicales continúan alineados con el partido, lo que, según su lectura, fortalece la construcción territorial de cara al próximo turno electoral.
El trasfondo de estas declaraciones deja al descubierto un tablero político en reconfiguración. Mientras el oficialismo provincial intenta sostener su hegemonía con gestión y control territorial, la oposición enfrenta el dilema de cómo construir una alternativa competitiva sin fragmentarse en el intento. Ferrer parece apostar a una síntesis: unidad, pero con reglas; amplitud, pero con identidad.
“Vamos a seguir trabajando para una unidad opositora con criterios sanos. No pensamos en si algo es funcional al gobierno provincial, pensamos en lo que es mejor para Córdoba”, concluyó.
En una provincia donde el peronismo ha sabido reinventarse y sostener el poder durante décadas, el desafío opositor no será solo discursivo. La clave, como deja entrever Ferrer, estará en transformar las críticas en una propuesta concreta y, sobre todo, en una estructura política capaz de competir sin fisuras.
