En el Centro Cívico creen que la imagen del gobernador comienza a despegarse de la gestión municipal. Las obras provinciales y las intervenciones directas en la ciudad apuntan a recuperar los votos de 2023 sin depender de la suerte del intendente.

Después de varios meses de preocupación por el escenario político en la Capital, Martín Llaryora empieza a encontrar señales alentadoras. Los últimos números que circulan en el Panal indicarían que su imagen comienza a diferenciarse de la evaluación de la gestión de Daniel Passerini.
El dato despierta un optimismo moderado en el oficialismo provincial. La estrategia apunta a recuperar el respaldo electoral que Llaryora consiguió en 2023, sin quedar condicionado por las dificultades que enfrenta la Municipalidad.
En aquella elección, el gobernador obtuvo 333.480 votos en la Capital, decisivos para su ajustada victoria frente a Juntos por el Cambio. Un mes después, Passerini reunió 314.836 sufragios en los comicios municipales.
Buena parte de ese capital se había construido durante la gestión de Llaryora como intendente, con medidas vinculadas a la recuperación de espacios públicos y una relación confrontativa con el Suoem, que le permitió exhibir autoridad frente al gremio municipal.
Ahora, el desafío es recuperar a esos votantes sin depender exclusivamente de una mejora en la administración de su sucesor.
Intervenir sin hacerse cargo de todo
Frente al desgaste municipal, Llaryora tenía dos caminos: involucrarse más profundamente en la conducción del Palacio 6 de Julio o intervenir directamente desde la Provincia sobre los problemas de la ciudad.
Aunque hubo funcionarios vinculados al esquema provincial que desembarcaron en áreas sensibles del municipio, la apuesta más visible se concentró en la segunda alternativa.
El plan de obras provinciales, con licitaciones por unos 130.000 millones de pesos, los operativos contra naranjitas y limpiavidrios y la intervención de la Policía provincial para cubrir tareas de tránsito afectadas por medidas de fuerza del Suoem son parte de esa estrategia.
El mensaje político es concreto: la Provincia busca mostrar capacidad para resolver problemas que la Municipalidad no logra atender con suficiente eficacia, sin asumir por completo el costo de la gestión local.
La apuesta para 2027
La maniobra tiene una ventaja para el gobernador. Si las intervenciones producen resultados, Llaryora puede capitalizar el reconocimiento; si persisten las dificultades municipales, la responsabilidad seguirá recayendo principalmente sobre Passerini.
La separación entre ambas imágenes no será automática. Los dos dirigentes comparten espacio político y una mejora municipal también podría favorecer al gobernador. Sin embargo, el objetivo es evitar que la recuperación de Llaryora dependa de un repunte de la gestión capitalina.
Las primeras mediciones alimentan esa expectativa, aunque todavía no permiten hablar de una tendencia consolidada. El desafío será transformar la presencia provincial en una recuperación sostenida de la confianza y, finalmente, en votos.
De cara a 2027, la estrategia del Panal apunta a reconstruir el vínculo con quienes ya acompañaron al gobernador en 2023. Llaryora quiere recuperar la Capital con identidad propia y evitar que el desgaste de Passerini se convierta en un límite para sus aspiraciones electorales.
