El cardenal Ángel Rossi volvió a advertir sobre el desgaste de la esperanza social y lanzó una de sus críticas más directas al Gobierno de Javier Milei. Cuestionó la distancia entre el discurso oficial y la realidad económica, ratificó que León XIV encontrará una Argentina “cascoteada por la pobreza” y advirtió que parte de la sociedad comienza a desilusionarse del presente.

El arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi, volvió a expresar una mirada crítica sobre la situación socioeconómica de la Argentina y cuestionó el discurso con el que el Gobierno nacional presenta la realidad del país.
En declaraciones públicas, Rossi aseguró que “presentar como que esto es una maravilla es casi burlesco”, al referirse a la distancia que, según su lectura, existe entre el relato oficial y las condiciones concretas que atraviesa buena parte de la sociedad.
El religioso también ratificó una definición que había generado repercusión en los últimos días: la Argentina que encontrará el papa León XIV será una sociedad “cascoteada por la pobreza”.
“Un relato que no coincide con la realidad”
Rossi sostuvo que las dificultades económicas y sociales no desaparecen a partir del discurso político y cuestionó especialmente la forma en que se comunica la evolución del país.
“A veces cascotea más, a veces hay un relato que vos decís desde dónde me habla. Uno pensaba que a Marte todavía no había llegado el ser humano pero se ve que sí. Porque es un relato que no coincide con la realidad”, expresó, utilizando una ironía para marcar su desacuerdo.
En esa línea, planteó que el camino debería ser otro: reconocer las dificultades y convocar a un esfuerzo colectivo.
“Sería tan lindo que nos digan: ‘andamos mal, pongamos fuerza entre todos, rememos entre todos para salir’. No este relato que no coincide con la realidad”, insistió.
Para Rossi, esa distancia entre el discurso y las experiencias cotidianas termina teniendo consecuencias sobre el estado de ánimo social. “Eso desanima, y en algunos casos incluso enerva. Pone muy mal. No podés creer lo que estás escuchando muchas veces”, señaló.
La pobreza, una crisis que viene de antes
Aunque sus cuestionamientos apuntaron al presente político, el arzobispo se encargó de remarcar que la problemática de la pobreza no comenzó con la gestión de Javier Milei.
“Por supuesto, el tema de la pobreza no lo han estrenado ni inaugurado este gobierno. Venimos cascoteados de antes”, aclaró.
La precisión le permitió ubicar su crítica en una perspectiva más amplia y evitar atribuir exclusivamente a la actual administración un problema social que, según sus propias palabras, se arrastra desde hace años.
En ese contexto, Rossi insistió en que negar las dificultades o presentarlas de manera excesivamente optimista termina profundizando el malestar. “Presentar como que esto es una maravilla es casi burlesco”, volvió a remarcar.
Un reclamo de responsabilidad compartida
El cardenal también amplió el foco de sus críticas y sostuvo que la responsabilidad frente a la crisis no recae únicamente sobre el Gobierno nacional.
“No sólo el gobierno, acá el desafío, como decía el papa Francisco, ‘acá vamos todos juntos en la barca’, llegamos a puerto juntos o naufragamos todos”, afirmó.
En ese punto, incluyó también a la Iglesia dentro del análisis y admitió que “a veces no hemos estado a la altura de la necesidad de nuestra gente”.
La definición plantea una mirada que excede la discusión partidaria y coloca el problema social como una responsabilidad institucional más amplia, en la que tanto el Estado como las organizaciones de la sociedad deben responder ante el deterioro de las condiciones de vida.
El desgaste de la esperanza
Uno de los aspectos centrales del mensaje de Rossi estuvo vinculado con el ánimo de la sociedad.
El arzobispo destacó la capacidad de resistencia de los sectores populares, pero advirtió sobre un desgaste progresivo de esa esperanza.
“Nuestra gente sencilla tiene un rescoldo, un resto de esperanza y de tirar para adelante que es admirable. Pero se va dando un cansancio. Te vas cansando en la esperanza”, afirmó.
Según su análisis, existe todavía una expectativa de recuperación, pero el paso del tiempo comienza a ponerla a prueba.
“A veces hay toda una especie de expectativa que por supuesto la necesitamos los argentinos imperiosamente, pero va pasando el tiempo, y tenés la sensación de que se va debilitando”, explicó.
El planteo adquiere una dimensión política en un escenario donde el Gobierno de Milei todavía sostiene como uno de sus principales argumentos la expectativa de una transformación profunda del país.
“La ilusión de lo distinto”
Fue precisamente en ese terreno donde Rossi formuló una de sus críticas más directas a la actual gestión.
“La misma ilusión de lo distinto que se ofrecía, que a muchos los ilusionó resulta que parecería que no somos tan distintos”, sostuvo.
La frase apunta al contraste entre las expectativas generadas por una propuesta política que se presentó como disruptiva y la percepción de parte de la sociedad sobre los resultados alcanzados hasta el momento.
Sin pronunciarse sobre una alternativa electoral concreta, Rossi puso el acento en el desgaste que puede producir la persistencia de los problemas cotidianos frente a las promesas de transformación.
Su advertencia fue acompañada por un llamado a preservar la paciencia social. “Siempre he valorado la paciencia de nuestro pueblo, espero que no constituya una reacción fulera”, expresó.
“No querer volver para atrás”, pero con desilusión del presente
Finalmente, Rossi sintetizó su mirada en una frase que combina la persistencia del apoyo a un cambio con el creciente desencanto respecto de la situación actual.
“Hay un cierto desencanto. El apoyo es no querer volver para atrás, pero algunos se van desilusionando del ahora”, concluyó.
La definición deja planteado un escenario de tensión entre dos sentimientos que pueden convivir en la sociedad: el rechazo a regresar a etapas anteriores y, al mismo tiempo, una expectativa que comienza a debilitarse frente a la falta de mejoras percibidas.
Las palabras del arzobispo de Córdoba volvieron así a poner en el centro del debate la situación social del país, el vínculo entre discurso y realidad y el costo político que puede tener el desgaste de la esperanza.
