La UCR de Córdoba se encamina a una nueva interna entre dos viejos adversarios. Generación X, el espacio que responde a Rodrigo de Loredo, lleva a Matías Gvozdenovich como candidato a presidente. Más Radicalismo, liderado por Ramón Mestre, postula a Juan Jure. En juego no está solamente la conducción partidaria: los 123 congresales que se elegirán tendrán la lapicera para definir la política de alianzas de cara a 2027.

¿Será la tercera interna consecutiva la que finalmente determine quién manda en el radicalismo cordobés? Todo indica que sí.
Hace cuatro años, Rodrigo de Loredo perdió la elección partidaria frente a Marcos Carasso, respaldado entonces por Ramón Mestre y Mario Negri. Dos años después, las diferencias se congelaron y hubo una lista de unidad encabezada por el deloredista Marcos Ferrer. Ahora, aquel entendimiento volvió a explotar y los dos viejos adversarios del radicalismo cordobés volverán a enfrentarse.
La elección está prevista para el 20 de septiembre y, salvo que aparezca un acuerdo de último momento, la UCR tendrá una interna que excede largamente la discusión por el nombre de su próximo presidente.
De un lado estará Generación X, el espacio de De Loredo, que propone al jefe del bloque radical en la Legislatura, Matías Gvozdenovich, para conducir el Comité Provincia. Por ahora, esa lista no presentó candidato a vicepresidente.
Del otro, Más Radicalismo, la alianza que encabeza Mestre, lleva como candidato a presidente al exintendente de Río Cuarto Juan Jure. Sus candidatos a vice son Franco Jular y Cristina Girocelli.
El primer capítulo decisivo se escribirá en la Junta Electoral partidaria, que este jueves debería confirmar ambas listas. El organismo está controlado por el sector de De Loredo y una eventual impugnación de la nómina mestrista abriría inmediatamente un nuevo frente judicial.
En el Juzgado Federal N.º 1 existe, en términos generales, una mirada favorable a que los partidos resuelvan sus diferencias mediante competencia interna. Por eso, si ambas listas cumplen con los requisitos, todo indica que la disputa llegará a las urnas.
La puerta de la negociación, de todos modos, seguirá abierta hasta el último momento. Incluso hasta el día anterior a la elección existe margen formal para alcanzar una lista de unidad. El problema es que, a esta altura, el deloredismo parece haber elegido otro camino: la confrontación.
Una interna atravesada por el fantasma del peronismo
La campaña comenzó con acusaciones fuertes.
Gvozdenovich cuestionó a la lista de Jure y calificó a sus integrantes como “peronistas” y funcionales al gobernador Martín Llaryora. Es una estrategia política conocida dentro del radicalismo: presentar la interna como una disputa entre un sector que pretende preservar la identidad opositora y otro que estaría dispuesto a acercarse al oficialismo provincial.
Pero el argumento tiene un punto débil.
El principal operador de De Loredo, Julio Ochoa, cerró en diciembre un acuerdo con el PJ y ese entendimiento terminó con Florencia Degano, su socia política, ocupando un importante cargo judicial.
La respuesta de Jular no tardó en llegar. El candidato a vicepresidente de Jure comparó la estrategia del deloredismo con la de Javier Milei: “Creer que los radicales que no siguen ciegamente a De Loredo son peronistas es cometer el mismo error que Milei, que trata de kuka a cualquiera que lo critique”, planteó.
El dirigente mestrista también puso el foco en una cuestión central: desde 2023, sostuvo, la lapicera del partido está en manos de De Loredo.
La discusión, en definitiva, no es solamente ideológica. Es una pelea por el poder partidario.
De Loredo llega con ventaja territorial
En ese terreno, el deloredismo parte con una ventaja importante.
Generación X consiguió presentar listas únicas en nueve departamentos: Unión, Sobremonte, Pocho, Roque Sáenz Peña, General Roca, Tercero Arriba, Calamuchita, Río Segundo y Río Primero.
A ellos se suman dos distritos donde se alcanzó una lista de unidad: Tulumba y Juárez Celman.
Mestre, en cambio, enfrentará al sector de De Loredo en 14 departamentos, entre ellos varios de los territorios políticamente más importantes de Córdoba: Capital, Colón, Río Cuarto, San Justo y Santa María.
Es decir, los seis grandes territorios de la geografía radical estarán atravesados por la interna.
Y hay una disputa especialmente simbólica: la ciudad de Córdoba, bastión histórico de Mestre, donde el mestrismo pone en juego buena parte de su capacidad de supervivencia interna.
Pero la elección capitalina también tendrá una dimensión personal.
Mestre se juega allí una banca como delegado al Comité Nacional, mientras que De Loredo busca consolidar el control de la estructura partidaria desde el principal distrito electoral de la provincia.
Los 123 congresales que pueden cambiar el rumbo hacia 2027
La discusión por la presidencia partidaria es, en realidad, la superficie de una pelea mucho más importante.
Lo que verdaderamente interesa a ambos sectores es la cantidad de congresales que cada uno pueda reunir.
Son 123 y tendrán una función estratégica: serán quienes definan la política de alianzas de la UCR de cara a las elecciones provinciales de 2027.
Ahí está la verdadera batalla.
El sector de Mestre llegó a pedir 57 congresales para aceptar una lista de unidad y evitar la interna. Desde Generación X aseguran que De Loredo llegó a ofrecer hasta 51.
La diferencia —apenas seis congresales— fue suficiente para que el acuerdo naufragara.
En otras palabras, el radicalismo cordobés se encamina a votar para definir quién controlará una estructura que después tendrá una influencia decisiva en la discusión sobre el futuro armado opositor.
De Loredo sumó más núcleos
El mapa interno también explica por qué el actual espacio dominante llega como favorito.
La mayoría de los núcleos radicales terminó alineándose detrás de De Loredo. Entre ellos aparecen sectores vinculados al gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés, representado en Córdoba por Javier Bee Sellares, y el espacio de Mario Negri, que ahora tiene como referencia a su hijo Juan.
Mestre conserva su propio espacio, Confluencia, y sumó a Córdoba con Todos.
Pero sufrió una baja relevante en las últimas horas: el alfonsinismo de Carlos Becerra rompió el acuerdo con el mestrismo.
Ese movimiento terminó de inclinar el escenario.
Por eso, aunque la elección todavía debe atravesar la instancia formal de oficialización y quedan semanas para el 20 de septiembre, De Loredo aparece hoy con mayores posibilidades de quedarse con la conducción del partido.
El plan que De Loredo no pudo concretar
La interna tampoco estaba en los planes originales del deloredismo.
La estrategia de De Loredo era que Marcos Ferrer continuara al frente de la UCR hasta después de las elecciones provinciales de 2027. Esa alternativa permitía mantener bajo control la estructura partidaria y postergar una disputa que podía poner en riesgo la cohesión interna.
Pero el cálculo falló.
De Loredo no consiguió reunir los dos tercios de los congresales necesarios para extender los mandatos y, después de ese traspié, la interna se volvió inevitable.
Ahora debe resolver en las urnas lo que no pudo resolver mediante un acuerdo político.
Y el resultado tendrá consecuencias que excederán al propio partido.
Si De Loredo consigue quedarse con la UCR, podrá sentarse con Luis Juez y Gabriel Bornoroni desde una posición mucho más fuerte para comenzar a discutir el armado no peronista para 2027.
La ecuación es sencilla: con el radicalismo detrás, De Loredo tendrá estructura, territorio y representación. Sin el partido, sus acciones políticas bajan considerablemente.
Por eso la interna radical es, en buena medida, la primera batalla de la oposición cordobesa rumbo a 2027.
Capital, el duelo dentro del duelo
En la ciudad de Córdoba habrá una pelea particularmente cargada de simbolismo.
Generación X impulsa al histórico legislador provincial Miguel Nicolás para conducir el Comité Capital.
Del otro lado, Mestre apuesta por otro dirigente de larga trayectoria: Pablo Farías, quien buscará su reelección.
La candidatura de Nicolás, además, ya generó chicanas dentro del mestrismo. “Debió llamarse Generación Baby Boomer”, ironizó un dirigente de ese sector, en referencia a los 71 años del histórico dirigente radical.
Más allá de las bromas, la pelea capitalina será determinante.
Para Mestre, defender su territorio histórico es una cuestión de supervivencia política. Para De Loredo, conquistarlo significaría terminar de consolidar una conducción partidaria que durante años estuvo condicionada por el poder territorial del mestrismo.
La interna del 20 de septiembre, entonces, no será una elección más.
Será el tercer capítulo de una disputa que comenzó hace cuatro años, tuvo una tregua en forma de lista de unidad y ahora vuelve a abrirse con toda su intensidad.
De Loredo y Mestre vuelven a enfrentarse. Esta vez, con algo más que la presidencia de la UCR en juego: detrás de los nombres, de las listas y de los congresales se discute quién tendrá la lapicera radical para negociar el futuro de la oposición cordobesa en 2027.
