Generación X y Más Radicalismo volverán a enfrentarse en las urnas el 20 de septiembre. Con los frentes definidos, comienza la verdadera disputa interna: el armado de las listas, la distribución de cargos y una negociación en la que abundan las promesas, pero todavía faltan certezas.

La interna de la Unión Cívica Radical de Córdoba cumplió su primera etapa y lo hizo sin sobresaltos. No hubo cambios de último momento ni movimientos capaces de alterar el escenario que se venía configurando: Generación X y Más Radicalismo competirán por la conducción partidaria el próximo 20 de septiembre.
De un lado quedó Generación X, el espacio referenciado con el oficialismo partidario, que logró reunir a siete núcleos. Del otro, Más Radicalismo, que sumó cuatro sectores y tendrá además a Córdoba con Todos dentro de su esquema electoral.
El escenario tiene un dato político relevante: el enfrentamiento prácticamente repite la fotografía que había quedado planteada en la interna de 2024. Pero hay una diferencia sustancial. Aquella vez, los sectores consiguieron finalmente encontrar un punto de acuerdo y evitaron la elección. Esta vez, todo indica que la disputa llegará a las urnas.
Dos espacios, una interna que ahora sí tendrá votos
La falta de acuerdo no implica necesariamente ausencia de diálogo. Las conversaciones entre dirigentes continúan y, en distintos niveles, existen canales abiertos. Pero la lógica política parece haber cambiado.
En ambos sectores existe la convicción de que la elección puede ser una herramienta para medir fuerzas y, sobre todo, para definir quién queda mejor posicionado dentro del radicalismo cordobés después del 20 de septiembre.
En ese marco, uno de los espacios entiende que una competencia electoral puede servir para desgastar al adversario directo y ordenar el poder interno a partir de los votos. La discusión dejó de ser solamente institucional: ahora también es una disputa por liderazgo.
Y con las alianzas cerradas, comienza una etapa todavía más compleja.
El verdadero problema: cómo armar las listas
El cierre de alianzas fue apenas el primer capítulo. Ahora llega el momento que suele generar las mayores tensiones dentro de cualquier interna partidaria: el armado de las listas.
Los dos frentes ya tienen definido al adversario. El desafío, en cambio, será ordenar a los propios.
Cada núcleo llega a la negociación con sus propias expectativas y con una premisa difícil de compatibilizar: todos quieren conservar lo que tienen y, al mismo tiempo, sumar algo más.
Ese reclamo atraviesa a ambos espacios y convierte la distribución de cargos en una negociación de alta sensibilidad política.
Hay dirigentes que ya se anotaron para ocupar lugares como delegados al Comité Nacional y también varios nombres que aspiran a presidir el Comité Capital. Son cargos que, además de su valor institucional, pueden convertirse en piezas centrales para el equilibrio de poder que tendrá la UCR después de la interna.
Por eso, las conversaciones recién comienzan y prometen extenderse bastante más allá de un café.
Promesas, expectativas y pocas certezas
Uno de los principales problemas que deberán resolver los negociadores será transformar las promesas realizadas durante el proceso de conformación de las alianzas en acuerdos concretos.
Hasta ahora hubo compromisos, expectativas y ofrecimientos. Pero no todos tienen garantías sobre el lugar que finalmente ocuparán en las listas.
La tensión aparece porque el espacio disponible es limitado y las aspiraciones son muchas. Y cuando todos consideran que hicieron méritos suficientes para obtener un lugar, la negociación puede convertirse rápidamente en una disputa entre aliados.
El riesgo político es evidente: que la competencia entre los propios termine siendo más conflictiva que la pelea contra el adversario.
La convivencia, el desafío posterior al 20 de septiembre
Más allá de quién gane la elección, la UCR deberá enfrentar una realidad ineludible: después de la interna, los sectores tendrán que seguir conviviendo dentro del mismo partido.
Por eso, el desafío no será solamente ganar. También será evitar que la competencia deje heridas demasiado profundas como para impedir una reconstrucción posterior.
Generación X y Más Radicalismo llegan a la elección con estructuras consolidadas y con dirigentes que conocen perfectamente las fortalezas y debilidades del otro. La diferencia respecto de 2024 es que esta vez no parece haber aparecido una fórmula capaz de contener las diferencias antes de llegar a las urnas.
La batalla del 20 de septiembre, entonces, tendrá dos dimensiones. Una será electoral: quién consigue más votos y se queda con el control partidario. La otra será interna: quién logra preservar la alianza con sus propios socios sin que el reparto de cargos termine convirtiéndose en el primer conflicto de la nueva etapa.
Con los frentes cerrados, la UCR ya conoce a sus contendientes. Ahora comienza la parte más delicada: definir quién juega, desde qué lugar y cuánto está dispuesto a ceder cada sector para llegar unido al día de la elección.
Y en una interna donde sobran aspirantes para los mismos cargos, el verdadero partido recién empieza.
