Mientras el gobernador Martín Llaryora concentra su principal objetivo político en retener la Gobernación, la disputa por el Palacio 6 de Julio ya comenzó a ocupar un lugar central dentro del oficialismo. Sin embargo, a diferencia de procesos anteriores, el interrogante no pasa únicamente por quién encabezará la boleta, sino por cómo será elegido.

En el PJ Capital prácticamente no existen acuerdos sobre candidaturas, pero sí aparece una coincidencia transversal entre los distintos sectores internos: la conveniencia de realizar una interna abierta que legitime al postulante del oficialismo.
El planteo adquiere especial relevancia porque en el Centro Cívico crece la percepción de que Llaryora observa con interés la figura del ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, como posible candidato a intendente de Córdoba Capital.
La eventual postulación del funcionario no deja de generar incomodidad dentro del justicialismo tradicional. No sólo porque Quinteros carece de una trayectoria partidaria dentro del PJ, sino porque su origen político está fuera del peronismo y durante años mantuvo posiciones críticas hacia gobiernos justicialistas.
Un antecedente distinto al de Llaryora y Passerini
El justicialismo capitalino ya aceptó en dos oportunidades recientes respaldar dirigentes provenientes del interior provincial.
Primero ocurrió con Martín Llaryora, quien desembarcó desde San Francisco para competir por la Intendencia en 2019. Cuatro años después sucedió algo similar con Daniel Passerini, dirigente con fuerte construcción provincial pero también identificado con la estructura del llaryorismo.
Sin embargo, el escenario que hoy se analiza presenta una diferencia sustancial: Quinteros no sólo proviene de otro espacio político, sino que tampoco pertenece formalmente al PJ.
Esa condición modifica la discusión interna.
Diversos referentes consideran que una candidatura de esas características sólo podría legitimarse mediante una competencia interna que permita al resto de los dirigentes disputar el liderazgo.
El recuerdo de una vieja interna
Dentro del peronismo algunos dirigentes evocan un antecedente que obliga a remontarse más de un cuarto de siglo.
En 1999, Germán Kammerath —respaldado entonces por José Manuel de la Sota— obtuvo la candidatura para la Municipalidad tras imponerse en una interna de Unidos por Córdoba frente a Juan Schiaretti y Luis Juez.
Desde entonces, el PJ nunca volvió a respaldar para la Intendencia a un dirigente ajeno al partido sin atravesar previamente un proceso competitivo interno.
Ese dato histórico alimenta hoy el argumento de quienes impulsan abrir la discusión.
Siciliano, Rodio y Viola coinciden en un mismo reclamo
Durante las últimas semanas comenzaron a aparecer señales públicas que reflejan ese clima.
El ministro de Vinculación Comunitaria y Gestión Institucional, Miguel Siciliano, evitó pronunciarse sobre una eventual candidatura de Quinteros o incluso de la vicegobernadora Myrian Prunotto y respondió preguntando por qué no se mencionaba a dirigentes propios del justicialismo.
La definición fue interpretada dentro del oficialismo como una defensa implícita de la dirigencia partidaria.
En la misma línea ya se había expresado el presidente de la Agencia Córdoba Cultura, Marcelo Rodio, quien manifestó su disposición a que la candidatura municipal se defina mediante internas.
Meses antes también había sostenido una postura similar el secretario de Participación Ciudadana, Juan Domingo Viola.
Aunque pertenecen a distintos espacios internos, los tres coinciden en un punto estratégico: consideran que la competencia interna es el mecanismo más adecuado para resolver el liderazgo de cara a 2027.
La disputa por el territorio
El respaldo a las internas no parece responder únicamente a una cuestión doctrinaria.
Tanto Siciliano como Rodio y Viola poseen estructuras políticas propias distribuidas en distintas seccionales de la ciudad de Córdoba.
Ese despliegue territorial representa uno de sus principales activos y constituye una ventaja frente a dirigentes que todavía no exhiben una organización política consolidada.
Siciliano, especialmente, llega fortalecido tras haber ocupado durante cuatro años la Secretaría de Gobierno de la Municipalidad y actualmente conducir un ministerio con fuerte presencia territorial.
Rodio mantiene inserción en varios circuitos partidarios, mientras que Viola conserva vínculos con sectores barriales construidos durante su gestión.
Incluso la vicegobernadora Myrian Prunotto, aunque no proviene del PJ tradicional, también ha desarrollado una estructura política propia que podría competir en un escenario interno.
Quinteros apuesta al respaldo de Llaryora
En contraste, Juan Pablo Quinteros carece de una estructura partidaria comparable.
Su principal fortaleza radica en otro plano.
Dentro del oficialismo varios dirigentes interpretan que el ministro busca consolidarse como el candidato preferido del gobernador Martín Llaryora, apostando a que ese respaldo termine ordenando al resto del espacio.
La estrategia recuerda, salvando las diferencias históricas, al respaldo que José Manuel de la Sota otorgó en su momento a Germán Kammerath.
Queda por verse si ese eventual apoyo político alcanzaría para neutralizar la resistencia que hoy manifiestan distintos sectores del PJ Capital.
Un debate que excede los nombres
La discusión que comienza a instalarse dentro de Hacemos Unidos por Córdoba trasciende las aspiraciones individuales.
En realidad, enfrenta dos modelos distintos de construcción política.
Por un lado, quienes sostienen que la conducción provincial debe conservar la facultad de definir estratégicamente al candidato con mayores posibilidades electorales, incluso si proviene de fuera del partido.
Por otro, quienes entienden que el crecimiento del peronismo capitalino durante los últimos años justifica una competencia interna que permita legitimar al postulante y preservar el protagonismo de la dirigencia partidaria.
Por ahora, el gobernador mantiene abiertos todos los escenarios y evita enviar definiciones concluyentes. Sin embargo, cada movimiento comienza a ser leído como una señal en una carrera que apenas inicia, pero que ya expone las tensiones entre el liderazgo provincial y las aspiraciones de quienes buscan conducir el futuro del peronismo en la ciudad de Córdoba.
