El agravamiento de la situación política del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, desató una ola de especulaciones que ya excede los pasillos de la Casa Rosada y se instaló con fuerza en las sobremesas del peronismo cordobés. En ese ámbito, donde la política se mezcla con la estrategia territorial, comenzaron a ensayarse posibles reemplazos y a proyectarse escenarios que podrían impactar directamente en el tablero provincial.

El detonante más reciente fueron las declaraciones del contratista Matías Tabar ante el fiscal federal Gerardo Pollicita, que volvieron a sacudir al Gobierno nacional. El episodio irrumpe en un momento particularmente sensible: tras haber celebrado en privado una estabilización en los niveles de aprobación, el oficialismo enfrenta ahora un nuevo vendaval político que reaviva cuestionamientos sobre la figura del jefe de Gabinete.
Aunque se trata de una crisis de alcance nacional, en Córdoba el foco no está puesto tanto en el episodio en sí como en sus posibles derivaciones. En particular, en quién podría ocupar el lugar de Adorni si el presidente Javier Milei decidiera desplazarlo.
Martín Menem y el temor a un fortalecimiento libertario en Córdoba
El primer nombre que comenzó a circular con fuerza en Buenos Aires fue el de Martín Menem. Su eventual desembarco en la Jefatura de Gabinete no es leído como un simple recambio administrativo, sino como un movimiento político de alto impacto.
Menem ocupa un lugar central dentro del esquema de poder que articula Karina Milei, donde las decisiones parecen responder más a lealtades internas que a estructuras tradicionales de gobierno. Bajo esa lógica, en el peronismo cordobés interpretan que, si un dirigente alineado con Karina deja un lugar clave, lo más probable es que sea reemplazado por otro de su misma órbita.
La preocupación en el Centro Cívico es concreta: desde la Jefatura de Gabinete, Menem podría amplificar los recursos políticos y de gestión disponibles para fortalecer al diputado Gabriel Bornoroni, una de las principales apuestas libertarias en la provincia. Además, tendría acceso a herramientas con capacidad de incidencia directa sobre la administración provincial, alterando el equilibrio de poder local.
Luis Petri y un posible efecto fragmentador en la oposición
Otro nombre que se sumó a la danza fue el del radical Luis Petri. Su eventual llegada genera menos inquietud en el oficialismo cordobés, aunque no por falta de impacto político, sino por la dirección en la que ese impacto podría proyectarse.
En el peronismo entienden que Petri, en ese rol, podría fortalecer la figura de Rodrigo de Loredo, pero al mismo tiempo profundizar las tensiones internas dentro de la Unión Cívica Radical. Esa dinámica, especulan, podría derivar en una mayor fragmentación opositora de cara a las elecciones provinciales.
No obstante, el escenario no es lineal. De Loredo mantiene una cercanía política con Alfredo Cornejo, mientras que Petri se posiciona como su adversario en la interna mendocina. Aun así, en Córdoba recuerdan que ambos compartieron alineamientos dentro del bloque de diputados en los primeros meses de la gestión libertaria, lo que alimenta la hipótesis de una eventual convergencia.
Diego Santilli, el candidato que seduce pero no convence
El nombre que genera mayor simpatía en el oficialismo cordobés es el de Diego Santilli. Lo ven como un interlocutor más previsible y accesible, con menor vocación de confrontación directa.
Sin embargo, esa preferencia choca con la realidad política: en el propio peronismo reconocen que las posibilidades de que Santilli asuma la Jefatura de Gabinete son prácticamente nulas. Su perfil, más vinculado al armado bonaerense y a la lógica del PRO, parece distante del núcleo duro de decisiones del mileísmo.
Un esquema de poder atípico que redefine los cargos
Más allá de los nombres en danza, en Córdoba subrayan un elemento estructural que condiciona cualquier análisis: la arquitectura de poder del gobierno libertario dista de los esquemas tradicionales.
En la práctica, los cargos no parecen definirse tanto por sus atribuciones formales como por el nivel de confianza que generan en el presidente. Un ejemplo claro es el rol protagónico de Karina Milei, cuya área —históricamente secundaria— se convirtió en el verdadero centro de gravedad del Gobierno.
En paralelo, figuras como Santiago Caputo concentran poder sin ocupar cargos formales dentro del Gabinete, desdibujando aún más los límites institucionales.
Expectativa e incertidumbre
Dentro del oficialismo nacional, algunos sectores —identificados con la narrativa de “las Fuerzas del Cielo”— deslizan que este esquema podría estar en proceso de transformación. Sin embargo, por ahora, todo permanece en el terreno de las especulaciones.
En Córdoba, mientras tanto, la crisis de Adorni funciona como un disparador de análisis más profundos: no sólo sobre quién ocupará un cargo clave en el Gobierno nacional, sino sobre cómo ese movimiento podría reconfigurar el mapa político provincial.
Porque, en definitiva, lo que está en juego no es solo un nombre en la Jefatura de Gabinete, sino el equilibrio de fuerzas de cara a las próximas elecciones. Y en ese tablero, cada movimiento en Buenos Aires tiene su eco —y sus consecuencias— en el interior.
