En el tablero político cordobés, la disputa por el liderazgo opositor rumbo a 2027 comienza a mostrar sus cartas más crudas. Desde el entorno libertario que encabeza Gabriel Bornoroni, el mensaje hacia el radicalismo es directo: no hay margen para especulaciones individuales ni candidaturas por afuera. El destinatario principal es Rodrigo de Loredo, a quien consideran frente a una disyuntiva sin matices: sumarse a la alianza de La Libertad Avanza en Córdoba o enfrentar una derrota anunciada.

La presión libertaria: “no puede pedir internas desde afuera”
En la mesa política libertaria sostienen que sería “antinatural” que el radical no se integre al esquema opositor que ya conforman, al menos por ahora, junto al Frente Cívico de Luis Juez. La exigencia es clara: si De Loredo quiere discutir liderazgo, primero debe formar parte del armado.
El planteo del diputado radical —basado en encuestas favorables y en el peso histórico de la UCR— de definir la candidatura mediante internas o primarias es leído en el campamento libertario como un gesto defensivo. “Un simulacro de fortaleza en la debilidad”, deslizan, al tiempo que cuestionan su falta de coherencia: le reprochan haberse bajado de la interna partidaria y también de la lista libertaria en instancias previas.
Desde esta óptica, la hipótesis de una candidatura en soledad es vista como políticamente inviable. En ese escenario, advierten, De Loredo podría quedar reducido a un caudal electoral marginal —“una elección de cinco puntos”—, con impacto directo en los intendentes radicales que aún le responden y en la proyección legislativa nacional del partido.
El juego del oficialismo: dividir para ganar
La tensión opositora no pasa desapercibida en el Centro Cívico. En el entorno del gobernador Martín Llaryora observan con expectativa un posible escenario de fragmentación en tercios: una lista libertaria encabezada por Bornoroni, otra del juecismo y una tercera del radicalismo.
Para el oficialismo provincial, esa división sería funcional a una eventual reelección incluso sin superar el umbral del 40% de los votos. La fragmentación opositora aparece, así, como el principal aliado del llaryorismo.
En contraste, desde La Libertad Avanza ensayan una narrativa inversa: sostienen que una lista propia de De Loredo terminaría favoreciendo indirectamente al gobernador, al repetir estrategias opositoras fallidas del pasado y actuar, en los hechos, como un factor de conservación del poder vigente.
Nación, Congreso y la disputa por las reglas
El conflicto cordobés también se entrelaza con la dinámica nacional. En la Casa Rosada, bajo la conducción de Javier Milei, la prioridad es sostener volumen legislativo en Diputados para avanzar con reformas clave. En ese marco, Bornoroni —como articulador de votos— busca reducir la dependencia del cordobesismo para alcanzar mayorías.
Uno de los puntos neurálgicos es la discusión sobre la eliminación o suspensión de las PASO. El oficialismo nacional no descarta negociar una salida intermedia —convertirlas en no obligatorias— para sumar apoyos, especialmente de sectores del PRO vinculados a Mauricio Macri.
Desde el llaryorismo, la respuesta no carece de ironía ni tensión: condicionan su postura en función del rol que adopte Bornoroni en la provincia, en un juego cruzado donde lo electoral y lo legislativo se retroalimentan. Incluso se desliza la posibilidad de que Córdoba incida en la disputa presidencial futura, jugando con apoyos que resten votos a Milei.
Territorio en disputa: la amenaza sobre intendentes
Más allá de las discusiones de cúpula, el conflicto tiene un impacto concreto en el territorio. Desde La Libertad Avanza advierten que competirán en todas las intendencias del interior con candidatos propios, incluso enfrentando a jefes comunales radicales que no se alineen previamente.
El razonamiento es pragmático: aunque no logren imponerse, podrían erosionar las estructuras locales del radicalismo y debilitar su capacidad competitiva. Para De Loredo, el riesgo es doble: perder base territorial y comprometer las chances de recuperar representación legislativa nacional en un contexto donde la UCR cordobesa ya muestra retrocesos.
Una definición abierta, con reloj en marcha
La fecha de las elecciones provinciales sigue siendo una incógnita. La Libertad Avanza impulsa una ley para fijar el calendario, en línea con el esquema nacional, pero mientras tanto evita oficializar su fórmula. En los pasillos políticos ya circula un posible binomio Bornoroni-Juez, que dejaría al radicalismo en una posición incómoda.
En ese contexto, en el entorno libertario interpretan que De Loredo dilata su decisión para fortalecer su posicionamiento, con recorridas por el interior y una estrategia digital crítica hacia la gestión de Llaryora. Sin embargo, del otro lado no hay incentivos explícitos: la oferta no es de integración en términos ventajosos, sino una acumulación de advertencias sobre los costos de quedar afuera.
La definición, inevitablemente, llegará. Y cuando lo haga, no solo ordenará a la oposición, sino que también marcará el verdadero nivel de competitividad frente a un oficialismo que, por ahora, observa y capitaliza cada fisura.
