Kicillof desembarca en Córdoba sin foto con Llaryora y expone la grieta interna del peronismo rumbo a 2027

La llegada de Axel Kicillof a Córdoba este viernes no es una visita más en la agenda institucional de un mandatario provincial. Es, en términos políticos, un movimiento medido en un territorio históricamente adverso para el kirchnerismo y, al mismo tiempo, una señal hacia adentro del peronismo, donde las diferencias estratégicas comienzan a ordenarse de cara a 2027.

El gobernador bonaerense, posiblemente el dirigente en funciones más identificado con el legado de Cristina Fernández de Kirchner, pisa una provincia que le ha sido esquiva a ese espacio político incluso en sus momentos de mayor fortaleza. Córdoba representa, desde hace más de una década, un límite electoral concreto para el kirchnerismo, un techo que condiciona cualquier aspiración presidencial competitiva.

En ese contexto, la ausencia de una reunión con el gobernador Martín Llaryora no es un detalle menor: es, más bien, la síntesis de dos modelos de peronismo que hoy conviven bajo la misma estructura partidaria, pero con proyectos y alianzas divergentes. Desde el entorno de Kicillof lo confirman sin rodeos. “No está prevista una reunión con el gobernador, al menos por ahora”, señaló el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, aunque matizó con la existencia de “un diálogo permanente”.

Córdoba, territorio hostil y objetivo estratégico

La visita tiene una doble lectura. Por un lado, una agenda institucional cargada; por el otro, una clara intención de comenzar a disputar presencia política en un distrito clave. “Este año es el del armado político y el que viene será el de la campaña electoral”, sintetizó el exsenador Carlos Caserio, principal referente local del kirchnerismo.

El diagnóstico es compartido incluso por sectores ajenos al espacio. “¿Es el peronista con más chances de competirle a Milei? Yo lo voto”, deslizó, en off, un dirigente cercano al propio Llaryora, en una definición que deja entrever el nivel de reconfiguración interna que atraviesa el peronismo frente al avance de Javier Milei.

Para Kicillof, Córdoba no es una escala más: es una prueba de viabilidad nacional. Reducir la brecha —o incluso aspirar a una victoria— es una condición tácita para cualquier proyecto presidencial serio. Y ese dato, en la lógica política actual, no pasa desapercibido en ningún sector.

Una agenda sin política explícita, pero con señales claras

El itinerario del mandatario bonaerense combina gestión y construcción simbólica. En Cosquín firmará un convenio turístico y cultural con el intendente Raúl Cardinali para fomentar la participación de artistas bonaerenses en el Pre Cosquín y el tradicional festival.

En la ciudad de Córdoba, avanzará en acuerdos con la Universidad Tecnológica Nacional, vinculados tanto al desarrollo agrario como a la expansión de la oferta académica mediante el programa Puentes. Allí también presentará su libro “De Smith a Keynes”, en un gesto que combina perfil técnico con posicionamiento ideológico.

Sin embargo, el punto de mayor densidad política se traslada al Valle de Punilla. En La Falda, Kicillof participará del Congreso Nacional de delegados de la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina, convocado por su secretario general, Héctor Daer, uno de los nombres de mayor peso dentro de la CGT.

El dato no es menor: más de 600 delegados gremiales de todo el país escucharán al gobernador bonaerense en un ámbito cerrado, sin presencia relevante de la dirigencia política cordobesa. En tiempos donde el sindicalismo vuelve a ocupar un rol estratégico, el gesto de Daer funciona como respaldo y como mensaje.

Internas, silencios y nombres en danza

La visita también deja interrogantes abiertos. Uno de ellos gira en torno a Natalia de la Sota, figura clave del peronismo cordobés. Por ahora, desde su entorno aseguran que no habrá movimientos ni fotos. Sin embargo, en distintos sectores del PJ ya la ubican como una posible compañera de fórmula en un eventual armado presidencial de Kicillof.

La falta de contactos confirmados con segundas o terceras líneas del peronismo provincial refuerza la idea de una visita más enfocada en la proyección nacional que en la construcción territorial inmediata. Una apuesta que, si bien evita tensiones directas, también expone las dificultades del kirchnerismo para consolidar una base sólida en Córdoba.

Un paso más en una estrategia de largo plazo

No es la primera incursión de Kicillof en territorio cordobés. En marzo, participó de manera virtual en un acto militante organizado por Caserio, con presencia del ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso. Aquella aparición fue un primer ensayo. Esta visita, en cambio, tiene otra densidad.

Sin fotos con el poder local, pero con gestos hacia el sindicalismo y el mundo académico, Kicillof empieza a trazar su hoja de ruta en un distrito incómodo. La pregunta ya no es si el kirchnerismo puede crecer en Córdoba, sino cuánto necesita hacerlo para sostener una ambición nacional.

Y en esa respuesta se juega, en buena medida, el futuro del peronismo.

Deja un comentario