En el tramo final de la campaña, el gobernador cordobés despliega una fuerte estrategia de seguridad con inversiones, presencia territorial y un discurso que apunta al electorado de mano dura que antes simpatizaba con Patricia Bullrich.

A pocos días de las elecciones, Martín Llaryora decidió mover sus fichas en un terreno donde tradicionalmente el peronismo cordobés se mostraba más cauto: la seguridad. Con el Estadio Kempes como escenario, el gobernador presentó una “inversión histórica” en equipamiento policial y lanzó una ofensiva discursiva y simbólica destinada a capturar al electorado que valora el orden y la autoridad, el llamado “voto azul”.
“Los buenos son los azules. Hay que empezar a revalorizar la actitud de los que ponen el pecho todos los días para combatir a la delincuencia”, expresó Llaryora en un mensaje que sonó tanto institucional como electoral. En su discurso, el mandatario buscó reapropiarse de la bandera del orden, una bandera que, en la política nacional, Patricia Bullrich había sabido monopolizar entre los votantes conservadores y de clase media urbana.
La seguridad como eje político
La puesta en escena fue contundente: 400 nuevas camionetas Nissan Frontier, 600 motos, drones de vigilancia y la presentación del Grupo Especial de Operaciones Territoriales (GEOT), una fuerza élite que patrullará villas y zonas rojas con efectivos armados y móviles de cuatro agentes.
“Esta inversión es para que nuestra Policía tenga las herramientas necesarias para cuidar a los cordobeses”, aseguró Llaryora.
El ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, fue una figura central en la jornada. Exponente del discurso de “mano dura con empatía social”, Quinteros se ha convertido en la voz de la línea más firme del Gobierno provincial en materia de seguridad. Su frase de campaña, adaptada del clásico axioma de Juan Schiaretti, sintetizó la nueva doctrina:
“Habrá tanta policía como sea posible y tanta contención como sea necesaria.”
El mensaje apunta a equilibrar el reclamo ciudadano de más presencia policial con la narrativa progresista de que la inseguridad es también consecuencia de la desigualdad. En esa línea, Llaryora remarcó:
“Estamos parados en uno de los peores momentos económicos. Como dice Schiaretti, la inseguridad es hija de la exclusión social.”
Un terreno donde Bullrich pierde presencia
La jugada de Llaryora tiene, además, un componente estratégico. El llamado “voto azul”, identificado con los sectores que priorizan la seguridad y el orden, ha sido históricamente patrimonio del PRO y de Patricia Bullrich. Sin embargo, con la exministra de Seguridad relegada en el esquema libertario, ese electorado parece hoy disperso y sin liderazgo claro.
La mano derecha de Bullrich, la diputada Laura Rodríguez Machado, ocupa el cuarto lugar en la lista de La Libertad Avanza, encabezada por Gonzalo Roca, quien centra su discurso en la economía y el ajuste.
En ese marco, el espacio libertario carece de una narrativa fuerte sobre seguridad, un vacío que el llaryorismo busca ocupar con rapidez. “Blindar la agenda de seguridad” se volvió, según admiten fuentes del Panal, una prioridad electoral para neutralizar uno de los pocos flancos donde Milei podría conectar con el malestar ciudadano.
Saturación territorial y mensaje de campaña
El concepto de “saturación territorial”, reiterado en los anuncios oficiales, tiene una doble lectura: más patrulleros en la calle, pero también más presencia política del Gobierno en el territorio.
En los barrios más golpeados por la crisis, la seguridad se entrelaza con la economía, el desempleo y la pérdida de referentes institucionales. En ese escenario, la presencia del Estado —sea con policías o con obras— se convierte en un mensaje de poder.
Llaryora sabe que el “voto azul” no solo se gana con patrulleros, sino también con narrativa, y por eso insiste en presentarse como el dirigente capaz de combinar “orden y sensibilidad social”, una fórmula que busca contener al electorado del centro y del peronismo moderado frente al avance libertario.
Lectura política
Con esta movida, el gobernador cordobés busca ocupar un espacio simbólicamente poderoso: el de la autoridad eficaz, sin resignar su perfil dialoguista. Su objetivo inmediato es claro: desactivar el atractivo electoral de Patricia Bullrich entre los votantes cordobeses y debilitar la base de apoyo de Javier Milei en la provincia, donde la inseguridad aparece como una de las principales preocupaciones.
En el tablero electoral, la seguridad se transformó en el nuevo campo de disputa. Y Llaryora, lejos de cederlo, decidió jugarlo a fondo.
