Por el ajuste, el hambre avanza: mientras la inflación minorista marca un mínimo en cinco años, casi seis de cada diez hogares cordobeses no acceden a la canasta básica alimentaria.

La provincia de Córdoba atraviesa una preocupante crisis social que va mucho más allá de los números fríos de la inflación. Aunque los datos recientes muestran una desaceleración en los precios minoristas, la realidad en los hogares revela una emergencia alimentaria silenciosa: el 57,9% de las familias cordobesas no pudo acceder de manera satisfactoria a la canasta básica alimentaria durante mayo. Más alarmante aún, casi la mitad de los hogares (49,5%) tuvo que suspender al menos una comida diaria para afrontar la crisis.
Así lo revelan dos relevamientos recientes: una encuesta del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) realizada a 2.500 jefas y jefes de hogar, y un informe del Centro de Almaceneros de Córdoba. Ambos estudios coinciden en pintar un escenario dramático que afecta tanto a consumidores como a pequeños comerciantes.
El hambre golpea fuerte: cenas reemplazadas por una merienda
«Gran parte de esas familias están reemplazando la cena con una merienda tardía, insuficiente para una dieta balanceada», explicó Vanesa Romero, titular del Centro de Almaceneros, en declaraciones a Cadena 3. Además, el 30% de las familias encuestadas reportó que algún integrante del hogar «sintió hambre y no pudo satisfacerlo», y casi el 20% se quedó sin alimentos en algún momento del mes.
Esta situación marca un deterioro del bienestar social que no se condice con los indicadores macroeconómicos que el Gobierno nacional busca destacar. Mientras se celebra una inflación minorista del 1,7% en mayo —la más baja desde 2020—, el consumo se desploma y la capacidad de compra de las familias continúa deteriorándose.
Comer a crédito o no comer
En este contexto, la mayoría de las familias deben endeudarse para poder alimentarse. El 90% de los clientes que concurren a almacenes y comercios de cercanía necesita financiar sus compras de comida: el 44,2% lo hace con tarjeta de crédito, el 36% recurre al clásico «fiado», y un 7,5% directamente pide dinero prestado.
Esto refleja un fenómeno que se expande a nivel nacional: el hambre ya no es exclusividad de los sectores marginales, sino que afecta a amplios sectores medios que antes lograban cubrir sus necesidades básicas sin mayores sobresaltos.
Comercios en rojo: ventas en caída libre
La otra cara de la crisis la viven los comerciantes. Según datos de la Cámara de Comercio de Córdoba, las ventas en unidades cayeron un 6% en mayo respecto de abril, y la rentabilidad tuvo una disminución interanual del 8%. En términos anuales, las ventas cayeron un 4% respecto de mayo de 2024, y la rentabilidad se desplomó un 13%.
Solo el 30% de los comerciantes logró cumplir sus expectativas de venta, mientras que el 70% restante continúa en números rojos, luchando por sostener sus negocios ante un consumo estancado.
«Este alentador dato (por la baja inflación) convive con una realidad social preocupante. Se evidencia que el consumo continúa estancado y que el poder adquisitivo de las familias no ha logrado recomponerse», señala el informe de los almaceneros.
Una crisis estructural que no se resuelve con estadísticas
Los datos muestran que, si bien hay una baja en el ritmo inflacionario, el problema de fondo no es solo cuánto aumentan los precios, sino cuánto han perdido los ingresos reales de las familias en los últimos años. El ajuste fiscal, los tarifazos y la caída del salario real han generado una tormenta perfecta que deja a miles de familias sin margen para sostener una alimentación digna.
En Córdoba, esta crisis se traduce en hambre. La reducción del consumo, el endeudamiento para comprar alimentos y la pérdida de rentabilidad comercial son síntomas de un modelo económico que, por ahora, no ofrece alivio a quienes más lo necesitan.
