El final silencioso de Juntos por el Cambio en Córdoba

La llegada de Alejandra Ferrero a la conducción del bloque radical terminó de exponer la pérdida de peso del interbloque opositor. Sin actividad ni sucesores a la vista, el armado que en 2023 disputó la Gobernación al peronismo quedó diluido. Marcos Juárez, cuna de la alianza, ofrece hoy una imagen de su fragmentación.

La designación de Alejandra Ferrero al frente del bloque de la UCR en la Legislatura de Córdoba terminó de sellar el ocaso de Juntos por el Cambio como estructura parlamentaria. No hubo un anuncio de disolución ni una ruptura formal: el espacio dejó de funcionar y, por ahora, nadie habla de reemplazar a quien conducía el interbloque.

El cambio de autoridades terminó de confirmar un proceso que llevaba meses en marcha. La salida de Matías Gvozdenovich de la presidencia de la bancada radical, para concentrarse en la conducción del Comité Provincia, abrió el camino para Ferrero, quien asumió con el respaldo político de Rodrigo de Loredo.

La legisladora ya presidía el interbloque opositor, pero esa estructura había perdido capacidad de coordinación. Las diferencias internas, la fragmentación del PRO y la proliferación de monobloques fueron debilitando una mesa que ya no ordenaba las negociaciones legislativas.

A eso se sumó la pérdida de representación institucional: Ferrero no pudo continuar participando de las reuniones de Labor Parlamentaria en su condición de titular del interbloque. Con el tiempo, radicales, juecistas y dirigentes del PRO comenzaron a priorizar sus propias agendas. La cercanía entre algunos sectores no alcanzó para sostener una conducción común.

De una alternativa competitiva a un espacio diluido

Juntos por el Cambio había llegado a la Unicameral en diciembre de 2023 con 33 legisladores, tras la elección provincial en la que Luis Juez enfrentó a Martín Llaryora. La coalición reunía al radicalismo, el Frente Cívico, el PRO y otros sectores que habían logrado construir una alternativa competitiva frente al peronismo.

Al organizarse la Legislatura, el interbloque quedó integrado por 32 miembros distribuidos en cinco bancadas. Ferrero asumió su conducción, mientras Gvozdenovich quedó al frente del radicalismo.

Pero las diferencias políticas y la búsqueda de estrategias propias fueron erosionando ese acuerdo. El acercamiento de algunos de sus antiguos integrantes a La Libertad Avanza también contribuyó a desdibujar una identidad opositora que había perdido su punto de referencia común.

Marcos Juárez, del nacimiento al retroceso

El final del armado tiene un peso simbólico. Juntos por el Cambio nació políticamente en Marcos Juárez, donde en 2014 la alianza entre la UCR, el PRO y otros sectores opositores llevó a Pedro Dellarossa a la intendencia. Aquel triunfo anticipó la construcción nacional que un año después llevaría a Mauricio Macri a la Presidencia.

La ciudad se convirtió en el kilómetro cero de una alianza que buscaba unir a distintas fuerzas para disputar el poder al peronismo. Más de una década después, el escenario cambió.

En las elecciones municipales del 6 de septiembre de 2026, la fragmentación de la oferta no peronista favoreció el triunfo de Germán Font, quien obtuvo el 46,09% de los votos. El resultado puso fin a más de cinco décadas sin victorias peronistas en la ciudad y dejó una señal que excede el escenario local: la dispersión de antiguos aliados volvió a beneficiar al PJ.

La incógnita de 2027

El escenario abre un interrogante sobre el futuro de la oposición cordobesa. La irrupción de La Libertad Avanza modificó el tablero y plantea una dinámica que recuerda, en parte, a la construcción de Juntos por el Cambio: sumar fuerzas distintas para enfrentar al peronismo, aunque con otros liderazgos y una identidad política diferente.

En Marcos Juárez, los sectores no peronistas llegaron divididos y el peronismo capitalizó esa dispersión. La decisión de algunos espacios de no competir allí también dejó expuestas las dificultades para articular una estrategia común.

La pregunta ahora es si esa lógica se repetirá en 2027, tanto en Córdoba como a nivel nacional. Sin un interbloque que funcione como espacio de coordinación y con sus antiguos integrantes moviéndose por carriles propios, la oposición deberá resolver si puede reconstruir una alianza competitiva o si la fragmentación terminará favoreciendo, una vez más, al oficialismo.

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