Se mueven fichas en la capital y se abre una nueva fase de la sucesión municipal

Los concejales alineados al gobernador Martín Llaryora ya tienen línea clara: construir agenda propia en la ciudad de Córdoba y disputar centralidad territorial, incluso cuando eso implique priorizar la defensa de la gestión provincial —y del paso del sanfrancisqueño por el Palacio 6 de Julio— por sobre la actual administración municipal. El movimiento inquieta al peronismo capitalino, especialmente a los ediles del PJ sin chances de reelección y sin “prosapia llaryorista”, que ven achicarse sus márgenes de maniobra en un tablero cada vez más ordenado desde el Centro Cívico.

La señal política empezó a fines del año pasado, cuando el gobernador activó una jugada de posicionamiento temprano de figuras propias en la capital. La llegada de Miguel Siciliano al Ministerio de Vinculación y Gestión Institucional —con amplias competencias territoriales—, el pase de Marcelo Rodio de Transporte a la Agencia Córdoba Cultura, y la creciente visibilidad del ministro de Seguridad Juan Pablo Quinteros, configuraron un primer triángulo de precandidatos en carrera por la sucesión municipal.

A ese esquema se sumó un cuarto nombre, aunque desde el ala viguista de la gestión local: el secretario de Deportes y Políticas Vecinales, Héctor Campana. Así, antes de cerrar el año, el llaryorismo ya había puesto a rodar una oferta propia de postulantes, anticipando un escenario de competencia interna prolongada.

Concejo, territorio y partido: la estrategia integral

El despliegue no se limita a nombres. Ahora, el llaryorismo puro avanza con una instrucción política precisa hacia sus concejales: construir agenda propia en el territorio, con eje en la defensa de la gestión provincial y del legado de Llaryora en la Municipalidad, aun si eso genera tensiones con el Ejecutivo local que encabeza Daniel Passerini.

La estrategia tiene una segunda dimensión: la disputa partidaria. En la antesala de la redefinición de autoridades del PJ —mandatos que vencen en abril—, el oficialismo provincial ya tendría operadores destinados a perfilarse en el control de seccionales clave, hoy bajo conducción de dirigentes vinculados al viguismo o al schiarettismo. No se trata, necesariamente, de un conflicto en la cúpula: ni el gobernador, ni su antecesor, ni la senadora nacional parecen prestar demasiada atención a estas escaramuzas. Pero en la base territorial la dinámica es otra: allí se juegan poder real, armado político y proyección futura.

El factor Concejo: reacomodamientos y supervivencia política

En el Concejo Deliberante, el escenario es especialmente sensible. La mayoría de los ediles oficialistas ya no puede repetir mandato y empieza a evaluar alternativas: apostar a una banca en la Legislatura, buscar un nuevo encuadre dentro de Hacemos Unidos por Córdoba o reinsertarse en otros espacios del esquema provincial. La sucesión municipal, combinada con el inevitable cierre del ciclo de Passerini en el Ejecutivo, acelera decisiones y redefine lealtades.

Hoy, dentro del llaryorismo se encolumnan Marcos Vázquez, Nicolás Piloni, Mauricio Romero, Myriam Aparicio y Pedro Altamira. En la órbita del espacio, aunque sin pertenencia formal, aparecen Gustavo Pedrocca y Ricardo Moreno. Pedrocca, al frente del sindicato de Seguridad, mantiene vínculos fluidos con el Centro Cívico y tiene ascendencia en la seccional 13ª. Moreno, por su parte, lidera las 62 Organizaciones Peronistas, hoy convertidas en uno de los principales soportes sindicales del oficialismo provincial, con fuerte despliegue en la capital y el interior.

Un tablero que se reordena

Con los precandidatos del gobernador creciendo en visibilidad territorial, el juego de los concejales empieza a ganar protagonismo. Sus movimientos dejarán al descubierto alineamientos que, desde el Palacio 6 de Julio, podrían ser leídos como prematuros o directamente disruptivos. Sin embargo, el mensaje del Centro Cívico es claro: la sucesión se construye con tiempo, territorio y control político.

La carrera dentro del oficialismo ya está lanzada. La oposición, en cambio, apenas comienza a desperezarse en ese tablero. Mientras tanto, el llaryorismo avanza con una lógica de poder clásica pero eficaz: primero el territorio, luego el partido, después las candidaturas. Todo lo demás es relato.

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