La Municipalidad de Córdoba informó que, entre diciembre y enero, los Centros Vecinales recibieron cerca de 500 millones de pesos a través del programa “Codo a Codo”. El dato, presentado oficialmente como una política de fortalecimiento institucional y acompañamiento comunitario, tiene una derivación política inevitable: el viento de cola que empuja la figura de Héctor “Pichi” Campana, secretario de Fortalecimiento Vecinal, Cultura y Deportes, y principal carta del viguismo para disputar la candidatura peronista a la sucesión municipal.

El Palacio 6 de Julio había encarado durante 2025 la renovación de autoridades en 344 centros vecinales. El proceso dejó un mapa revelador: 286 listas únicas —muchas de ellas tras impugnaciones cruzadas entre distintos armados— y 58 elecciones competitivas que se resolvieron en las urnas. Cerrado ese capítulo, la gestión municipal activó el compromiso asumido: potenciar el programa “Codo a Codo” mediante aportes económicos no reintegrables a las nuevas conducciones barriales.
En concreto, la entrega de fondos alcanzó a 138 centros vecinales, con montos que oscilaron entre 2,5 y 4 millones de pesos, según las tareas y proyectos presentados en cada barrio. Una inyección de recursos significativa en términos institucionales, pero también estratégica en términos políticos: consolida estructura territorial, genera vínculos directos con referentes barriales y fortalece redes de legitimidad en la base social.
Desde la Municipalidad, ante la consulta periodística, aclararon que los fondos provienen exclusivamente de las arcas municipales, buscando disipar cualquier tipo de sospecha sobre financiamiento externo. La aclaración no es menor: la distribución se produjo entre diciembre y enero, de manera concomitante con la llegada de Miguel Siciliano al Ministerio de Vinculación Comunitaria, una cartera provincial con amplias facultades para operar territorialmente en la capital. La superposición temporal alimentó lecturas políticas inevitables, aunque el oficialismo se apuró a marcar la autonomía financiera del programa.
La capital como tablero clave del 2027
El contexto es determinante. Daniel Passerini no puede reelegir, por haber acompañado a Martín Llaryora en su primera gestión municipal. Y nadie discute que Córdoba capital concentra cerca del 40% del padrón electoral provincial, lo que la convierte en el distrito decisivo para que la boleta de Hacemos Unidos sea competitiva en 2027.
La prioridad estratégica del peronismo es clara: retener el Centro Cívico. Pero esa tarea se vuelve cuesta arriba si la gestión municipal no llega a la campaña con una percepción social positiva en la capital. De allí la decisión del gobernador de “poner a jugar” dirigentes con recursos, estructura y buena recepción en encuestas dentro de la ciudad. En ese lote aparecen Siciliano, el ministro de Seguridad Juan Pablo Quinteros y Marcelo Rodio, que dejó Transporte para asumir la presidencia de la Agencia Córdoba Cultura.
Esta saturación de recursos y figuras en la capital produce un doble efecto: fortalece la gestión territorial, pero también instala una competencia interna no declarada por la futura candidatura municipal, que el peronismo, todo indica, separará estratégicamente de la disputa por la Gobernación.
El viguismo mueve sus fichas
En ese tablero, el viguismo, en tándem con sectores del passerinismo, ya tiene su carta visible: Héctor Campana. No es un dato menor que, tras las reformas de gabinete impulsadas por Llaryora, la Municipalidad se haya convertido en el principal bastión del viguismo, mientras sus segundas líneas observan con creciente nerviosismo el avance del llaryorismo sobre el territorio capitalino.
El programa “Codo a Codo”, en ese marco, no es solo una política pública: es también una herramienta de acumulación política, que ordena vínculos, construye lealtades y consolida presencia barrial. Sin estridencias, sin épica discursiva, pero con una lógica clásica de poder territorial: gestión + recursos + cercanía comunitaria.
El discurso de la “gestión humanizada”
En línea con la impronta que Passerini intentó imprimir desde su llegada a la Intendencia —la idea de “humanizar la gestión” como contrapunto al clima nacional—, Campana reforzó el mensaje de cercanía comunitaria:
“Es una prioridad para la Municipalidad de Córdoba. Son espacios vitales para la comunidad, con ciudadanos comprometidos con la sociedad y con el desarrollo de cada barrio. Además de brindar apoyos económicos muy importantes, estamos en permanente contacto para colaborar en las acciones que llevan adelante, fortalecer su funcionamiento institucional y acompañar los procesos de participación vecinal. El trabajo en conjunto da como resultado comunidades más organizadas y con mejor calidad de vida para los vecinos”.
El discurso encaja con el relato institucional. Pero la política, como siempre, va un paso más allá: detrás del fortalecimiento vecinal se ordena el escenario de la sucesión. Y mientras el peronismo provincial calibra su estrategia para 2027, en la capital ya se mueven fichas, se consolidan territorios y se construyen candidaturas.
El “Codo a Codo” no es solo un programa. Es, también, una señal. Y en Córdoba, las señales rara vez son inocentes.
