Milei fue recibido como un “rock star” en el festival más gaucho del país

La escena no fue habitual para un presidente de la Nación, pero sí coherente con el clima político que Javier Milei viene cultivando desde su llegada a la Casa Rosada. En la madrugada del sábado, el mandatario irrumpió en la 60ª edición del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María y fue ovacionado por un anfiteatro colmado, en una noche que quedará registrada no solo por el récord de público, sino también por la fuerte carga simbólica y política del gesto.

Milei llegó al anfiteatro José Hernández a las 0.45, cuando un cartel lumínico proyectado sobre el escenario le dio la bienvenida ante miles de personas que habían agotado todas las entradas. El recibimiento fue más propio de una figura del espectáculo que de un jefe de Estado: aplausos sostenidos, gritos, celulares en alto y una atmósfera festiva que reforzó la imagen de cercanía que el Presidente busca consolidar, especialmente en Córdoba, una de las provincias que más respaldo le otorgó en las urnas.

La elección del escenario no fue casual. Lejos del protocolo rígido y de los actos oficiales, Jesús María funcionó como una vidriera política amigable. El festival más tradicional del país se transformó, por unas horas, en un espacio donde la figura presidencial se mezcló con la cultura popular, el folklore y la liturgia del aplauso directo, sin intermediarios.

El Presidente arribó acompañado por el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y avanzó entre la multitud hasta el palco oficial para presenciar el inicio del show del Chaqueño Palavecino, principal atracción de la noche. Desde el escenario, el cantante interrumpió brevemente su presentación para agradecer la presencia de Milei: “Es un halago que nos visite”, expresó. El gesto fue correspondido por el mandatario, quien elogió al festival por “hacer quedar bien al país en el mundo” y pidió un clásico del repertorio folklórico: Amor salvaje.

Ese pedido derivó en el momento más comentado de la noche. Con entusiasmo visible, Milei gritó: “Chaqueño, ¿te puedo pedir un tema en honor al amor que siento por Córdoba?”. La respuesta del artista sorprendió al público: “¿Lo querés cantar conmigo?”. Tras una breve resistencia, el Presidente aceptó, subió al escenario y entonó un fragmento de la canción junto a Palavecino. La escena fue celebrada con ovaciones y cerró con una frase que mezcló ironía y descontractura: Milei agradeció, entre risas, “por permitirle arruinar la canción”.

Más allá del show, el mandatario fue el único dirigente autorizado por protocolo del Festival a tomar la palabra. Micrófono en mano, desde el palco, dejó un mensaje directo al electorado cordobés: “Cómo no le voy a dar las gracias a la querida provincia de Córdoba que me ayudó a ser presidente”. La frase condensó el trasfondo político de la visita y reforzó la idea de una relación privilegiada con un distrito clave para su construcción de poder.

En su paso por Jesús María, Milei estuvo acompañado además por los diputados nacionales Gonzalo Roca, Gabriel Bornoroni y Luis Picat —exintendente de la ciudad—, junto al actual intendente Federico Zárate y el presidente del Festival Nacional de Doma y Folklore, Juan López, quienes lo recibieron formalmente en el ingreso al predio.

Con esta presencia, Javier Milei se convirtió en el tercer presidente de la Nación en asistir al festival desde su creación. Antes lo habían hecho Néstor Kirchner, en 2004, y Mauricio Macri, en 2017. El dato no es menor: cada una de esas visitas se produjo en contextos políticos distintos, pero siempre con el festival como plataforma de alto impacto simbólico en Córdoba y el interior productivo.

Como cierre institucional de la jornada, el intendente Zárate le entregó al Presidente un facón criollo, símbolo de los campeones del festival y de la cultura gaucha, confeccionado por el artesano Galucho. Desde la organización explicaron que el obsequio representa la tradición, la historia y los valores que identifican al evento.

Entre folklore, ovaciones y gestos calculados, Milei volvió a mostrar que entiende el valor político de la escena y del contacto directo con su base de apoyo. En Jesús María, el Presidente no solo asistió a un festival: protagonizó un acto de alto voltaje simbólico, donde la política se mezcló con la cultura popular y dejó una imagen que, para muchos, excedió largamente lo anecdótico.

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