El cierre de 2025 dejó una postal económica ambigua en Córdoba: mientras la inflación mostró una desaceleración significativa en comparación con años anteriores, el consumo y el poder adquisitivo siguieron deteriorándose de manera profunda. En diciembre, la suba de precios fue del 2,3% según los registros provinciales, aunque otros relevamientos anticipatorios la ubicaron en torno al 2,6%, impulsada principalmente por el fuerte aumento de la carne vacuna, que trepó un 9% en apenas un mes.

Con ese último registro, la inflación acumulada del año alcanzó el 31,4%, muy por debajo del 211,4% de 2023 y del 117,8% de 2024. Sin embargo, la moderación inflacionaria no se tradujo en una mejora del bienestar social. Por el contrario, el dato que enciende todas las alarmas es la caída del consumo: las ventas minoristas retrocedieron un 21,3% interanual durante 2025, configurando uno de los desplomes más severos de los últimos años.
Ventas en rojo y salarios corriendo de atrás
En diciembre, las ventas minoristas cayeron un 8,4% interanual en volumen. Si bien el registro mostró una leve mejora de 0,7 puntos porcentuales respecto de noviembre —explicada en gran medida por el impacto transitorio del aguinaldo—, el balance anual es contundente. Frente a 2024, el consumo se contrajo más de un 21%, reflejando con crudeza que los ingresos no lograron acompañar ni siquiera a una inflación en desaceleración.
Desde el Centro de Almaceneros de Córdoba, entidad que mes a mes releva precios y hábitos de consumo en los comercios de barrio, lo sintetizan sin rodeos: la inflación siguió ubicándose por encima de los aumentos salariales reales, erosionando el poder adquisitivo y restringiendo de manera severa la capacidad de compra de los hogares.
La desaceleración que no alivia
Los datos de diciembre consolidaron una inflación mensual que no logra perforar el piso del 2%. En el último mes del año, el rubro alimentos y bebidas aumentó 2,8%, con la carne como principal motor de la suba. Ese comportamiento tuvo un impacto directo sobre los indicadores sociales: la línea de pobreza se ubicó en $1.674.780 para una familia tipo, mientras que la de indigencia alcanzó los $904.039.
Más allá de los promedios, el relevamiento del Centro de Almaceneros expone una realidad aún más áspera. La mayoría de los consumidores encuestados reconoció que no logra cubrir plenamente la canasta básica y que debe recurrir de manera sistemática a distintas fuentes de financiamiento para sostener el consumo cotidiano.
“Si bien algunos indicadores mejoraron levemente respecto a noviembre, en gran parte debido al cobro del aguinaldo, las mediciones siguen reflejando serias dificultades para garantizar una alimentación básica adecuada”, advirtieron desde la entidad.
Alimentarse endeudándose
Los datos sociales que acompañan el cierre de 2025 son elocuentes. El 55,7% de los hogares no logró cubrir la Canasta Básica Alimentaria. Incluso entre quienes sí lo hicieron, el 70,5% dependió de algún tipo de asistencia estatal, mayormente a través de la Asignación Universal por Hijo.
El ajuste en los hogares se manifestó de formas cada vez más extremas: el 51,1% eliminó alguna comida diaria —principalmente la cena— y el 20,3% debió pedir comida o dinero para poder alimentarse. En paralelo, el endeudamiento se consolidó como una estrategia casi obligada: el 87,7% de las familias financió la compra de alimentos mediante crédito, fiado o préstamos, mientras que apenas el 11,3% pudo pagar al contado sin recurrir a ningún tipo de financiamiento.
“El resultado es claro: la alimentación cotidiana se sostiene crecientemente sobre endeudamiento y asistencia”, concluye el informe. Una definición que pone en evidencia que, detrás de la baja de la inflación, persiste —e incluso se profundiza— una vulnerabilidad estructural que golpea de lleno a los sectores medios y bajos de Córdoba.
Así, 2025 cerró con números que celebran en los cuadros macroeconómicos, pero que dejan una factura social elevada: menos inflación, sí, pero también menos consumo, más pobreza encubierta y una vida diaria sostenida a crédito. Un equilibrio frágil que anticipa tensiones de fondo para el año que comienza.
