La alegría después del dolor

La comunidad educativa del colegio público Bernardino Rivadavia, en Hernando, atravesó en las últimas horas uno de los episodios más dolorosos desde que impulsa su proyecto de formación agropecuaria. Los alumnos llegaron a la escuela y se toparon con una escena devastadora: “Berni”, el ternerito que criaban como parte del programa Bio Escuela, había sido robado y sacrificado.

La directora del establecimiento fue quien descubrió los restos del animal, un hallazgo que dejó a docentes y alumnos profundamente consternados. La policía provincial actuó de inmediato y logró detener a un sospechoso, aunque los investigadores creen que no actuó solo y que el robo y posterior faena fue una decisión premeditada.

El proyecto Bio Escuela es uno de los espacios más valorados por las familias y la comunidad rural, por su capacidad de integrar a los chicos en prácticas de cuidado animal, producción y responsabilidad compartida. Allí se crían gallinas y otros animales, siempre con la premisa de enseñar respeto por el entorno y hábitos de trabajo vinculados al mundo rural.

Por eso, la pérdida de Berni no solo provocó tristeza: generó indignación. Que se robe y sacrifique al animal que los alumnos cuidaban con esfuerzo y cariño expuso, una vez más, una problemática que crece en los pueblos del interior: la inseguridad rural y el cuatrerismo, delitos que muchas veces quedan impunes o sin un acompañamiento estatal suficiente.

En medio del dolor, una muestra de solidaridad logró cambiar el ánimo de los chicos. El legislador y exintendente de Hernando, Gustavo Botasso, quien además es productor ganadero, decidió donar una ternera recién nacida, que había quedado huérfana pocas horas antes.

“Ante la tremenda situación no dudé en hacer la donación”, explicó Botasso, quien aseguró sentirse especialmente comprometido con Bio Escuela y con el valor pedagógico del contacto diario con los animales. La ternerita, según informó, será un aporte central para que los alumnos continúen desarrollando las actividades que el proyecto propone.

La directora del Rivadavia celebró la noticia: la nueva integrante llegará en febrero, cuando esté más fuerte y pueda incorporarse sin riesgos a la rutina del establecimiento. Será recibida en un entorno donde los estudiantes ya han demostrado, con esfuerzo y dedicación, su capacidad para criar y cuidar animales en comunidad.

La donación, además, reabrió un debate necesario sobre qué tipo de protección reciben estos proyectos educativos rurales y qué tan preparada está la provincia para enfrentar delitos que afectan el trabajo formativo, emocional y productivo de cientos de chicos.

Por ahora, entre la tristeza por lo ocurrido y la expectativa por la llegada de la nueva ternerita, la comunidad escolar vuelve a encontrar algo de alegría. Una alegría que, esta vez, nace después del dolor.

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