De Loredo le pidió a Juez que abandone la pelea por la gobernación

Rodrigo de Loredo comenzó su despedida del Congreso Nacional dejando en claro que su mirada está puesta en el próximo gran desafío: la gobernación de Córdoba. Pero su mensaje no fue sólo programático, sino también dirigido a un viejo socio político. “El frente no peronista tiene que tener la responsabilidad de mantenerse unido. Yo la tuve: fui uno de los pocos dirigentes con mucha competitividad que dio un paso al costado. Ahora es momento de que otros hagan lo mismo”, dijo en diálogo con Cadena 3, en un mensaje sin sutilezas hacia Luis Juez.

El líder del Frente Cívico, sin embargo, no parece dispuesto a bajarse. Tras la ruptura electoral de 2023, Juez no sólo conserva peso político en la Legislatura y en el Tribunal de Cuentas —desde donde incomoda al oficialismo provincial—, sino que además se alió con un nuevo socio: el libertario Gabriel Bornoroni, hoy una de las figuras con mayor proyección en el electorado opositor.

Una UCR fragmentada y sin brújula

Antes de intentar ordenar el espacio opositor, De Loredo deberá enfrentar la tormenta interna del radicalismo cordobés, un partido que atraviesa una de las peores crisis de los últimos años. Las fracturas internas, los pases hacia La Libertad Avanza y el coqueteo de algunos dirigentes con el espacio de Provincias Unidas —la alianza experimental que intentan sostener Martín Llaryora y Maximiliano Pullaro— reflejan un radicalismo en pleno desconcierto.

El tradicional congreso radical de Villa Giardino, que solía ser un espacio para la catarsis y el consenso, hoy se percibe como una bomba de tiempo. “Nos vamos a cagar a trompadas”, confesó crudamente un dirigente enfrentado a De Loredo, que le achaca haber dañado las chances del partido en las elecciones de octubre pasado.

Bornoroni, el factor Milei en Córdoba

El diputado libertario Gabriel Bornoroni, fortalecido tras su buen desempeño electoral, no esconde su resistencia al avance del radicalismo. En su entorno aseguran que “no hay lugar” para De Loredo en un armado futuro. Las tensiones se agravaron luego de que el radical calificara en el Congreso como “genocidio” la ofensiva israelí sobre Gaza, lo que desató un fuerte rechazo de la comunidad judía local y nacional. La DAIA lo acusó de “contribuir al antisemitismo y a la estigmatización del pueblo judío”, un conflicto que debilitó la imagen del dirigente en sectores moderados del electorado urbano.

Juez, poder real y resistencia

Pese al pedido público de De Loredo, Juez sigue siendo una figura con peso específico dentro de la oposición cordobesa. Controla el Tribunal de Cuentas, un organismo clave que ha sabido incomodar al oficialismo provincial, y conduce un bloque legislativo minoritario pero disciplinado. En el Frente Cívico lo saben: su poder real lo mantiene en la mesa grande de la política cordobesa.

Además, los juecistas entienden que para competirle al peronismo en serio, el radicalismo debe ser un socio, no un adversario interno. “Sin el interior radical no se gana Córdoba”, repiten en el entorno del exintendente. Por eso, varios legisladores de la UCR que buscan su reelección presionan por un frente opositor integrado, sin “aventuras deloredistas” que dividan el voto no peronista.

En El Panal, brindis anticipado

Mientras tanto, en el oficialismo observan el fuego cruzado con satisfacción. En el entorno del gobernador Martín Llaryora celebran el temprano lanzamiento de De Loredo y la tensión creciente con Juez. El principal temor del peronismo cordobés siempre fue la oposición unificada, como en 2023. Pero con cada cruce, con cada fractura interna, el escenario parece más favorable para el Panal.

De Loredo busca posicionarse como el líder moderno del antiperonismo cordobés, pero su desafío inmediato no es el peronismo, sino ordenar la casa propia. En una oposición que acumula heridos y desconfianzas, la pregunta que sobrevuela el tablero político cordobés es si el radical podrá unir lo que Juntos por el Cambio rompió.

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