La remontada imposible que cambió el mapa político argentino

A las 12:30 del domingo electoral, en el búnker de Diego Santilli ya se asumía una derrota por nueve puntos. Nueve horas más tarde, el exvicejefe de Gobierno porteño se encontraba celebrando una victoria histórica en el corazón del peronismo, volteando un resultado que apenas semanas atrás parecía inamovible. En menos de cuarenta días, el peronismo perdió más de 1.300.000 votos en la provincia de Buenos Aires, en una de las caídas más abruptas y simbólicas de los últimos tiempos.

¿Qué pasó entre aquel 14 de septiembre y este 26 de octubre? A simple vista, nada que pudiera explicar semejante giro. El Gobierno llegó a la elección envuelto en una corrida cambiaria que obligó a una intervención del Tesoro de Estados Unidos, con ministros renunciando, denuncias de candidatos narco y un oficialismo fracturado en mil pedazos. Y sin embargo, el resultado terminó beneficiándolo.

El voto del miedo y el “cisne violeta”

La hipótesis más extendida entre analistas es que la fragilidad extrema del momento jugó, paradójicamente, a favor del Gobierno. La sensación generalizada de que el país estaba al borde del colapso habría activado un reflejo defensivo en buena parte del electorado, que optó por respaldar a Javier Milei antes que arriesgarse a un salto al vacío. Fue un voto de miedo y de advertencia, una suerte de «refugio emocional» en medio del caos.

El fenómeno tomó por sorpresa a todos. Ninguna encuesta —ni oficialista ni opositora— anticipó un triunfo del Gobierno por diez puntos. Los estudios coincidían en un empate técnico, con La Libertad Avanza (LLA) aventajando por uno o dos puntos. Pero el 40% libertario no figuraba en ningún tablero. La jornada terminó con un mapa teñido de violeta y con el peronismo en estado de shock.

Estábamos preparados para que saquen 35 puntos, no 40”, admitió con resignación un dirigente del entorno de Axel Kicillof, uno de los grandes derrotados de la noche. En su entorno reconocen que hubo subestimación y complacencia. Se creyó que el aparato bonaerense bastaría para sostener la estructura, pero la boleta única, la apatía militante y la falta de conducción política terminaron pasando factura.

La trampa de la boleta única

Uno de los factores más mencionados puertas adentro del peronismo es la boleta única, impulsada por el oficialismo nacional y que terminó siendo un tiro en el pie para el PJ bonaerense. El peronismo, históricamente, milita con la boleta en la mano. En el Conurbano, la boleta es volante, argumento y recordatorio. La nueva modalidad desarmó toda una red de militancia territorial que el PJ había perfeccionado durante décadas.

Nos sacaron la herramienta más potente de campaña”, se lamenta un intendente del segundo cordón. Y agrega, con crudeza: “Encima la foto de Espert era tan chica que nadie sabía dónde marcar”.

Guerra interna y fin del mito de la invencibilidad bonaerense

El cimbronazo electoral desató una guerra interna de proporciones. “Ahora viene una época en que nos vamos a cagar bien a trompadas”, admitió, sin eufemismos, otro jefe comunal del peronismo. Las culpas vuelan de un lado a otro: los kirchneristas apuntan a Kicillof por su “pasividad de campaña”, los intendentes le reclaman conducción política, y los sectores más duros insisten en que Cristina Kirchner tenía razón cuando se oponía al desdoblamiento.

La caída duele más porque se da en territorios supuestamente seguros: Chaco, Santa Fe, Chubut y, sobre todo, Buenos Aires. No es sólo una derrota electoral; es un golpe al orgullo histórico del peronismo como partido mayoritario.

Un país violeta y un mapa polarizado

Pese a la magnitud simbólica del revés, los números legislativos no son catastróficos: el bloque peronista casi no perdió diputados y cedió apenas cuatro bancas en el Senado. Pero el impacto visual del mapa teñido de violeta es devastador. La elección consolidó un nuevo escenario político: Milei o Peronismo.

El proyecto de “vía del medio” de Provincias Unidas, que intentaba articular un espacio federal entre ambos polos, fue triturado. La derrota del cordobés Juan Schiaretti y del santafesino Maximiliano Pullaro desarmó el núcleo duro del espacio, dejando el terreno libre para la hegemonía libertaria.

El eje Karina-Menem se consolida

En el oficialismo, el resultado fortaleció a los Menem y a Karina Milei, quienes sostuvieron la estrategia de ir contra los gobernadores y los acuerdos de Santiago Caputo. Les fue bien: enfrentaron a 19 y ganaron en 11 provincias. No fue casual que lo primero que hiciera la secretaria general de la Presidencia fuera mostrarse junto a Martín Menem, enviando un mensaje interno sobre quién manda ahora en la tropa libertaria.

Pese a las tensiones, Milei volvió a acercar a Santiago Caputo al centro de las decisiones, mientras se multiplican las dudas sobre el futuro del ministro Guillermo Francos. La “pax libertaria” recién comienza, pero el poder ya tiene nuevo equilibrio.

Toto Caputo y el respaldo de Washington

El otro gran ganador de la noche fue Luis “Toto” Caputo, que ve reforzada su posición tras un resultado que le da oxígeno político y descomprime la presión cambiaria. El rescate financiero articulado con la administración Trump puede ahora ser presentado como un aval tácito del electorado. En Washington celebran: su advertencia de que “una derrota de Milei sería un retroceso para la relación bilateral” no cayó en saco roto.

Milei, el elegido del caos

El voto a Milei parece haber sido, más que una ratificación ideológica, una intimación colectiva a resolver los problemas estructurales. Como ocurrió con Macri en 2015, la sociedad parece decirle: “Te damos poder, pero no tiempo”.

Ahora el presidente enfrenta el tramo más difícil: más ajuste, vencimientos de deuda y un esquema monetario atado con alambre. Pero para llegar a ese purgatorio era necesario atravesar el infierno electoral, y este domingo lo hizo sin quemarse.

La elección dejó una certeza: en la Argentina, el péndulo político puede girar 180 grados en cuestión de semanas. El “cisne violeta” apareció, arrasó y dejó en claro que, una vez más, la única constante en la política nacional es el cambio.

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