
Quiero dirigirme a los cordobeses con absoluta claridad: gobernar no puede ser sinónimo de empobrecer a la gente con impuestazos, tarifazos y presión fiscal asfixiante. Lamentablemente, esa ha sido la receta que el oficialismo viene aplicando en nuestra provincia desde hace años, y cuyos resultados están a la vista: más pobreza, menos producción y un sector privado que se siente cada vez más castigado.
En los últimos meses hemos visto cómo, desde el Gobierno provincial, se insiste con medidas que golpean directamente el bolsillo de las familias, de los trabajadores y de los emprendedores. Cada nuevo aumento de impuestos, cada tarifa que se incrementa sin miramientos, es un hachazo al esfuerzo de los cordobeses que producen, que invierten y que intentan sostener su actividad en un contexto nacional ya de por sí crítico.
El espejo de Buenos Aires debería servir de advertencia. Allí, la ciudadanía le dijo basta a la soberbia de los gobiernos que se creen dueños del bolsillo de la gente. Córdoba no puede ir por el mismo camino. Debemos comprender que la presión fiscal desmedida no es la solución: es parte del problema. Empobrece a la sociedad, expulsa inversiones y frena el desarrollo.
Nuestra provincia necesita, con urgencia, un cambio de rumbo económico. Un modelo que deje de ver al contribuyente como un enemigo al que hay que perseguir y castigar, y empiece a considerarlo como un socio en la construcción del futuro. Que en lugar de multiplicar impuestos y tasas, busque incentivar la producción, la inversión y el empleo genuino.
Gobernar exige responsabilidad, transparencia y sensibilidad social. No se trata de recaudar a cualquier precio, sino de administrar con eficiencia los recursos que ya tiene el Estado y devolverlos en servicios de calidad, infraestructura y oportunidades reales para la gente.
Lo repito con convicción: ni hachazos, ni impuestazos, ni tarifazos. Córdoba merece una política económica distinta, que le devuelva esperanza a quienes trabajan y producen, en lugar de sumirlos en la frustración y la pobreza. Ese es el debate que tenemos que dar y esa es la transformación que los cordobeses reclaman.
