Cada vez que el cielo se cubre de nubes y las primeras gotas comienzan a caer, los cordobeses sabemos lo que nos espera: calles anegadas, vecinos atrapados, transporte público ausente y un riesgo constante para quienes deben desplazarse. La situación no es nueva ni impredecible. Es la consecuencia de años de desidia y falta de inversión en infraestructura pluvial durante la gestión de Martín Llaryora al frente de la Municipalidad de Córdoba.

Durante cuatro años, la administración municipal tuvo la posibilidad de ejecutar obras clave para mitigar las consecuencias de las lluvias en la ciudad, pero prefirió destinar el dinero de los vecinos a embellecimientos superficiales: macetas, flores, eventos y publicidad. Mientras tanto, los desagües colapsaban, los canales permanecían obstruidos y el mantenimiento de los conductos pluviales brillaba por su ausencia. Hoy, esa herencia pesa sobre la gestión de Daniel Passerini y, más grave aún, sobre cada cordobés que ve su casa invadida por el agua o que arriesga su vida para cruzar una calle convertida en un río improvisado.
La falta de previsión y planificación no es un problema menor. Cada inundación es una muestra tangible de la improvisación con la que se ha manejado la ciudad. No se trata de un fenómeno aislado ni de una circunstancia inevitable. Se trata de decisiones políticas que priorizaron la apariencia por sobre la funcionalidad, el marketing por sobre las soluciones reales. La seguridad y el bienestar de los vecinos quedaron relegados a un segundo plano mientras la gestión municipal se ocupaba de construir una imagen reluciente que hoy se desmorona con cada tormenta.
Pero el problema no se detiene en las fronteras de la ciudad. La misma ineficiencia que sufrimos en Córdoba se proyecta ahora a nivel provincial, donde Llaryora continúa su carrera política sin rendir cuentas por las falencias que dejó en su paso por la intendencia. Si en la capital aún padecemos su falta de previsión, ¿qué nos espera para el resto de la provincia bajo su mandato?
Los vecinos de Córdoba estamos cansados de pagar las consecuencias de una gestión que antepuso el espectáculo a la infraestructura, la propaganda a la planificación. No podemos seguir tolerando la negligencia como norma de gobierno. Es hora de exigir respuestas y soluciones concretas, porque cada día de lluvia nos recuerda que la ciudad sigue abandonada a su suerte.
Basta de improvisación. Basta de excusas. Córdoba necesita un gobierno que haga lo que debe hacerse y deje de lado la cosmética política que solo oculta la ineficiencia momentáneamente, hasta que la próxima tormenta la pone en evidencia una vez más.

