Bullrich presiona por la unidad opositora en Córdoba y expone las tensiones entre la UCR y los libertarios

La visita de Patricia Bullrich a la Bolsa de Comercio de Córdoba dejó algo más que definiciones ante el empresariado sobre la reforma laboral. Su paso por la provincia estuvo atravesado por un mensaje político directo: acelerar la construcción de una estrategia común entre la Unión Cívica Radical cordobesa y La Libertad Avanza para enfrentar a un peronismo que, según advirtió, “se está reorganizando a nivel nacional”.

Con un tono entre lo exhortativo y lo amistoso, Bullrich apuntó sin rodeos a Rodrigo de Loredo, presente en el auditorio. “No podemos dividirnos. Se lo digo a algunos amigos que están allá sentados. Radicales. No dividamos. Le tenemos que ganar acá a los muchachos”, lanzó, en lo que fue leído como un guiño explícito hacia el dirigente radical, pero también como una señal de presión para ordenar el tablero opositor en Córdoba.

La dirigente insistió en que el escenario político nacional obliga a dejar de lado disputas internas. “Se lo dijo Massot a Monzó: ‘Queremos reconstruir el peronismo’. También se lo dijo Pichetto a Cristina. Entonces, ese lado se está organizando. En este lado, ¿qué vamos a hacer? ¿Ir divididos?”, planteó. El diagnóstico es claro: mientras el peronismo busca recomponerse tras la derrota nacional, la oposición corre el riesgo de fragmentarse y perder competitividad electoral.

Sin embargo, la traducción de ese llamado a la unidad dista de ser lineal en Córdoba. Dentro de la UCR provincial persiste una tensión no resuelta: hay predisposición creciente a explorar un acuerdo con el espacio del presidente Javier Milei, pero no existe consenso sobre el liderazgo de ese eventual armado.

Tras la denominada “De Loredo Session”, distintos sectores internos dejaron trascender sus reparos a que el exdiputado encabece la candidatura en representación de los once núcleos partidarios. Las resistencias internas siguen siendo un obstáculo central para cualquier definición estratégica.

En paralelo, el propio De Loredo no oculta sus ambiciones. Impulsa su candidatura a la gobernación apoyado en una estructura que, asegura, cuenta con respaldo mayoritario dentro del partido. En ese marco, agitó la posibilidad de competir en una interna con Gabriel Bornoroni, principal referente libertario en la provincia.

La jugada generó incomodidad en La Libertad Avanza, donde buscan evitar tensiones prematuras. El propio Bornoroni optó por bajar el tono y fijar una posición más cauta: primero, el radicalismo debe resolver su interna; recién después, evaluar eventuales acuerdos.

En público, ambos espacios sostienen un discurso de coincidencias y diálogo. En privado, las dudas persisten. Desde el sector libertario deslizan que aún no hay una convicción firme para cerrar una alianza en Córdoba, lo que deja en evidencia que la construcción de un frente común está lejos de consolidarse.

Uno de los factores que alimenta la hipótesis de un entendimiento es el vínculo político entre De Loredo y Martín Menem, considerado el puente más sólido entre ambos espacios. A esto se suma el rol silencioso pero activo de Soledad Carrizo, quien desde su función en el gobierno nacional viene tejiendo relaciones con el universo libertario y captando dirigentes radicales dispuestos a dar el salto.

Este último movimiento no pasa desapercibido dentro del radicalismo cordobés. Si bien el oficialismo partidario cuestiona los acercamientos individuales hacia La Libertad Avanza, evita confrontar abiertamente con Carrizo. Ese silencio, señalan sectores internos, deja entrever una coordinación tácita que incomoda a los espacios más críticos.

En este contexto, la irrupción de Bullrich aparece como un intento de ordenar una escena política fragmentada. Su peso político y trayectoria generan respeto transversal, pero no alcanzan por sí solos para disciplinar a una UCR que conserva autonomía y lógica propia en Córdoba.

La eventual alianza entre radicales y libertarios, en definitiva, no depende únicamente de De Loredo ni de las señales discursivas. Requiere una decisión política concreta del espacio libertario de abrir el juego formalmente. Mientras tanto, los contactos existen, las conversaciones avanzan y crece una sospecha compartida en ambos campamentos: que la división actual podría ser apenas una estrategia transitoria, pensada para confluir más adelante, cuando la disputa electoral entre en su tramo decisivo.

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