UCR Córdoba: presión interna y disputa por el liderazgo de De Loredo

La tensión interna en la Unión Cívica Radical de Córdoba volvió a escalar y amenaza con abrir una nueva fase de confrontación política. Sectores opositores al liderazgo de Rodrigo de Loredo redoblan la presión para forzar la convocatoria a elecciones internas con fecha y cronograma definidos, al tiempo que cuestionan su pretensión de consolidarse como candidato “natural” a gobernador de cara a 2027.

El conflicto no es nuevo, pero adquiere volumen en un contexto atravesado por la fuga —todavía en goteo, pero persistente— de dirigentes hacia el espacio libertario referenciado en Javier Milei. En ese escenario, la disputa por el control partidario se mezcla con una discusión más profunda: el rumbo político del radicalismo cordobés y su capacidad de reconstruir identidad propia.

La interna como campo de batalla

Con Ramón Mestre como figura visible, la oposición interna busca articular una foto política amplia que reúna a distintos espacios —Confluencia, Identidad Radical, Córdoba Abierta y la Tercera Vía— con el objetivo de mostrar volumen y disputar la centralidad del deloredismo.

La jugada apunta directamente a erosionar la legitimidad del actual esquema de conducción. “¿Quién lo eligió candidato de la UCR?”, repiten en los sectores críticos, donde consideran que la falta de internas consolida un liderazgo sin validación orgánica.

Desde el mestrismo aseguran haber sido los únicos en formalizar el pedido de elecciones internas dentro del Comité Provincia, con planteos asentados en actas desde febrero y marzo. La exigencia es concreta: fijar de inmediato un calendario electoral que ordene la vida partidaria y despeje las dudas sobre la conducción.

Sin embargo, desde el oficialismo partidario —encabezado por Marcos Ferrer— la respuesta ha sido dilatoria. Aunque en algún momento se deslizó la posibilidad de votar el 7 de junio, la fecha quedó descartada y el argumento actual se apoya en los plazos formales: los mandatos vencen el 30 de septiembre y hay margen hasta el 30 de junio para convocar.

Esa postura alimenta las críticas opositoras, que denuncian parálisis y falta de debate interno. “Dicen que el Mundial no va a frenar la actividad del partido. ¿Cuál actividad?”, ironizan, apuntando a lo que consideran una estrategia de prórroga encubierta.

Judicialización: una amenaza latente

En este clima, la judicialización vuelve a aparecer como herramienta de presión. Sectores internos ya advierten que, de no haber convocatoria, el conflicto podría escalar a los tribunales. La advertencia no es menor: el antecedente de disputas partidarias dirimidas judicialmente en la UCR cordobesa marca que ese camino, lejos de ordenar, suele profundizar la fractura.

El espacio de la Tercera Vía —donde confluyen dirigentes como Dante Rossi y Juan Jure— también se sumó al reclamo. Desde Río Cuarto, el intendente Luis Quiroga fue categórico: “No hay excusas para dilatar. La conducción tiene que surgir del voto y no de acuerdos entre pocos”.

El mensaje apunta a una preocupación más amplia: la pérdida de protagonismo del radicalismo en el tablero político provincial. “Tiene que recuperar liderazgo y construir una alternativa propia”, insisten.

La fuga libertaria y la “doble vara”

El otro frente que tensiona al partido es la migración de dirigentes hacia La Libertad Avanza. Casos como los de Gabriel Abrile y Ana Laura Vasquetto, en Río Cuarto, tras mostrarse con el diputado libertario Gabriel Bornoroni, generaron malestar interno y reavivaron pedidos de sanciones.

Sin embargo, desde la conducción partidaria relativizan la situación y bajan el tono disciplinario. La titular del bloque radical en la Legislatura, Alejandra Ferrero, aclaró que no existen pedidos formales de expulsión contra dirigentes como Soledad Carrizo o Federico Zárate, y recordó que las sanciones corresponden al Tribunal de Disciplina, hoy inactivo.

Esa postura choca con sectores que reclaman mayor firmeza y denuncian una “doble vara” en el tratamiento de las inconductas. El antecedente de denuncias que no prosperaron contra figuras del propio deloredismo alimenta esa sospecha y profundiza la desconfianza interna.

Identidad en disputa

En paralelo, otros espacios internos intentan reordenar el debate desde lo ideológico. Sectores vinculados a históricos dirigentes como Carlos Becerra y Jorge Sappia plantearon la necesidad de “recuperar el partido” y tomar distancia tanto del ajuste nacional como del modelo provincial, en una crítica que, sin nombrarlos directamente, apunta tanto al gobierno de Milei como al peronismo cordobés.

El trasfondo es claro: la UCR cordobesa atraviesa una crisis de identidad, donde conviven sectores que promueven acuerdos pragmáticos con otros espacios de poder y otros que buscan reconstruir un perfil autónomo.

Un partido en tensión permanente

Con miras a 2027, el radicalismo provincial muestra señales de fragmentación creciente. La disputa por las internas no es solo un problema de calendario, sino la expresión de un conflicto más profundo por el liderazgo, la estrategia electoral y la identidad partidaria.

Si la oposición logra concretar una foto de unidad, el impacto político podría ser significativo y poner en jaque la conducción de De Loredo, que hoy retiene el control a través de su armado interno.

En juego no está únicamente la renovación de autoridades, sino la capacidad de la UCR de Córdoba para evitar una deriva que, entre la dispersión interna y la fuga de dirigentes, amenaza con vaciar de contenido a uno de los partidos históricos del sistema político argentino. El riesgo, advierten incluso puertas adentro, no es solo perder una interna: es llegar debilitados —o irrelevantes— a la próxima disputa por el poder.

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